En abril pasado, en las instalaciones de campo de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, nació un lechón. A simple vista no se diferencia de los otros del chiquero. Pero -si se analiza el genoma de este animal-, aparece una rara historia: se trata de la primera cerda clonada a partir de una línea celular modificada con la técnica de edición génica CRISPR-Cas9. Esta se usó para desactivarle tres genes. Este ejemplar clonado, que ahora crece bajo estricto control veterinario, es el primero en su tipo en nacer en un laboratorio de América Latina.
Y es especial porque su ADN modificado contiene tres cambios genéticos: un "triple knockout". O sea, su ADN fue diseñado específicamente para facilitar, en el futuro, el trasplante de órganos de cerdos a seres humanos enfermos.
En el mundo, solo Estados Unidos y China habían llegado antes a ese resultado.
El logro es obra de un consorcio integrado por la UBA, la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) y la startup CrofaBiotech, que combinó edición génica de precisión con una cirugía de transferencia embrionaria poco convencional. El objetivo de fondo no es menor: los xenotrasplantes
Esto es: el uso para trasplante de órganos o tejidos de una especie a otra. Se trata de un recurso que puede ayudar a solucionar el problema que ningún sistema de salud logró resolver del todo: la falta de órganos para donar.
Necesidad en Argentina
Algunos números ilustran la urgencia. Según el INCUCAI, más de 7 mil personas esperan hoy un trasplante en el país, mientras que en lo que va de 2026 apenas se realizaron unos 900. La tasa de donantes ronda los 9 por millón de habitantes, muy lejos de cubrir la demanda.

A escala global, la Organización Mundial de la Salud calcula que sólo un 10% de la necesidad mundial de órganos logra satisfacerse. El resto, en la mayoría de los casos, se traduce en años de espera o directamente en muertes evitables.
¿Por qué el cerdo?
No es casualidad que el candidato elegido sea, otra vez, el chancho. Su anatomía y fisiología guardan un parecido notable con la humana, y su ciclo reproductivo es rápido y con camadas numerosas. Esto lo vuelve más manejable que otros mamíferos para hacer estos experimentos. El obstáculo, sin embargo, es inmunológico: el cuerpo humano identifica al órgano porcino como un invasor y lo ataca en cuestión de minutos.
Ahí es donde apreció la ciencia. En este caso, el trabajo del doctor Adrián Mutto y su equipo, que lograron desactivar tres genes responsables de “gatillar” parte de esa respuesta inmune.
Xenotrasplantes: importante avance científico permite que riñones de cerdos funcionen en humanos
La UBA, por su parte, se ocupó de la etapa que va desde la implantación hasta el nacimiento: un rol que Marcelo Acerbo, veterinario especialista en reproducción porcina, resume como "el eslabón final del proyecto, pero también el inicio de la etapa de crianza de los lechones".
La técnica quirúrgica utilizada se aparta de la inseminación artificial tradicional. En lugar de esperar que los espermatozoides fecunden óvulos dentro del animal, los investigadores implantaron directamente embriones ya editados en laboratorio, hasta 120 por cirugía. Guadalupe Álvarez, especialista en cirugía de grandes animales, describió el método: acceden por la bolsa ovárica y enhebran el oviducto para depositar los embriones sin comprometer el útero con incisiones directas. El resultado fue una tasa de preñez sensiblemente alta, sostenida además por protocolos de anestesiología a cargo de Pablo Otero, diseñados para minimizar el impacto farmacológico sobre la cerda receptora.
Los próximos pasos
El equipo ya tiene dos cerdas preñadas con nuevos clones y proyecta sumar cinco ejemplares más antes de fin de junio. Pero el trabajo recién empieza: la etapa siguiente consiste en agregar genes humanos: lo que se conoce como "knock-in” para poder sumar varias (siete en concreto) modificaciones adicionales que hagan a los órganos porcinos aún más compatibles con el sistema inmune de las personas, en línea con lo ya logrado en Estados Unidos. Entre esas modificaciones figura el bloqueo de hormonas de crecimiento, necesario para que el hígado o el corazón del cerdo no superen el tamaño que puede alojar un cuerpo humano: en un ejemplar adulto de más de 200 kilos, esos órganos son sencillamente demasiado grandes.
La meta de más largo plazo es que, una vez estabilizadas las ediciones genéticas, ya no haga falta recurrir a la cirugía de transferencia embrionaria: los ejemplares clonados podrían cruzarse de manera natural y transmitir las modificaciones a su descendencia, dando origen a lo que Acerbo llama "un criadero bioseguro de órganos donantes". Antes de llegar a un quirófano humano, eso sí, deberá pasar por el filtro del INCUCAI, que tendrá que certificar mediante estudios preclínicos que estos órganos no desencadenan rechazo.

El financiamiento, previsiblemente, es el otro gran desafío. Ante la ausencia de fondos estatales para escalar el proyecto a nivel comercial, los investigadores de la UNSAM ya armaron una empresa de base tecnológica para captar inversión privada, mientras la UBA sostiene el capital humano, los quirófanos y las instalaciones de cría. Un esquema de colaboración público-privada que, más allá de cómo termine resolviéndose, ya deja a la Argentina en un club bastante reducido dentro de la medicina regenerativa mundial.
Quién está detrás del desarrollo
Crofabiotech es la startup de base tecnológica que impulsó el proyecto. Fundada en 2022 por tres profesionales de la UNSAM, integra edición génica, biotecnología reproductiva y gestión de negocios en un mismo equipo.
Sus fundadores: Adrián Mutto, investigador de la Escuela de Bio y Nanotecnologías (EByN) y especialista en reproducción y mejoramiento genético animal; Mariela Balbo, de la Escuela de Economía y Negocios (EEyN), a cargo de la estrategia comercial y financiera; y Adrián Abalovich, médico cirujano de la Escuela de Ciencia y Tecnología (ECyT), especializado en trasplantes.
Para Mutto, el hito "nos posiciona al mismo nivel que países como Estados Unidos, China y Alemania" en xenotrasplante. El próximo objetivo es completar la etapa preclínica y avanzar hacia ensayos en humanos, con la mira puesta en pacientes con insuficiencia renal terminal e insuficiencia cardíaca, y en reducir la dependencia argentina de tecnología extranjera en un área que consideran estratégica para el sistema de salud.
EG