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El crecimiento global vuelve a sorprender, pero la euforia por la IA empieza a chocar con el mayor costo del dinero

El crecimiento global vuelve a sorprender, pero la euforia por la IA empieza a chocar con el mayor costo del dinero
El financiamiento para proyectos de IA dejó de ser barato y comenzó a encarecerse de manera notoria.
Hoy 15:50

La economía mundial volvió a desafiar los pronósticos más cautos y exhibió en el tercer trimestre del año una fortaleza que pocos anticipaban. Según las encuestas internacionales de actividad compiladas por J.P. Morgan, el ritmo de expansión global implícito en los datos de agosto rondaba el 3,1% anualizado, por encima del crecimiento potencial que el banco estima en un 2,3%, pese al shock energético y a unas condiciones financieras más restrictivas.

La expansión, de todos modos, mostró un perfil desequilibrado, porque mientras la inversión empresarial y el empuje de la tecnología traccionaban la actividad, los ingresos laborales quedaban rezagados y el consumo pasaba a depender en exceso del efecto riqueza que generan las subas bursátiles.

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El motor principal de ese dinamismo volvió a ubicarse en los Estados Unidos, cuya economía creció un 3,4% anualizado en el trimestre, apuntalada por una demanda privada interna sólida, que avanzó un 4,9% anualizado. El consumo se incrementó un 3,8% y la inversión en equipos de procesamiento de información se disparó un 37,4%, en una muestra del vigor que todavía conserva la actividad.

Conviene advertir, no obstante, una señal de alerta que subyace a esas cifras, ya que los ingresos laborales agregados crecieron apenas un 3,4%, muy por debajo del aumento del 5,6% del producto nominal, lo que sugiere que buena parte de ese impulso resultará difícil de sostener en el tiempo.

A ese cuadro se sumó la consolidación de Asia como un segundo gran motor del crecimiento planetario. Taiwán se expandió a un ritmo del 13,5% anualizado en el trimestre y la producción industrial repuntó con fuerza en Corea y Japón, mientras el auge de la inteligencia artificial comenzaba a propagarse desde las exportaciones tecnológicas hacia otras industrias y hacia la inversión doméstica.

China, por su parte, empezó a sentir la tracción de sus estímulos y se encamina a acelerar el gasto público, en un contexto en el que el conjunto de las economías emergentes de la región crece por encima de su tendencia histórica. El corazón de las preocupaciones, sin embargo, se trasladó esta vez al universo de la inteligencia artificial, donde las acciones del sector sufrieron en octubre una corrección de gran magnitud.

El índice tecnológico Nasdaq retrocedió un 5,3% en el mes, con las compañías más dependientes del financiamiento externo sufriendo los golpes más severos. Algunas firmas de infraestructura para centros de datos se desplomaron entre un 35% y un 41%, mientras que otras empresas del rubro de los semiconductores también registraron caídas pronunciadas. Ese derrumbe reflejó las crecientes dudas del mercado sobre si las enormes inversiones en capacidad de cómputo lograrán generar retornos suficientes para justificar su costo.

La escala de ese ciclo de inversión no tiene precedentes en la historia reciente y ayuda a dimensionar la magnitud de la apuesta. De acuerdo con estimaciones de J.P. Morgan, el gasto global en inteligencia artificial alcanzaría los 900.000 millones de dólares este año y acumularía unos 5,5 billones hasta 2030.

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Según un trabajo del buró nacional de investigación económica estadounidense, la inversión anual en infraestructura para esta tecnología promediaría el 3,2% del producto entre 2025 y 2032, un registro que superaría incluso al auge ferroviario del siglo XIX y lo convertiría en el mayor ciclo de inversión en capital de la historia de ese país.

El problema de fondo es que ese financiamiento dejó de ser barato y comenzó a encarecerse de manera notoria. En un primer momento, la expansión se sostuvo con los abultados flujos de caja de las grandes tecnológicas, pero las crecientes necesidades de capital obligan cada vez más a recurrir al endeudamiento. Y allí aparece la señal más elocuente del cambio de época, porque los bonos de alta calidad respaldados por centros de datos pasaron de rendir menos del 5% a comienzos de año a cerca del 7%, según estimaciones de Morgan Stanley.

Ese mayor costo del capital reduce la rentabilidad esperada de los proyectos y amenaza con frenar nuevas inversiones. Las dudas, además, no se limitan a la financiación de la expansión, sino que alcanzan a los propios modelos de negocio de las grandes tecnológicas. Los nuevos agentes de inteligencia artificial, capaces de buscar, comparar y adquirir productos en nombre de los consumidores, podrían erosionar los ingresos de la publicidad tradicional, una fuente de ganancias fundamental para algunas de las compañías más grandes del sector.

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Google ya reconoció que las búsquedas realizadas mediante su modo de inteligencia artificial generan menos ingresos publicitarios que las convencionales. El interrogante, entonces, es si estas firmas podrán desarrollar nuevas fuentes de ingreso que compensen los negocios que la propia tecnología amenaza con transformar.

La corrección bursátil abre, por último, un interrogante de mayor alcance, vinculado a la posibilidad de que las dudas sobre las valuaciones desencadenen una rotación más profunda hacia compañías tradicionales. Los inversores podrían reducir su exposición a las grandes tecnológicas en favor de empresas con negocios más estables y defensivos, un movimiento quede concretarse tendría consecuencias sobre toda la estructura del mercado.

Las fuertes bajas registradas a fines de octubre y en el arranque de noviembre mostraron que esas preocupaciones siguen muy presentes y que el episodio dista de haberse cerrado.

Para un país como la Argentina, que aspira a reinsertarse en los mercados internacionales de crédito, comprender esta nueva realidad resulta indispensable.

El panorama global que se dibuja es, en el fondo, paradójico, porque combina una economía mundial que se niega a desacelerar con un encarecimiento generalizado del costo del capital que marca el finde la era del dinero barato. El mundo seguirá creciendo, pero cobrará mucho más caro por el dinero que preste, y esa aritmética condicionará las posibilidades de financiamiento de todas las economías emergentes en los años por venir.

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