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decretos

Cortito y brutal

Cómo alivia la diversidad. Escuchar distintas tonalidades, encontrarse con gestos nuevos, charlitas improvisadas, la sorpresa del humor actual, tan distinto y mejorado en muchos casos, sin la limitación del segundo sentido, un humor que juega con la angustia y el saber; gozoso, veloz. Hay otras voces, otros ámbitos, diversidad creativa, géneros mezclados, roles redistribuidos. A veces me detengo en la esquina de algún café, cuando hay abundantes mesas ocupadas, a escuchar el sonido humano de las conversaciones, recalar en algunas risas, palabritas al vuelo, miradas generosas, olor a café y medialunas, discusiones, consuelos, una birra.

Es un paréntesis de las redes, de las noticias, del dolor del mundo. Lo nuevo no es necesariamente lo malo. Ni tampoco destituye lo antiguo.

Puede ser diverso y expandido. (Siendo lo malo tan innecesario e ineludible.)

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Por otro lado, si bien son fundamentales las denuncias, la oposición a la injusticia, a los desastres malintencionados, el acercamiento cala hondo, destituye la brutalidad. Me refiero a la trama social que se teje amorosamente renovando los ideales (que no son fervor ideológico). Me cuesta comprender los brotes de repudio, burla e irascibilidad. Políticas antimigratorias, la repulsa del otro, la vuelta al racismo, al chiquitaje de lo propio. Si todos estamos en este mismo mundo... ¿Tan difícil es el buen trato?

Y ahora se pretende decretar “la grandeza”. ¿No sería mejor hablar en lugar de gritar, escuchar, atender? Grandilocuencia barata. Al lenguaje le debe dar vergüenza la manera en que se pronuncian los poderosos. Brutales y cortitos. Como suele sugerirse que sean los posteos en las redes. Rápidos, violentos. ¿Y si no fuera así?

La semana pasada me di el gusto de hablar sobre un libro que me impactó sin tener en cuenta los segundos que recomienda Instagram. Algunos me advirtieron: “Si dura más de tres minutos, no lo ve nadie”. Lo incalculable sigue siendo la fórmula del éxito. No solo fue el reel con más vistas, sino que además suscitó comentarios que me permitieron dialogar como si estuviera en el café, con medialunas intangibles y la sorpresa del entendimiento.