El papel del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la renegociación de la deuda externa argentina con sus acreedores privados –por un monto de 66 mil millones de dólares- es importante y puede serlo aún más.
El 1ro de junio el FMI dio a conocer que consideraba la propuesta del gobierno a los bonistas del 26 de mayo –mejorada, en términos de valor presente neto (VPN), de 40% a 47% respecto a la oferta inicial del 21 de abril- sostenible y consistente con su Nota técnica del 20 de marzo. Al mismo tiempo, el FMI estimó que Argentina tiene poco margen para mejorar su oferta.
Mientras se aproxima el momento de las definiciones en la renegociación de la deuda con los acreedores privados, este nuevo gesto de apoyo a Argentina por el FMI confirma que la reestructuración de la deuda argentina es un “juego de tres” (Argentina, los acreedores privados y el propio FMI). Esto tiene al menos dos implicaciones.
La primera es que la perspectiva de un acuerdo exitoso sobre la deuda luce cada vez más cercana. Con estos pronunciamientos el FMI refuerza la credibilidad de la Argentina y, por lo tanto, podría permitir a los bonistas usar un “exit yield” un poco más bajo (actualmente lo estiman en 10%) para valorar la oferta argentina, lo cual puede aumentar su VPN (sabiendo que el acuerdo podría alcanzarse cuando ambas partes logren hacerlo converger hacia alrededor de 50%).
La segunda implicación es que cuando se aborde el tratamiento de los 44 mil millones de dólares que el país le adeuda en el marco del acuerdo de 2018, sería lógico que este FMI amistoso con Argentina –un hecho inédito en condiciones de crisis de la deuda soberana – considere que la tasa de interés que se aplique al país en el nuevo acuerdo debería ajustarse a la baja (actualmente está fijada en 4,5% anual) para, teniendo en cuenta los financiamientos Covid (tasa de interés anual de 1,5%), alinearse con la que se acuerde con los acreedores privados. Por ejemplo, una disminución de un punto de porcentaje de la tasa de interés en la deuda de 44 mil millones de dólares significaría un ahorro mensual promedio de alrededor de 250 millones de dólares durante un período de diez años. Una “señal” que vaya en este sentido, una verdadera “ayudita de mis amigos” –parafraseando la canción de Los Beatles que interpretó creativamente Joe Cocker- sería, obviamente, positiva.
El programa asociado al futuro acuerdo Argentina-FMI debería privilegiar un enfoque pragmático que deje atrás las tradicionales políticas restrictivas de austeridad para situar el progreso hacia los necesarios equilibrios macroeconómicos, presupuestarios y financieros
Asimismo, el programa asociado al futuro acuerdo Argentina-FMI debería privilegiar un enfoque pragmático que deje atrás las tradicionales políticas restrictivas de austeridad para situar el progreso hacia los necesarios equilibrios macroeconómicos, presupuestarios y financieros, en el marco de una trayectoria de crecimiento de largo plazo de la Argentina.
Tras la crisis financiera y económica abierta en 2008-2009 el caso de Grecia constituyó el ejemplo emblemático de los límites de las políticas de ajuste aplicadas por el FMI: tras casi una década de austeridad Grecia redujo sus déficits fiscal y externo pero perdió un cuarto de su PIB y tiene actualmente una deuda pública que representa 180% del PIB y un aparato productivo que sigue siendo poco diversificado y frágil. La normalización de las relaciones financieras internacionales de Argentina con la participación activa de un FMI renovado podría constituir el ejemplo paradigmático de un accionar que tome en cuenta las lecciones del pasado y la actual crisis sanitaria y económica global. Cuando crece el temor de un efecto dominó en materia de crisis de deuda soberana, desde instancias internacionales como por ejemplo el G20, en el que participan los principales países accionistas del FMI, debería promoverse esta perspectiva.
*Profesor de Economía en IHEAL-Universidad Sorbonne Nouvelle y Vice-presidente del Institut des Amériques de Francia.







