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CóRDOBA / ADELANTO EDITORIAL
domingo 29 julio, 2018

Mariani: “Siempre me planteé si es correcto entrevistar a un represor”

La periodista Ana Mariani entrevistó a Graciela Antón, quién lleva ocho años en Bouwer condenada por abusos, torturas y desapariciones. A partir de esas conversaciones en la cárcel escribió un libro.

por Guillermina Delupi

ANA MARIANI. La periodista se reunió varias veces en la cárcel con Graciela Anton, quién se declara inocente. Foto: Fino Pizarro

Ana Mariani es autora de La vida por delante, la tragedia de los chicos del Manuel Belgrano y co-autora de La Perla: historia y testimonios de un campo de concentración. Nació en La Pampa, trabajó para Seix Barral en Barcelona y formó parte de los diarios Córdoba, Tiempo de Córdoba y La Voz del Interior. En 2016 mantuvo seis encuentros con Graciela “La Cuca” Antón -una mujer policía que a los 20 años ya cumplía funciones en la D2- y que verán la luz en agosto, de la mano de la Editorial Aguilar.
 
—¿Cómo se interesa el grupo editorial Random House en esta historia?
—Yo había editado con Aguilar La Perla... y les mandé un brief para contarles que estaba trabajando en este nuevo libro y les interesó mucho el personaje, por lo que dijeron que sí enseguida.

—¿Cómo fue la aproximación con Graciela Antón?
—Me había presentado con el abogado de ella, le dije que era co-autora de “La Perla...” junto con Alejo Gómez y que estaba interesada en policías mujeres que hubieran actuado en la década del 70.

—¿Ella accedió desde un principio?
—No, primero mandó a decir que no quería ver más a periodistas. Yo venía de cubrir casi cuatro años la megacausa La Perla, que fue el juicio más grande que se hizo en Córdoba y me había impactado que ella fuese la única mujer entre 50 represores, por lo cual empecé a investigar, a buscar casos, no solamente de Argentina sino de otros países de Latinoamérica. Yo tenía una lectura de mujeres nazis -que las hubo y muchas-, algunas fueron ahorcadas, otras sentenciadas a cadena perpetua pero en América latina no encontré ninguna, que tuviera las características de ella. Sí en Chile y en Uruguay pero...

—... no están presas.
—En Chile sí, había una mujer a la que le decían “la mujer de los perros” (entrenaba perros para torturar) y murió. Una periodista hizo su historia, que se llama justamente La mujer de los perros. En mi libro está la referencia. Pero realmente no encontré nada porque tampoco ha habido juicios por crímenes de lesa humanidad de la envergadura que hubo aquí. Acá, solo ella y una mujer que fue sentenciada en Santa Fe a 25 años de prisión (también mencionada en el libro). Pero a cadena perpetua, ninguna.

—¿Cómo lograste que te recibiera?
—El día anterior a la última palabra de los represores me contactó el abogado y me dijo: “Bueno Ana, ahora sí dice que te quiere ver”.

—¿Sabés qué la hizo cambiar de opinión?
—No... no. Ese día había muchísima gente, me hicieron entrar a la sala donde estaban ellos, con los familiares. Allí hice la primera entrevista, en Tribunales. Pudimos hablar poco porque era un día muy delicado. Faltaban pocos días para las sentencias. Además, todos esperaban sentencias duras, como las que hubo. Le pregunté sobre su actuación en el D2, me dijo que era inocente, siempre dijo que no había cometido las imputaciones que le habían hecho. Que jamás había manejado un arma, lo cual era muy raro porque ella era policía. Y quedamos en que nos encontraríamos en Bouwer. Entrar a una cárcel es muy fuerte, las cosas que ves a tu alrededor son bastante tremendas: una madre a la que le llevan sus dos hijitos para que jueguen con ella, cosas descorazonadoras; yo las cuento en el libro. En nuestro oficio tenemos que enfocarnos en lo que hay que hacer, pero eso no dejó de impactarme. Yo tenía la misión de tratar de ver qué había pasado con esta mujer para que llegara a ser la persona en la que se transformó. Me contó muchas cosas de su historia. Y en el libro está confrontada su historia con la historia de las víctimas que se salvaron en sus torturas; que son en general mujeres, pero también hay tres hombres que hablan. Siempre fui a verla pensando que iba a ser la última vez, por sus características y porque quizás ella empezara a investigar quién era yo y los trabajos que había hecho.

—¿Ella sabía de tus libros anteriores?
—No, me presenté como periodista de Derechos Humanos. Supuse que la primera negativa fue porque me había investigado; además ella pertenecía a Investigaciones. Pero siempre me quedará la duda si ella supo desde el principio quién era yo.

—Antón sostiene que todos los abusos fueron cometidos por el esposo...
—Claro, dice que fue rehén en el juicio y que era el marido (Raúl Buceta, alias “Sérpico”, fallecido) el que tendría que haber estado sentado en su lugar.

