La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió este miércoles 21 de octubre que el actual episodio de El Niño podría alcanzar una intensidad sin precedentes y pidió una respuesta internacional anticipada para reducir sus consecuencias humanitarias. El llamado fue presentado en Ginebra por la argentina Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), junto con Tom Fletcher, responsable de las operaciones humanitarias del organismo.
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La nueva evaluación climática prevé que la temperatura superficial del mar en una región de referencia del Pacífico ecuatorial alcance una anomalía de aproximadamente 3,8 °C por encima de la media entre noviembre de 2026 y enero de 2027, con un pico alrededor de diciembre. Se trata de una proyección sobre el océano en esa zona específica: no significa que la temperatura de todo el planeta vaya a aumentar 3,8 °C.
El principal motivo de preocupación es la capacidad de este fenómeno para alterar las precipitaciones y las temperaturas en distintas regiones del mundo. Mientras algunas áreas pueden enfrentar lluvias intensas e inundaciones, otras quedan expuestas a sequías y calor extremo, con consecuencias sobre la producción de alimentos, el abastecimiento de agua y las condiciones de vida.
Por qué la ONU advierte sobre un El Niño “sin precedentes”
Durante la presentación, Saulo señaló que la intensidad proyectada podría superar las escalas de seguimiento utilizadas durante las últimas cuatro décadas. La funcionaria explicó que, en episodios anteriores particularmente fuertes, se habían observado anomalías cercanas a los tres grados, ya asociadas con repercusiones importantes a escala mundial.
La actualización estacional de la OMM sitúa la proyección de +3,8 °C en la región Niño 3.4, utilizada para vigilar la evolución del fenómeno. El informe reúne pronósticos de diferentes modelos y señala que sus resultados presentan una dispersión relativamente reducida, lo que respalda la confianza en la tendencia prevista. Aun así, el valor corresponde a un pronóstico, no a un récord ya medido para ese trimestre.
El momento de mayor intensidad tampoco marcaría el final de sus efectos. Según la advertencia de la OMM, las repercusiones pueden continuar después del pico esperado hacia fines de 2026, por lo que la preparación debe contemplar un período más amplio que los meses de máximo calentamiento del Pacífico.
Qué regiones están más expuestas a sequías e inundaciones
Fletcher alertó sobre posibles consecuencias humanitarias considerables en América Latina, África oriental y austral, Asia y el Pacífico. También advirtió que los daños sobre las economías y los medios de subsistencia pueden agravar situaciones de conflicto, desplazamiento y migración.
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Los riesgos varían según la región. La OMM prevé una mayor probabilidad de condiciones húmedas en partes de África oriental durante la temporada de lluvias de octubre a diciembre, con preocupación por inundaciones. En África austral, en cambio, señala riesgos de condiciones más secas desde noviembre que podrían afectar los cultivos y la disponibilidad de agua. Para el sudeste asiático, advierte sobre temperaturas elevadas y déficits de precipitaciones.
En América, el panorama también presenta diferencias. El organismo identifica riesgos de sequía en sectores de América Central, el sur del Caribe y la Amazonia, junto con perspectivas de mayores precipitaciones en otras áreas del continente. La OMM aclara que estos son escenarios estacionales: para determinar dónde y cuándo actuar se necesitan pronósticos regionales y nacionales.
Más de 50 millones de dólares para anticipar la asistencia
Ante ese escenario, Fletcher anunció la movilización de más de 50 millones de dólares mediante el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia de Naciones Unidas. Los recursos están destinados a once países considerados en primera línea frente a los impactos, entre ellos Chad, El Salvador, Etiopía, Somalia y Sudán del Sur.
El responsable humanitario también reclamó a los gobiernos, los bancos de desarrollo y las instituciones financieras que habiliten recursos antes de que se produzcan los daños. El objetivo es que las comunidades cuenten con suministros y herramientas de protección mientras todavía existe margen para prepararse.
Las prioridades mencionadas incluyen fondos y provisiones para Somalia, Etiopía y Kenia antes de las lluvias intensas; apoyo con semillas y ganado en el sur de África dentro de los plazos agrícolas; y asistencia inmediata para preservar los medios de subsistencia en América Central. En Asia y el Pacífico, el llamado apunta a reforzar la preparación frente a sequías, inundaciones y ciclones.
Qué es El Niño y cómo se relaciona con el cambio climático
El Niño es un fenómeno climático natural que se presenta, de manera irregular, cada dos a siete años. Está asociado con el calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental y con cambios en la circulación atmosférica, capaces de modificar los patrones de lluvias y temperaturas a grandes distancias.
El episodio se desarrolla en un planeta que ya atraviesa un calentamiento provocado por las actividades humanas. La coexistencia de ambos procesos aumenta la preocupación por los fenómenos extremos, aunque El Niño y el cambio climático son procesos diferentes y no deben utilizarse como sinónimos.
La OMM subraya, además, que la intensidad del calentamiento del Pacífico no permite determinar por sí sola la gravedad de los impactos en cada país. También influyen otros factores climáticos, entre ellos las condiciones de los océanos Índico y Atlántico. Por eso, una señal global excepcional no implica consecuencias idénticas en todas las regiones.
La advertencia de Naciones Unidas pone el foco en aprovechar los pronósticos para organizar la respuesta antes de la emergencia. La preparación, las alertas tempranas y el financiamiento anticipado pueden reducir la exposición de las comunidades más vulnerables y evitar que los extremos meteorológicos se conviertan en crisis humanitarias de mayor alcance.






