Carrera espacial

Rumbo a la Luna y Marte: Elon Musk lanza este jueves el nuevo cohete Starship V3

Con una capacidad de carga triplicada y la habilidad de recargar combustible en gravedad cero, la empresa aeroespacial Space X pondrá a prueba su nueva arquitectura. La misión no buscará aterrizar el cohete, sino llevar los límites del rediseño al extremo para abrir la ruta hacia Marte.

Starship V3 de Elon Musk Foto: Redes Sociales

SpaceX está a punto de abrir un nuevo capítulo en la exploración aeroespacial. Este jueves, la compañía de Elon Musk buscará hacer historia con el lanzamiento de la Starship V3, la versión más avanzada y potente de su emblemático vehículo. Tras una reprogramación de último momento, la firma fijó el 21 de mayo como la fecha clave para probar una nave completamente rediseñada, cuyo éxito es fundamental para garantizar el regreso de los astronautas a la Luna y proyectar las futuras misiones hacia Marte.

El despegue está previsto desde la base Starbase, ubicada en el sur de Texas. En este vuelo de prueba número 12, el objetivo central de la misión consiste en demostrar en el aire la fiabilidad de la nueva arquitectura del sistema. SpaceX apuesta a consolidar un modelo de reutilización rápida, aplicando todos los ajustes necesarios para cumplir con las exigencias de la NASA de cara al programa tripulado Artemis IV, pautado para 2028.

A nivel estructural, la Starship V3 impone respeto por sus nuevas dimensiones. El cohete completo alcanza los 123 metros de altura, superando por un metro y medio a sus antecesores. La primera etapa, conocida como Super Heavy, se extendió hasta los 72,3 metros y ensanchó su capacidad para albergar 250 toneladas adicionales de propelente (sustancia o mezcla que, al arder o descomponerse, genera gases a alta presión y temperatura). En total, cargará 3.650 toneladas de metano y oxígeno líquido, un volumen indispensable para afrontar misiones interplanetarias prolongadas.

El salto de ingeniería más fuerte se concentra en el sistema de propulsión. Los técnicos reemplazaron los viejos modelos por 33 motores Raptor 3, que son más livianos pero generan un empuje total de 9.240 toneladas al encenderse de manera simultánea. Este incremento de potencia busca garantizar una mayor protección térmica durante las maniobras de ascenso.

La etapa superior también presenta modificaciones sustanciales. El tanque de combustible fue ampliado para que la nave pueda permanecer en órbita hasta 48 horas sin necesidad de desplegar paneles solares. Además, la capacidad de transporte casi se triplicó, pasando de 35 a 100 toneladas de carga útil. A esto se le suman nuevos propulsores de maniobra orbital que facilitarán las complejas tareas de acercamiento y acoplamiento en el espacio.

Entre las innovaciones más estratégicas de este rediseño destaca la capacidad para transferir propelente en gravedad cero. Dominar esta técnica de recarga es un requisito innegociable que exige la agencia espacial estadounidense para habilitar vuelos de larga duración, más allá de la órbita baja de la Tierra.

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El ensayo de los satélites y un final en el océano

Durante el trayecto de ascenso, la misión no viajará vacía. El plan de vuelo contempla la liberación de 22 simuladores de satélites Starlink para poner a prueba el mecanismo de despliegue de carga. Además, la compañía planea reencender uno de los motores Raptor 3 en pleno vacío espacial, una acción clave para certificar que el cohete puede realizar correcciones de rumbo en el trayecto hacia la órbita lunar.

Para evaluar la seguridad, los ingenieros pintaron varias losetas térmicas de blanco y retiraron piezas de manera intencional para simular daños en el escudo protector. El objetivo es analizar, mediante cámaras que transmitirán en tiempo real, cómo soporta el fuselaje las diferencias de carga aerodinámica ante una falla estructural bajo el intenso calor de la fricción.

A diferencia de operativos anteriores, esta vez no se intentará recuperar la estructura en tierra firme con brazos mecánicos. SpaceX confirmó que tanto el propulsor Super Heavy como la cápsula superior terminarán la prueba con un amerizaje en el océano. La decisión apunta a recolectar datos sobre el rendimiento de las nuevas piezas y evitar riesgos innecesarios en la plataforma de lanzamiento, dejando los intentos de aterrizaje controlado para las próximas misiones del programa.

TC/AF