Argentina, atrapada en la lógica de los dólares: exportar más para pagar deuda
La economía argentina vuelve a mostrar una de sus certezas estructurales: sin dólares genuinos no hay estabilidad posible. El balance del comercio exterior de 2025 dejó un superávit de US$ 11.286 millones, impulsado por el agro, la energía y la minería, y confirmó que la acumulación de reservas depende, cada vez más, de exportar más de lo que se importa. En un contexto de fuertes vencimientos de deuda y con el FMI como observador permanente, el desafío hacia 2026 será sostener saldos comerciales positivos que permitan pagar compromisos externos sin volver a recurrir al endeudamiento. Vaca Muerta, el campo y nuevos socios estratégicos aparecen como piezas centrales de ese esquema.
La economía puede ser compleja. Pero, a veces, muestra algunas certezas. Una de ellas, casi irrefutable, es que Argentina tiene una sola manera de conseguir dólares genuinos, frescos, sostenibles, importantes. Exportar más de lo que se importa. Y de manera importante. Solo así podrá conseguir divisas para dos de las misiones más centrales que debe cumplir el país para los próximos años. Quizá décadas. Gobierne quien gobierne. Solo con dólares genuinos provenientes de una balanza comercial positiva, Argentina podrá acumular reservas y pagar los compromisos externos. Otra vez, gobierne quien gobierne. Y, quizá por los próximos veinte años. Quizá treinta. Dependerá, nuevamente, del saldo de la balanza comercial.
En esta máxima puede considerarse el saldo de 2025 como el punto de partida, ya que fue en abril del año pasado cuando se firmó el acuerdo de Facilidades Extendidas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo al que el país le debe casi 60 mil millones de dólares y que le impuso como una de las metas fijas e irrenunciables (junto con el superávit fiscal y la no emisión monetaria) la recuperación de las reservas en el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Y, para esto, solo hay dos opciones. Una sana y una virósica y contagiosa para mal. La primera es conseguir un saldo comercial en verde y respetable. La segunda es tomar deuda. Aun sea para rolear lo que se debe pagar. Y esto último, inevitablemente, fue la opción de 2025. Para 2026, y hacia delante, habrá que pensar en que sea el saldo de la balanza exterior la que le otorgue al país las divisas necesarias para cumplir con los compromisos de deuda. Por ejemplo, los pagos de los bonares y globales que, cada año, le implican al país un gasto directo e ineludible (salvo que se quiera caer en default) de unos US$ 18 mil millones. Este 2026 ya se pagó el vencimiento de US$ 4.300 millones; en su mayoría, con toma de deuda vía REPO y similares. Esto es, con poca acumulación de reservas. Habrá que decir que luego de ese pago del 9 de enero, el BCRA comenzó una política firme y sostenible de acumulación de reservas, que podría llevar a un fin de mes con un ahorro de más de US$ 1.000 millones. Disponibles para el pago de unos US$ 4.200 del 9 de julio próximo. Si la entidad que maneja Santiago Bausilli sigue así, podrá cumplir con ese compromiso con saldos de compra de divisas, provenientes de las liquidaciones de exportaciones. Esto es, se pagará el vencimiento con dólares sanos. Y sin tomar deudas. Todo lo que el FMI y el Tesoro de los Estados Unidos recomiendan. Y, vale el recuerdo, lo que el gremio de los economistas “mandriles” reclamaban a los gritos de marzo a octubre del año pasado. No es tiempo de reproches. Sino de decir que evidentemente el camino de acumulación de reservas era el recomendado. Más si se tiene en cuenta que la buena performance compradora de enero por parte del BCRA tendrá una ráfaga de oxígeno desde la última semana de febrero y hasta junio; cuando se hagan presentes en el ejercicio 2026 los liquidadores sojeros. Los que, aún sin estridencias, pueden anticipar un respetable ejercicio vendedor de commodities y liquidación de impuestos correspondientes. Toda la economía está a la expectativa de esto. Incluyendo el FMI.
Como aperitivo a lo que se vivirá desde febrero, están los datos finales del comercio exterior, correspondientes a los 12 meses acumulados de 2025. Ejercicio que viene acompañado por la confirmación de una grata sorpresa esperada por todos. Comenzó ya a tallar fuerte en el ejercicio pasado, la balanza económica. Un eufemismo para decir que Vaca Muerta ya comenzó a dar grandes satisfacciones. Junto con el campo, más el aporte de la minería y algún otro rubro; son los responsables de haber mostrado en 2025 un muy buen resultado positivo de la balanza cambiaria del año pasado. En total el resultado positivo llegó a los US$ 11.286 millones, resultado de exportaciones por US$ 87.077 millones e importaciones por US$ 75.791 millones. Habrá que decir que la cifra es 40% menor al 2024 (cuando había sido US$ 18.928 millones), pero con un nivel de importaciones mucho más bajo que el de 2025.
