La NASA ya tiene nombres propios para el próximo gran salto de su programa Artemis: Reid Wiseman (comandante), Victor Glover (piloto), Christina Koch y Jeremy Hansen (especialistas de misión) integran la tripulación de Artemis II, el primer vuelo tripulado hacia la Luna desde la era Apolo.
La NASA realizará un simulacro para su próximo viaje a la Luna a través de la misión Artemis II
El plan —tal como lo describen la agencia y la cobertura de medios estadounidenses— no es un alunizaje: será un viaje de alrededor de diez días para probar en condiciones reales la nave Orion y el cohete SLS, con una trayectoria de ida y vuelta que bordeará la Luna y regresará a la Tierra.
A comienzos de febrero de 2026, la cuenta regresiva sumó un giro: la NASA informó que, tras pruebas de carga de combustible, apunta a una oportunidad de lanzamiento en marzo como “la más temprana posible”, un ajuste también reportado por Reuters.
Con esa ventana en la mira, el foco vuelve a la tripulación: cuatro perfiles distintos que condensan décadas de experiencia en operaciones espaciales, aviación militar, ingeniería y trabajo en equipo en entornos extremos.
Artemis II: la misión que reabre el camino lunar
Artemis II es, en la práctica, un examen general en “espacio profundo”: navegación, comunicaciones, soporte vital y procedimientos de emergencia lejos de la órbita baja, antes de avanzar hacia misiones más complejas del programa.
La misión también es una postal política y tecnológica: un regreso tripulado a la Luna con una tripulación que incluye a la primera mujer y a la primera persona canadiense asignadas a un vuelo lunar de este tipo, además de un piloto que se convertiría en el primer afroamericano en viajar más allá de la órbita terrestre baja.
Los cuatro elegidos: perfiles y roles en la cabina
Reid Wiseman, comandante. Ex aviador naval y astronauta seleccionado por la NASA en 2009, Wiseman ya vivió la rutina del espacio en la Estación Espacial Internacional (EEI) como ingeniero de vuelo en 2014, con meses de experimentos y tareas operativas bajo presión.
Su rol en Artemis II es el de máxima responsabilidad: conducción de la misión, toma de decisiones en tiempo real y coordinación del trabajo de cabina con el control en Tierra, además de liderar la dinámica del equipo en un viaje donde el margen de error es mínimo.
Victor J. Glover, piloto. Seleccionado en 2013, Glover voló como piloto en Crew-1 (SpaceX) rumbo a la EEI y trabajó como ingeniero de vuelo en las expediciones 64/65, una experiencia que lo entrenó para operar sistemas críticos durante meses.
En Artemis II, el “piloto” no es un segundo al mando simbólico: la función combina operación de sistemas, apoyo directo al comandante, gestión de maniobras y procedimientos, y participación en chequeos y simulaciones que anticipan escenarios de falla.
El menú espacial: qué comerán los astronautas camino a la Luna
Christina Hammock Koch, especialista de misión. Astronauta desde 2013, Koch fue ingeniera de vuelo en la EEI y protagonizó uno de los hitos recientes del programa: una estadía de 328 días consecutivos en el espacio, además de múltiples caminatas espaciales.
En Artemis II, como mission specialist, su trabajo se concentra en tareas de operación y verificación: apoyo a los sistemas de Orion, coordinación de actividades planificadas y respuesta a contingencias, un tipo de rol que exige precisión quirúrgica más que épica cinematográfica.
Jeremy Hansen, especialista de misión (CSA). Hansen integra la tripulación como astronauta de la Agencia Espacial Canadiense: piloto de combate y con formación científica, será el primer canadiense asignado a un vuelo tripulado de este perfil rumbo a la Luna.
Su presencia también refleja el esquema de alianzas del programa Artemis, con Canadá como socio clave en desarrollos asociados al futuro ecosistema lunar; en cabina, su rol se alinea con el de especialista: operar, asistir, comprobar, documentar y sostener el ritmo de trabajo en un trayecto corto pero intenso.
Comida, cabeza y convivencia: el entrenamiento invisible
El entrenamiento no se reduce a simuladores y procedimientos. La NASA sostiene que la alimentación es parte central del rendimiento: los menús se diseñan para cubrir requerimientos nutricionales y se evalúan por seguridad, estabilidad y aceptación sensorial, con desarrollo en el Space Food Systems Laboratory del Johnson Space Center.
En la práctica, los astronautas eligen opciones dentro de un catálogo amplio, mientras nutricionistas y científicos controlan que la dieta sea compatible con las exigencias del vuelo espacial (desde el aporte de vitaminas y minerales hasta la logística de empaque y conservación).
Aunque Artemis II será una misión breve comparada con la EEI, la agencia lo trata como un ensayo de exploración: la comida no es un detalle doméstico, sino una variable operacional que impacta energía, sueño, estado de ánimo y capacidad cognitiva.
La “otra mitad” del entrenamiento es mental. En Houston, el área de Behavioral Health & Performance (BHP) de la NASA trabaja en medicina conductual, evaluación y apoyo psicológico, y entrenamiento para sostener el rendimiento individual y del equipo en aislamiento y convivencia estrecha.
Los protocolos mencionados por la NASA incluyen preparación en autoevaluación, estrategias para manejar estrés y sueño, y apoyo en misión mediante herramientas como conferencias psicológicas privadas, además de recursos de moral —desde rutinas de comunicación hasta cuidados que apuntan a sostener motivación—.
Ese trabajo se apoya también en evidencia acumulada sobre factores humanos: la exploración no falla solo por ingeniería, sino por fatiga, fricción interpersonal y errores bajo presión; por eso el entrenamiento integra al “equipo completo” y ensaya la convivencia como parte del sistema de seguridad.
En entrevistas recientes difundidas por CBS, el propio equipo insistió en una idea: su objetivo no es “ser recordados”, sino validar un camino para quienes sí pisen la superficie en misiones posteriores. Esa mirada encaja con lo que Artemis II representa: un vuelo de prueba con consecuencias históricas.
Si todo sale como está previsto en la ventana que la NASA ubica en marzo, la Orion llevará a Wiseman, Glover, Koch y Hansen a un punto del espacio donde la distancia no perdona improvisaciones: la Luna como ensayo general, y la Tierra como línea de retorno.








