Quien posee la magia de unir a Leopoldo Lugones con Tita Merello, a Marcelo T. de Alvear con los Sofovich, a dos mujeres dispares llamadas Regina, a un militar ilustre y a un asesino por inconveniencia?
Esto y mucho mas aconteció en lo que hoy llamo mi descabellada esquina porteña.
Hace muchos años la esquina fue otra, alemana y gótica por nacimiento, significó astilla de madera o hueso cortado, afilado y, como a casi todos nos pasa, involuntariamente degeneró en algo distinto.
Ya adulta (adulta por recorrida) hace referencia a una punta o ángulo donde se unen dos superficies y supongo que así quedará para siempre.
En ciertos momentos congelo a Buenos Aires imaginada en una esquina: un aleph barrial reducido por el amparo con dotes de madriguera. Una punta atiborrada, unión de dos nombres con resabios de batalla y patria.
La esquina queda convertida en un vértice que por medio de la palabra enhebro con historias dispares; algunas repetidas, otras secretas, otras ocultas.
Secretas conozco varias, ocultas, por el momento, solo las mías.
El pasado no siempre condena: de centro clandestino derivó luego a barrio elegante, ahora ….
Sucedió en su origen que la ciudad dio a luz las esquinas, las fue configurando a medida que Buenos Aires avanzaba sobre los terrenos surcados por caminos de tierra. Las grandes extensiones se loteaban y así las quintas periféricas quedaron convertidas en parte urbana.
Al tiempo que desaparecieron huertas, pasturas, árboles y jardines, surgieron edificios, calles, empedrado y finalmente el pavimento.
La cuidad ávida de progreso devoró los verdes del paisaje.
Esquina bien porteña la del Palacio Pizzurno a la izquierda y la Plaza Rodríguez Peña, diseñada por Thays, a la derecha. Durante la colonia y por un breve período del siglo XIX fue parte de la espléndida casa de la familia que legó su nombre a la plaza.
Esta esquina “Recoleta” fue hace más de dos siglos parte de la quinta rural donde se discutió y organizó el secreto mejor guardado: el destino político del país. El desafío de lo clandestino tuvo como objetivo derrocar el poder político del Virreinato.
Los invitados del dueño Nicolás Rodríguez Peña, sus amigos “conspiradores”, ostentaban apellidos relevantes para lo que luego sería la Revolución de Mayo, Castelli, Belgrano entre otros.
Historias políticas, historias secretas, aciertos y desgracias conforman la madeja de un tejido social teñido con las características de cada época.
Supo haber también un disparo en la noche: quiso la mala suerte que otro propietario con un mismo apellido Rodríguez, escuchando ruidos dentro de su propiedad disparase a un bulto que resultó ser su amigo y vecino; tiempo después intentó expurgar el mortal error edificando una capilla en su nombre.
Quiso la vida entreverar amores clandestinos, amores frustrados, otros corrientes y alguno otro con especial desmesura operística.
De los primeros se hizo cargo Leopoldo Lugones, quien desafió sus propias normas enamorando a una jovencita que lo visitó cuando dirigía la Biblioteca del Palacio Pizzurno pidiendo un ejemplar de Lunario Sentimental para utilizarlo en su tesis. Ese amor secreto (duro 6 años) culminó con un brebaje de cianuro y whisky al ser descubierto por el otro Lugones, el hijo del poeta, que descreyó del poder de las palabras e inventó la picana eléctrica, con la cual, años más tarde, sería torturada su hija, víctima de la dictadura.
En esa misma esquina Tita “se dice de mi” Merelo, compartió parte de su vida con una silla cuyo destinatario nunca ocupó; su antiguo amor Luis Sandrini había decidido apoyar su sentadera en otros lares.
Una de las Reginas, la Sofovich, crió a sus hijos Hugo y Gerardo viéndolos jugar en la Plaza Rodríguez Peńa, la otra cedió a los embates amorosos de su perseverante admirador Marcelo T. De Alvear en el momento en que este decidió jugar su última carta. Cuando la prima donna salió a cantar, el único espectador, ramo de rosas en mano, había comprado todas las entradas. Ese día Regina Paccini cantó sólo para él y así lo hizo por el resto de su vida.
¿Cuántas esquinas se pueden habitar o caminar en una vida?"
Las esquinas también pueden ser obstinadas, manteniéndose fieles al espíritu del barrio, como las que rodean al Jockey club o díscolas e influenciables como las que cambian por modas, crisis o hasta variaciones estacionales.
En esta, mi esquina contemporánea, lo clandestino es un simulacro que se muestra, mucha media negra de red con guantes igual o más agujereados aun, arneses, cruces y arañas plateadas colgando, mini minifaldas recortando muslos robustos, pelos de colores (rosa y verde los preferidos), mucho tatuaje y mucho piercing con sus negocios ad hoc.
Brazos y piernas cuentan historias llenas de tigres, símbolos budistas, o cábalas futboleras, letras, números, nombres, todo sirve y todo también se perfora, nariz, orejas, labios, pezones, ombligos. Me pregunto ¿cómo envejecerán eso cuerpos? Lo que imagino, aterra.
Las tribus urbanas, lo gótico, conviven con la vidriera “chicquitérrima” del fashion-local de Gino Bogani y con tumultos de adolescentes salidos de los colegios fumando, vapeando y “farmeando aura”.
Por las noches algunos ruidos interrumpen mi sueño. Alguien grita. Es un voz de mujer que imagino en peligro o desaforada, me asomo, los plátanos en todo su esplendor alérgico me impiden ver la calle, espero. La voz se diluye por el tronar de una cumbia villera que sale, rabiosa, por la ventanilla de algún auto. Vuelvo a la cama, intento dormir. Alguien revuelve el container, ¿que busca? refugio, comida, da igual ambas duelen, despabilan.
Pienso en los los personajes que habitaron y habitamos la esquina.
Los tiempos fueron distintos, no nos conocimos pero los últimos seguro supimos de los primeros. Todos desearon, sufrieron, festejaron, pisaron las mismas baldosas, se cobijaron a la sombra de los mismos árboles. Todos juntos enredados e hilvanados por mi historia habitan una esquina a la que sigo llamando mía.
Antes de cerrar los ojos me pregunto ¿Cuántas esquinas se pueden habitar o caminar en una vida? ¿Podemos con facilidad doblar y transitar otra calle que marque un rumbo, no solo distinto sino opuesto? Apuremos el paso antes de que todo se diluya.
En la vida solo es cuestión de animarse.
Pienso en Lugones : “Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer ruido”








