“Milei armó el escenario 2027”, el análisis de Beto Quevedo en “QR!” sobre el discurso presidencial y la pelea por el 40%
En el programa de Canal E, el sociólogo aseguró que el Presidente “ocupa toda la escena política” y consolida a su núcleo duro, que no busca ampliar sino afianzar su 40%, y que su agresividad forma parte de una performance planificada para dominar la agenda y la televisión.
En "QR!", el programa de Canal E conducido por Pablo Caruso, el sociólogo Beto Quevedo analizó el discurso de Javier Milei en la apertura de sesiones y planteó que no se trató de un exabrupto ni de una reacción emocional, sino de una estrategia cuidadosamente diseñada con la mira puesta en las elecciones presidenciales de 2027.
“Milei ocupa toda la escena política. Tiene una enorme capacidad de producir eventos y agenda”, sostuvo Quevedo. A su entender, lo que hizo el Presidente fue “armar el escenario 2027”, consolidando los dos campos en disputa y ubicándose en el centro de la confrontación.
Consolidar el 40% y marcar el “piso”
Durante el intercambio con el economista Hernán Letcher, Quevedo fue más allá: explicó que Milei no necesita ampliar su base electoral, sino fortalecerla. “Sacó 40 o 41%. Si logra consolidar un 43 o 44%, puede ganar en 2027”, afirmó.
Para el sociólogo, el mensaje fue claro: “Este es el piso. No quiere bajar ni un gramo ni en las medidas ni en la agresividad”. Según interpretó, el Presidente eligió hablarle exclusivamente a los propios porque esa es su apuesta política: blindar su núcleo duro frente a una oposición fragmentada.
“En la vereda de enfrente no hay un 60 consolidado. Hay fragmentación. Lo que es seguro es que él tiene su 40”, explicó.
Quevedo rechazó la idea de que el mandatario se descontrole. “Está muy lejos de ser un tipo descontrolado. Hace una performance muy pensada”, aseguró, comparando su estilo con los actos masivos donde despliega cánticos, gritos y una puesta en escena diseñada.
Incluso fue crítico de su capacidad oratoria tradicional: “No es un buen lector ni un orador clásico. Su fuerte es el insulto y el ruido comunicacional”.
Sobre ese punto, señaló que el Presidente no busca debatir técnicamente afirmaciones económicas —como la apertura de la economía o la evolución del salario en dólares— sino instalarlas en un marco de saturación informativa. “No pretende discutir dos minutos un concepto, pretende gritarlo y poner muchos temas arriba de la mesa”, analizó.
Geopolítica y posicionamiento claro
Quevedo también destacó el componente internacional del discurso. Señaló que Milei explicitó su alineamiento con Estados Unidos y habló de una Argentina “bioceánica” en el marco de lo que llamó el “siglo de América”.
“Podrá horrorizarnos su posicionamiento, pero es nítido. Los que lo escuchan saben perfectamente quién es, hacia dónde va y quiénes son sus aliados”, afirmó.
La periodista Irina Hauser planteó si las imprecisiones o falsedades en el discurso tienen impacto. La respuesta de Quevedo fue tajante: “En su 40%, cero”. Según explicó, no existe hoy un escenario donde esas afirmaciones sean contrastadas con fuerza suficiente para erosionar su base.
Además, apuntó a la falta de una estrategia alternativa de la oposición: “Uno de los problemas es no poder armar un escenario que lo corra de la agenda que él crea”.
La oposición y la falta de reacción coordinada
En diálogo con Martín Granovsky, Quevedo analizó la puesta en escena del acto y el manejo de cámaras y micrófonos. “Desde el punto de vista comunicacional fue una performance extraordinaria y milimétrica”, afirmó. A su juicio, fue un acto pensado para la televisión, no para el recinto.
También cuestionó la falta de coordinación opositora. “Si no conversamos nada antes, todo es de Milei”, advirtió, sugiriendo que una respuesta creativa —no simétrica ni basada en el grito— podría haber cambiado el eje del debate.
Como ejemplo, mencionó la posibilidad de una acción simbólica que desplazara la discusión hacia otro terreno. “Si cada diputado llevaba un neumático FATE y obligaba a hablar de eso, es otra escena. Es correrlo”, graficó.
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Para Quevedo, el núcleo del discurso estuvo en la construcción del enemigo y en la apelación emocional a sus votantes. Citó la frase presidencial “me encanta domarlos” como síntesis de un vínculo con su base que se sostiene en la confrontación.
“Ahí está el goce de Milei”, concluyó. Y agregó que hoy el Presidente ocupa el lugar de las pasiones políticas que en otro momento encarnó Cristina Kirchner: “¿Lo odiamos o queremos que siga hasta el final? Ese es el eje”.
LB
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