No tiene nada que ver que sea mayor el número de personas que nos acompañan con que la soledad baje”. La reflexión de Arde Bogotá permite entrar en el universo de Manufacturas del Club de la Gente Sola (MCGS), su tercer álbum. Presentado con una gira de salas en España, el trabajo reúne once canciones alrededor de una ficción, fabricar un corazón incapaz de sentir. En una entrevista por el lanzamiento, los músicos explicaron las preguntas personales que alimentaron esa historia.
El concepto comenzó a tomar forma mientras componían las primeras canciones. “Nos damos cuenta de que empieza a haber como un concepto común que trata sobre el hecho de construirse un corazón”, contaron. Esa coincidencia abrió un camino narrativo: imaginar un artefacto que ofreciera protección frente al dolor y desarrollar los pasos necesarios para construirlo. Cada tema fue incorporando una situación, un personaje o una nueva perspectiva sobre ese propósito.
Sin embargo, la búsqueda de insensibilidad terminó por conducirlos hacia una aceptación de las emociones. “Es bueno sentir, no es malo que algo te duela aquí, es algo normal que algo te sacuda en el pecho”, expresaron. El disco recorre esa tensión entre querer evitar una herida y reconocer lo que revela. La idea del club aparece cuando descubren que incluso una experiencia íntima como la soledad puede compartirse.
La soledad después del escenario
El planteo tiene una raíz en lo que vivieron durante el crecimiento de la banda. Llegar a más personas, escuchar sus canciones desde el público y recibir muestras de afecto no impidió que aparecieran momentos de aislamiento. “Todo este tiempo nosotros hemos encontrado como nuevos significados de la soledad y del acompañamiento”, señalaron. En ese proceso, identificaron a sus parejas, sus familias, sus amigos y al propio grupo como vínculos esenciales.
La pandemia también los llevó a revisar qué significa estar solos y cuánto desean o pueden sostener esa situación. Sus respuestas no reducen la soledad a una experiencia negativa: “No siempre hay que luchar contra la soledad, la soledad es maravillosa para conocerse a uno mismo y saber qué quiere y qué no quiere”. Esa ambivalencia atraviesa el álbum y permite que la necesidad de compañía conviva con el valor del espacio personal.
Integrado por Antonio García, Dani Sánchez, José Ángel Mercader y Pepe Esteban, el grupo de Cartagena grabó el trabajo en los EastWest Studios de Los Ángeles, con la producción de Joe Chiccarelli. Según la información de lanzamiento, las canciones surgieron de una extensa etapa de composición, experimentación y ensayos. El resultado amplía los recursos musicales de una discografía que incluye La noche y Cowboys de la A3.
Once canciones para recorrer las emociones
La apertura con “Instrucciones” introduce el mecanismo que organiza la historia, mientras “Señor Herrero” presenta al constructor de un corazón que no siente. La gacetilla describe también distintos caminos musicales: el riff y el rock stoner de “Hervidero”, los elementos de funk de “Club de la gente sola” y los vientos de pasodoble de “Judas”. Las canciones comparten un concepto, aunque recurren a lenguajes diferentes para desarrollarlo.
Esa diversidad continúa con la instrumentación acústica de “Asidero”, el comienzo electrónico de “Antifiesta” y las referencias al flamenco y al góspel de “Sacude”, que cierra el disco. Los arreglos incorporan, además, elementos vinculados con las marchas de Semana Santa y otras músicas cercanas a su lugar de origen. Esas referencias se integran a la búsqueda que los músicos desarrollaron durante la grabación en Los Ángeles.
Al repasar su recorrido, uno de los integrantes recordó un concierto en Valencia ante unas 800 personas como una señal del cambio que atravesaban. La sorpresa estuvo en comprobar que quienes habían ido a verlos conocían las canciones. “Fue la primera vez que sentí: ‘Hostia, me está pasando algo que es serio’”, contó. La escena quedó asociada al momento en que el proyecto empezó a adquirir una dimensión que podían reconocer desde el escenario.
Las guitarras, el público argentino y nuevos sueños
La conversación sobre ese crecimiento derivó en la relación de las nuevas generaciones con el rock. “Hay distintas maneras de entender la rebeldía”, sostuvieron, al reconocer también su presencia en la música urbana y en ciertas expresiones del reguetón. Para el grupo, el contexto actual ayuda a explicar una conexión renovada con las guitarras: “Creo que ahora mucha gente necesita ese espíritu de rebeldía para enviar un mensaje”.
De la Argentina conservan el recuerdo de un público enérgico y cercano, además de las invitaciones a compartir un asado. “Cuando hemos dado conciertos en Argentina, los que han venido han sido muy vivos, enérgicos con nosotros”, expresaron. Aunque manifestaron su deseo de regresar, no anunciaron una fecha local. La presentación del álbum tiene como recorrido confirmado Hervideros Gira Vibra Mahou, con diez conciertos de aforo limitado en España, cuyas entradas, según la gacetilla, se agotaron en tres horas.
Volver a esos espacios responde también a una nueva manera de imaginar el futuro de Arde Bogotá. “A lo mejor hace años soñábamos con cosas muy grandes y una vez haces las cosas grandes puedes permitirte soñar con hacer cosas pequeñas otra vez”, reflexionaron. La cercanía con el público se convierte así en un objetivo elegido después del crecimiento. “Lo bueno de esta banda es que te permite redefinir el concepto de soñar”, concluyeron.








