ASTRONOMÍA

Qué es el asteroide 2024 YR4 y por qué la NASA sigue de cerca su trayectoria

La NASA reforzó el seguimiento del asteroide 2024 YR4 tras detectar una baja probabilidad de impacto con la Tierra hacia 2032. Aunque el riesgo es mínimo, el caso activó protocolos internacionales de defensa planetaria y volvió a poner el foco en cómo se monitorean los objetos cercanos al planeta.

Se trata del asteroide 2024 YR4. Foto: reperfilar

La NASA intensificó en las últimas semanas el seguimiento de un asteroide identificado como 2024 YR4, luego de que los cálculos orbitales preliminares indicaran una baja pero mensurable probabilidad de impacto con la Tierra hacia fines de la próxima década. Aunque los especialistas descartan un escenario catastrófico, la situación activó los protocolos internacionales de defensa planetaria, diseñados para anticipar eventos de muy baja probabilidad pero de alto impacto potencial.

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Lejos de una alarma inmediata, el caso del 2024 YR4 se inscribe en el trabajo rutinario de monitoreo astronómico que llevan adelante agencias espaciales de todo el mundo. El objetivo es claro: refinar datos, reducir incertidumbres y evitar interpretaciones alarmistas mientras se actualizan los modelos de trayectoria a partir de nuevas observaciones.

Qué se sabe del asteroide 2024 YR4 y por qué está bajo vigilancia

El 2024 YR4 forma parte del grupo de objetos cercanos a la Tierra (NEO, por sus siglas en inglés), cuerpos rocosos cuya órbita los lleva a transitar regiones próximas al recorrido terrestre alrededor del Sol. Este tipo de asteroides es monitoreado de manera permanente porque, aunque la mayoría no representa peligro, un pequeño porcentaje puede requerir atención especial.

Las estimaciones actuales ubican su tamaño en un rango aproximado de 40 a 90 metros de diámetro, una variable clave para evaluar posibles efectos en caso de ingreso a la atmósfera. A diferencia de asteroides kilométricos asociados a extinciones masivas, un objeto de estas dimensiones no supone un riesgo global, pero sí podría provocar daños localizados si impactara en una zona habitada.

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La fecha estimada y el dato clave que analiza la NASA

Según los cálculos más recientes, existe una probabilidad reducida de impacto el 22 de diciembre de 2032. En una primera etapa del análisis, la chance estimada superó el umbral técnico del 1%, un valor que, si bien sigue siendo bajo, obliga a activar sistemas de notificación y seguimiento internacional.

Desde la agencia espacial explican que este comportamiento es habitual: a medida que se suman observaciones desde telescopios terrestres y se ajustan los modelos matemáticos, las probabilidades suelen disminuir, descartando escenarios extremos. En este caso, los científicos remarcan que no hay una amenaza inminente, sino un proceso normal de actualización de datos.

Qué pasaría si el asteroide ingresara a la atmósfera

Los modelos físicos indican que un objeto de este tamaño probablemente explotaría en el aire al ingresar a la atmósfera terrestre, un fenómeno conocido como airburst. En un escenario sobre el océano, los especialistas descartan la generación de tsunamis de gran escala.

Si el evento ocurriera sobre tierra firme, los efectos dependerían del tamaño final y del punto exacto de explosión. Para asteroides de 40 a 60 metros, se esperan daños menores, como rotura de vidrios o afectaciones estructurales limitadas. Un objeto cercano a los 90 metros, un escenario considerado menos probable, podría provocar impactos más significativos a escala urbana, aunque sin consecuencias planetarias.

Defensa planetaria: cómo funciona el sistema de alerta

El seguimiento del 2024 YR4 se integra al programa de observación de objetos cercanos a la Tierra, que combina telescopios distribuidos en distintos continentes con simulaciones informáticas de alta precisión. Cada nueva medición permite recalcular la órbita y reducir los márgenes de error.

Las actualizaciones se publican en Sentry, el sistema automatizado de evaluación de riesgos de impacto, donde se reflejan los cambios en la probabilidad de colisión a lo largo del tiempo. Este esquema forma parte de una estrategia global de defensa planetaria, que busca garantizar respuestas coordinadas y basadas en evidencia científica.

LT