"Conocer las profundidades"

Un experimento científico generó miles de sismos bajo los Alpes suizos: “Podemos hacer que las fallas se muevan”

Un equipo internacional llevó adelante una prueba inédita en un laboratorio subterráneo para estudiar cómo se generan los terremotos. Los resultados abren nuevas pistas para entender uno de los fenómenos naturales más destructivos del planeta.

Alpes suizos Foto: Cedoc

Los científicos provocaron 8.000 terremotos controlados en las profundidades de los Alpes suizos, en un experimento que parece sacado de una película de catástrofes, pero que tuvo un objetivo estrictamente científico. La investigación fue desarrollada por especialistas de la universidad pública ETH Zúrich para estudiar qué ocurre bajo tierra cuando se desencadena un sismo.

El experimento consistió en la inyección de grandes volúmenes de agua en el subsuelo con el fin de activar una falla geológica específica. En total, los investigadores introdujeron 750.000 litros de agua durante unas 50 horas, a través de dos pozos perforados a gran profundidad.

Aunque la idea de “provocar terremotos” genera alarma, los responsables del proyecto remarcaron que todos los movimientos fueron extremadamente pequeños, imposibles de percibir en la superficie y sin capacidad de generar daños. Aun así, el volumen de datos obtenidos fue inédito.

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A pesar de un apagón inesperado durante el proceso, el ensayo fue considerado un éxito. El balance final arrojó miles de microtemblores que permitieron observar en tiempo real cómo responde una falla cuando se la somete a presión artificial.

Un experimento bajo tierra para entender cómo nacen los terremotos

El proyecto forma parte del experimento FEAR-2 (Activación de Fallas y Ruptura Sísmica), realizado en el laboratorio subterráneo BedrettoLab a fines del mes pasado. Allí, los científicos buscan reproducir condiciones reales de la corteza terrestre, pero en un entorno completamente controlado.

“El objetivo es comprender qué sucede en las profundidades cuando la Tierra se mueve”, explicaron los investigadores al presentar el trabajo. Para llegar hasta la falla elegida, primero fue necesario construir un túnel de 120 metros de longitud, ubicado a 2,2 kilómetros de la entrada del túnel principal del laboratorio.

Una vez alcanzada la zona de estudio, el equipo instaló una densa red de sensores capaces de registrar temperatura, presión y actividad sísmica con altísima precisión. Esa infraestructura permitió seguir cada microevento en tiempo real.

El experimento se llevó a cabo en una falla profunda de los Alpes suizos, sin provocar daños en la superficie.

Las inyecciones de agua comenzaron el 22 de abril. A medida que el fluido penetraba en las rocas, se generaban pequeñas rupturas que liberaban energía en forma de sismos. En total, se registraron unos 8.000 eventos sísmicos.

“Si bien se produjeron algunos eventos sísmicos en la zona de falla objetivo, un gran número de eventos tuvieron lugar en estructuras geológicas vecinas activadas por la inyección de fluidos”, detalló el equipo, que debió interrumpir el ensayo cuando comenzaron a aparecer movimientos fuera del área principal de medición.

Riesgos, límites y lo que revela el estudio

La seguridad fue uno de los puntos centrales del proyecto. Antes de iniciar el experimento, los científicos atravesaron una rigurosa evaluación de riesgos, con “varias capas de medidas de seguridad en vigor” para evitar cualquier impacto en la superficie.

“Todas las actividades de inyección a alta presión se controlan de forma remota desde Zúrich, lo que significa que no hay personal presente en el túnel durante las estimulaciones”, aseguraron los responsables del ensayo.

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Los datos confirman que la actividad sísmica fue muy inferior a los valores previstos. Según los investigadores, la sacudida del suelo fuera del túnel fue entre 5.000 y 6.000 veces menor que el nivel de aceleración contemplado por las normas suizas de seguridad.

En números concretos, los valores máximos registrados fueron de 0,000014g en la entrada del túnel, 0,0000167g en la cima de la montaña y 0,0000172g en la entrada del túnel de base de Furka.

“Estos valores son aproximadamente 700 veces inferiores al nivel asociado con terremotos perceptibles y aproximadamente 7.000 veces inferiores a los niveles asociados con terremotos destructivos”, remarcaron.

Para los científicos, el experimento demuestra que es posible provocar terremotos controlados de manera segura, algo clave para avanzar en el conocimiento de un fenómeno que todavía no puede predecirse con precisión.

La inyección de 750.000 litros de agua permitió activar miles de microterremotos controlados.

Por qué este experimento puede cambiar lo que se sabe sobre los sismos

“Los terremotos se encuentran entre los desastres naturales más destructivos a los que se enfrenta la humanidad”, señala el sitio oficial del proyecto. A pesar de décadas de investigación, todavía no existe un método capaz de anticipar con exactitud cuándo y dónde ocurrirá un gran sismo.

Esa falta de comprensión también limita el desarrollo de tecnologías como la energía geotérmica profunda, considerada una fuente casi inagotable y de bajo impacto ambiental. Según los investigadores, entender cómo se activan las fallas es clave para explotar esos recursos sin riesgos.

El profesor Domenico Giardini, uno de los líderes del estudio, sintetizó el espíritu del experimento con una frase contundente: “Si logramos dominar la forma de producir terremotos de cierta magnitud, entonces sabremos cómo no producirlos”.

En diálogo con la AFP, agregó: “Es perfecto, porque tenemos un kilómetro y medio de montaña encima... y podemos observar muy de cerca las fallas, cómo se mueven, cuándo se mueven, e incluso podemos hacer que se muevan nosotros mismos”.