El curso del río Paraná volvió a convertirse en escenario de máxima preocupación para navegantes luego de que la creciente caudal desprendiera de sus amarras al imponente casco del Uroz-Z, popularmente conocido como el "barco fantasma".
La gigantesca estructura de hierro navegó sin control y sin ningún tipo de señalización luminosa en las aguas territoriales de la región. El hecho quedó al descubierto tras ser captado en videos por pescadores y difundirse por las redes sociales.
La fuerza de la corriente generada por el incremento del nivel hídrico logró romper los cabos que sujetaban la estructura de la nave a la costa. El fenómeno provocó que el buque fuera arrastrado a la deriva a lo largo del cauce principal, generando una amenaza latente para las embarcaciones comerciales y deportivas de la zona.
La embarcación mide 107 metros de eslora, 14,5 de manga y 6,70 metros de alto. Por sus dimensiones masivas, cualquier contacto inadvertido contra ese gigante de acero representa un riesgo de colisión de extrema gravedad.
Un reporte del medio DataChaco detalló que el casco permaneció amarrado durante décadas en el predio del Astillero Corrientes. Ante la potente crecida registrada a mediados de octubre generó la primera soltura de sus amarras y lo desplazó dos kilómetros aguas abajo hasta dejarlo encallado frente a la costa.
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Por su parte, el medio enterriano Elonce reportó que fenómenos similares afectaron a otras estructuras en distintos tramos del río. En la zona del Puerto Curtiembre, una pescador registró las imágenes de una antigua chata granelera semihundida que flotaba a la deriva en la masa de agua.
De acuerdo con los registros, en enero de 2018 una creciente de proporciones similares ya había desprendido al Uroz-Z de sus amarras. En aquella ocasión recorrió casi 58 kilómetros a la deriva antes de quedar varado sobre la costa.
La historia del Uroz-Z se remonta al inicio de la década de 1990, época en la que comenzó a ser diseñado como un avanzado buque tanque químico provisto de bodegas de acero inoxidable. No obstante, la quiebra de la empresa encargada de financiar la obra dejó al proyecto paralizado a mitad de camino.
Tras la quiebra, el Estado tomó la custodia del armazón inconcluso y, a pesar de que en en el año 2000 se rubricaron resoluciones administrativas con la promesa de retirarlo del lugar de amarre, la medidas nunca se ejecutaron. El caso permaneció a la intemperie acumulando décadas de abandono.