—¿Cuál fue tu impresión de ella a partir de los diálogos que mantuvieron?
—Ella siempre se quiso presentar como una persona muy agradable y muy atenta conmigo, pero cuando empezaba a preguntarle sobre determinadas muertes o personas que ella torturó, ahí se empezaba a transfigurar...

—¿Y respondía o evadía?
—En general evadía. Por eso el libro está contrastado con el testimonio de los testigos, porque yo le preguntaba puntualmente sobre algunos casos y ella me decía: “No, él no pasó por allí”. O le decía que en el D2 se torturaba y ella respondía: “No, en el D2 no se torturó nunca”.

—Esos casos puntuales por lo que le preguntabas eran víctimas que ya habías entrevistado...
—En algunos casos sí, en otros eran asesinatos o torturas en los que ella estuvo implicada. Pero las negó siempre. Incluso dice cosas que evidentemente no son así. Por eso es importante la confrontación con los casos o con su legajo en el libro.

—Vos venías de hacer trabajos con testimonios con víctimas (La Perla, familiares del caso en el Manuel Belgrano), ¿Cómo fue entrevistar a un represor?
—Yo traté de pensar, desde el momento que entré a hablar con ella, que era cualquier persona a la que yo podía entrevistar, porque si no me cubría de alguna manera iba a ser muy difícil trabajar; tal vez ella podría negarse a seguir viéndome. Pero la subjetividad de uno no se puede apartar, en muchas oportunidades me costaba. Es muy difícil, pero cuando el deseo y la pasión te impulsan a querer llegar a un fin, tenés que tratar de mantenerte al margen; aunque yo salía de ahí y para mí cada lunes era un día negro. 
Yo iba escribiendo a medida que iba investigando. En los casi cuatro años que duró la Megacausa, escribía cómo la veía, cómo se comportaba. Fue muy doloroso, muy difícil, tuve mis contradicciones porque obviamente ante estos personajes tenés que tener contradicciones. Siempre me planteé si era correcto o no entrevistar a un represor y después de pensarlo mucho y de leer el libro Cachorro, de Camilo Ratti pensé que sí, que había que hacerlo para que la gente se entere quiénes fueron. Más allá de los testimonios creo que lo importante era que ella hablara.

—La última vez que la viste, ¿sabías que ese sería el último encuentro?
—Desde que entré me di cuenta que algo había pasado, estaba más seria que de costumbre, incluso se sentó muy lejos. Me dijo que sus hijos me habían buscado en la web y que estábamos en veredas diferentes.

— ¿Y qué le respondiste?
—Le dije que yo siempre me había ocupado de los Derechos Humanos y que si ella se sentía incómoda yo podía retirarme. Me respondió que no era necesario, que podíamos pensar distinto y seguir hablando. Ese fue el día -que yo siempre pensé que podía llegar- en el que le pregunté absolutamente todo: sobre los asesinatos, las muertes. Fue la entrevista más tremenda que tuvimos. Cuando nos despedimos le volví a decir que si se sentía incómoda podíamos dejar las visitas y ella insistió en que pensar distinto no significaba no poder seguir hablando. Esa fue la última vez que me recibió.

—¿Le mandaste el libro?
—No. Pero probablemente se lo haga llegar luego de la presentación.


 

Para leer entre líneas
Ana Mariani sostiene que éste es un libro para leer entre líneas, para sacar conclusiones a partir de lo que Graciela Antón va contando y de lo que van contando los testigos. “En el prólogo, Ludmila da Silva Catela -la primera directora del Archivo Provincial de la Memoria- dice algo interesante: ‘El gran desafío que estas páginas presentan para nosotros como lectores es poder volver a preguntarnos cómo fue posible; leerla sin duda nos acerca a algunas respuestas y espacios de comprensión sobre la tragedia que nos atravesó y atraviesa como sociedad’. Y a mí me parece interesante porque en realidad todavía nos sigue atravesando, ¿no?

Entonces, aunque ella se muestra inocente, los testigos echan por tierra eso”. Mariani señala que desde el rol del periodismo lo importante es no juzgar o influir sobre el lector: “Debemos mantenernos alejados en el sentido de no apresurarnos a decir lo que pensamos en determinado momento, porque a lo mejor nos equivocamos o es solo una impresión nuestra. Yo prefiero dejarle esa impresión al lector, que sea él quien saque las conclusiones a partir del libro.

No creo que tengamos que ser nosotros en nuestro oficio quienes las saquemos, aunque consideremos que estamos ante personajes siniestros. Primero porque los juzgó la Justicia y eso es fundamental. Y en segundo lugar porque los libros o las notas son más fuertes cuando el periodista se queda fuera, no trata ni de influenciarlo ni de sacar conclusiones apresuradas”, finaliza.-


PRESENTACION:
La Cuca se presenta este viernes 3 de agosto a las 17:30, en la sala Regino Maders de la Legislatura de Córdoba.

 

 


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