Pero para conocer más la realidad es importante concentrarse en lo que sucedió en diciembre. Con un saldo positivo de US$ 893 millones, la balanza energética explicó el 47% del saldo de balanza comercial de diciembre, mientras que este rubro (Vaca Muerta), tuvo un aporte extra de US$ 2.085 millones en relación al 2024 y un saldo positivo de US$ 7.815 millones, explicando el 70% del saldo de balanza comercial del año. Ese saldo del 2025 mejoró en unos US$2.085 millones a lo que se había mostrado en diciembre de 2024, con un aporte de dólares proveniente de mayores exportaciones por US$ 1.369 millones y menores importaciones por US$ 716 millones. Esto implica que el país está exportando más energía e importando menos, con lo que la balanza final terminará siendo cada vez más superavitaria a medida que pasen los años. Siempre y cuando, obviamente, Vaca Muerta siga en el mismo ritmo de crecimiento exponencial, algo que, al menos por ahora (y por el largo plazo) nadie espera que suceda.
Al descomponer la variación de la balanza de dólares de la energía de diciembre, se tiene que el efecto precio generó una caída de US$ 119 millones. En lo que va del año, el saldo es una caída de US$ 628 millones.
En 2025 se registraron varias curiosidades en cuanto a las relaciones comerciales con los principales socios del país. Los dos primeros mercados para las exportaciones locales y de proveniencia de importaciones, resultados negativos para la Argentina. Tanto con China como con Brasil el saldo resultó a favor de estos países y en contra de las exportaciones locales. En el caso del país sudamericano, históricamente el principal socio argentino, el resultado fue rojo en unos US$ 5.653 millones. Las importaciones provenientes de ese mercado mostraron un incremento de 28,5%, mientras que las importaciones de productos argentinos desde Brasil cayeron un 6,3%. La industria automotriz fue la principal causa de este desbalance, además de una pérdida generalizada de ventas de productos locales. Habrá que decir que probablemente este desequilibrio se termine en dos años y pase a ser superavitario, cuando comience a generarse un envío fluido y constante de gas desde Vaca Muerta hacia el sur de Brasil, a partir del proceso de reconversión de los gasoductos que, hace ya mucho tiempo, proveían del combustible desde Bolivia al país. Para fines de 2026 terminarían las obras que le permitirían a la Argentina aprovechar la infraestructura existente y utilizada hasta hace algunos años para importar gas desde Bolivia, país al que, simplemente, se le acabó el combustible. Y ya no puede venderlo a Brasil. Lo que se hará entonces es aprovechar la red de tuberías para enviar gas desde Vaca Muerta hacia Brasil. Esto provocará en unos años que el saldo de la balanza comercial termine siendo favorable a la Argentina. Todo esto ocurre mientras Javier Milei y Luiz Inacio “Lula” da Silva tienen la peor relación histórica de presidentes de ambos países desde el retorno a la democracia.
El caso chino es diferente. En 2025 se registró un saldo negativo para el país de unos US$ 8.155 millones. Y, lo más probable es que este resultado se mantenga este año y, quizá, se profundice. No hay manera de contrarrestar esta realidad, mientras se sostengan las políticas de apertura comercial, y mientras el imperio de Shine y Temu continúe. Esto, además de la vigencia del préstamo Swap por unos US$ 6 mil millones activos, que obliga al país a sostener un intercambio comercial activo. Es esto o pagar esa deuda. Algo utópico para la Argentina de estos tiempos.
Los datos de comercio exterior del país de 2025 traen la consolidación de una sorpresa. Curiosamente, una de las pocas políticas de Estado que se mantienen según pasan los años y los últimos gobiernos. La India se convirtió, desde cero, en el principal socio del país en cuanto a la comparación de importaciones y exportaciones. El saldo comercial bilateral resultó positivo para el mercado local en unos US$ 5.472 millones positivos, provenientes en su mayoría de las exportaciones argentinas de aceite de soja que llegaron a los US$ 4.545 millones; con importaciones casi inexistentes. La India representa el mejor socio que encontró el país en años, con un mercado que podría incluso sumar, con el tiempo, el envío de combustible vía Vaca Muerta. Debería ser el ejemplo para seguir.
Como última conclusión, queda claro en el panorama de comercio exterior argentino del año pasado; que el país se consolida como exportador de agroalimentos procesados y no tanto; que las ventas de energía aumentan y son ya una realidad; que la minería ya aporta de manera considerable y que algunos sectores dan pelea, como la pesca y las ventas de vehículos, fundamentalmente camionetas. El resto de los sectores industriales, simplemente, la ven pasar.