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COLUMNISTAS / aborto
sábado 14 abril, 2018

Vivir y dejar vivir

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Graciela Cian*

No es fácil encontrar puntos de encuentro cuando existen intereses tan opuestos.Ni todo blanco, ni todo negro. Gris. El equilibrio de fuerzas de toda contienda intenta amalgamarse y ubicarse en un matiz intermedio, aquel que proporciona el juego de luces y sombras en cada historia de vida humana.
La sociedad argentina se encuentra en un punto de inflexión: debate la posibilidad de legalizar el aborto. En este caso no cabe el gris, no existe opción, porque se debate vida humana. No queda otra que decidir cuidarla, protegerla, potenciarla. Porque cada vida es una obra de arte, cada vida es valiosa por sí misma.
Duelen las estadísticas, las especulativas y las reales. Duele la ignorancia, más duele la mentira, el engaño, el rechazo de la verdad. Duele la falta de estrategias y la desidia para encontrar soluciones que aligeren las cargas angustiantes de tantas mujeres abandonadas a su suerte. Duele el silencio de los inocentes condenados antes de empezar a pintar su libro de la vida. Duele el hombre, víctima del mismo hombre.
La vida misma nos desafía y nos interpela: ¿cuál es tu convicción? ¿Es la vida de uno en favor del otro? ¿O es toda vida? Resulta paradójico que mientras en muchos países del mundo se esté eliminando la pena de muerte, simultáneamente se exija la legalización del martirio de los inocentes. La contradicción está llevando al hombre a ser, tristemente, verdugo de sí mismo.
Es hora de definir, sin dilaciones y con determinación, qué pretendemos como sociedad. ¿El progreso es antagónico con la defensa de la vida? Hay que legislar, y urge hacerlo en el marco establecido por los valores enunciados en nuestra Carta Magna. Está en juego nuestra credibilidad de Estado comprometido a defender la vida humana desde su origen hasta la muerte natural. La puja de sectores opuestos en esta contienda no debiera ofuscar la razón de nuestros representantes, haciéndolos caer en la trampa reduccionista de ganar votos a favor o en contra de una ley. No son los buenos de un lado ni los malos por el otro, es sabido que todos buscan hacer valer su interés en el recinto. Mas, no olviden nuestros parlamentarios que, en esta discusión, como en todas, deben prevalecer el bien y la verdad, ya que los destinos de la Nación y la honorabilidad del Palacio Legislativo deben garantizarse por determinaciones fundamentadas con nobleza y ecuanimidad.
Pareciera que en este debate alcanzar el consenso que satisfaga a todos los sectores de la sociedad y redunde en beneficio del bien común es tarea inasequible. ¿Qué hacer? ¿Cómo encontrar el punto de encuentro entre posiciones e intereses tan contrapuestos? ¿Es posible, sin que debamos soportar mayor desunión, e incluso nuevas formas de hostilidad y desprecio entre ciudadanos que piensan diferente?
No es tarea sencilla ponerse en el lugar del otro. Conciliar y consensuar también es un arte, y se plasma con éxito en el ejercicio de actitudes virtuosas: en el diálogo respetuoso; en la firme búsqueda de la verdad, desideologizada y despojada de intereses particulares; en el interés real de aportar al bien común; en el trabajo denodado por mantener la paz social, de manera que los logros que se alcancen no sean motivo de nuevos conflictos.
Defender la vida, naciente o en pleno desarrollo, es tarea de todos. Por eso nos involucra, nos llama a ser responsables con las generaciones futuras y a dejar huellas que enaltezcan a nuestra propia generación. Es momento de jugarse, es momento de definir con sinceridad cuáles son nuestros valores, y los que pretendemos que destaquen a nuestra nación. Los argumentos que validen la sanción de una nueva ley como la que se está tratando en este momento deberán contemplar la protección integral de toda vida en riesgo, incluida la de los niños por nacer porque de no ser tenidos en cuenta se hacen sujetos pasibles de condena a muerte. Entrarían así en el rango discriminatorio de personas “de segunda”, ya que no les asistiría siquiera el primario y elemental derecho a la vida.

*Orientadora familiar y profesora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.


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