CIENCIA
Misterio del cosmos

El telescopio James Webb resolvió uno de los mayores misterios del universo temprano

Un estudio publicado en Nature identificó estos enigmáticos objetos observados en el cosmos primitivo como agujeros negros jóvenes envueltos en densas nubes de gas.

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La NASA reveló la imagen más nítida de un agujero negro ubicado a 13 millones de años luz de la Tierra | NASA

Cuando el telescopio espacial James Webb comenzó a enviar sus primeras imágenes del universo profundo, a fines de 2021, los astrónomos se toparon con algo desconcertante. Entre galaxias y estrellas ya conocidas aparecieron cientos de pequeños puntos rojos, extremadamente brillantes para una época en la que el cosmos tenía apenas unos cientos de millones de años. No encajaban en ningún modelo previo.

Durante meses, esos objetos alimentaron una incógnita central de la astronomía moderna: qué podía brillar con tanta intensidad en el universo temprano y desaparecer por completo apenas mil millones de años después.

La respuesta llegó ahora. Un equipo internacional de investigadores liderado por científicos de la University of Copenhagen identificó la verdadera naturaleza de esos puntos rojos en un estudio publicado el 14 de enero en la revista Nature. No eran galaxias imposiblemente grandes, como se creyó al principio, sino agujeros negros jóvenes, envueltos en densas nubes de gas, atravesando una fase breve y violenta de crecimiento.

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La primera hipótesis fue lógica: si algo brillaba tanto desde tan lejos, debía tratarse de galaxias masivas, visibles a través de más de 13.000 millones de años de expansión cósmica. El problema era que esa explicación chocaba con la física conocida. Según los modelos actuales, galaxias de ese tamaño no podían haberse formado tan rápido después del Big Bang.

La NASA reveló la imagen más nítida de un agujero negro supermasivo ubicado a 13 millones de años luz de la Tierra

La alternativa resultó más simple y, a la vez, más profunda. Los investigadores demostraron que el brillo no provenía de miles de millones de estrellas, sino de agujeros negros relativamente pequeños —aunque igualmente colosales— que estaban devorando gas a un ritmo extremo.

Agujeros negros ocultos a plena vista

Estos objetos no son agujeros negros supermasivos completamente desarrollados, como los que hoy habitan el centro de grandes galaxias. Son versiones jóvenes, con masas de entre un millón y diez millones de veces la del Sol, envueltas en espesas nubes de gas ionizado que bloquean gran parte de la radiación visible.

Ese gas cumple un doble rol: alimenta al agujero negro y, al mismo tiempo, oculta su identidad, dejando escapar solo un resplandor rojizo característico que el James Webb pudo detectar gracias a su sensibilidad infrarroja.

Son comedores desordenados”, explican los autores del estudio. Gran parte del material no termina siendo absorbido, sino expulsado violentamente por chorros energéticos, generando una luminosidad desproporcionada para su tamaño real.

Descubren un agujero negro supermasivo: ¿Qué significa esto?

El hallazgo resuelve una pregunta que obsesiona a los cosmólogos desde hace décadas: cómo pudieron existir agujeros negros supermasivos tan temprano en la historia del universo. Observar estos objetos en pleno crecimiento permite reconstruir una etapa fugaz, hasta ahora invisible.

Según los investigadores, los puntos rojos no son rarezas excepcionales, sino una fase común y breve en la evolución de los primeros agujeros negros. Una etapa que dura poco en términos cósmicos y que, por eso mismo, había pasado inadvertida hasta la llegada del James Webb.

Ver el pasado, entender el presente

Más que una curiosidad astronómica, el descubrimiento redefine la comprensión del universo temprano. Demuestra que el crecimiento acelerado de agujeros negros no requiere teorías exóticas ni físicas desconocidas, sino condiciones extremas de gas y energía que fueron comunes tras el Big Bang.

Los pequeños puntos rojos ya no son un enigma. Son la huella visible de un momento clave: el nacimiento de los gigantes que hoy gobiernan el corazón de las galaxias.