COLUMNISTAS
Demografía, educación y poder

El tsunami y las vísperas

A partir de un artículo de Jorge Liotti, una lectura crítica sobre una transformación silenciosa de la Argentina: la fuerte caída de la natalidad, el envejecimiento de la población y el impacto desigual en los sectores populares. Lejos de ser un fenómeno neutro o “global”, el cambio demográfico expone tensiones educativas, territoriales y distributivas.

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Conurbano. Abandono y desidia. La tasa de fecundidad cayó un 39% en una década. Menos nacimientos y más longevidad redefinen el mapa social y económico, especialmente en los barrios populares. | cedoc

El analista político Jorge Liotti escribió “La transformación más profunda, y silenciosa, de la Argentina” (18/01/26, La Nación). El artículo abarca muchos dones, según mi modo de ver las cosas. Al ser completo es complejo, y replicarlo, pedregoso; no admite una réplica emotiva, sino que exige una reactiva.

Sus planteos dan lugar a algo indispensable: hacer intercambios en cuestiones serias, en un país donde el pensamiento –dice Liotti– está plagado de híper coyunturalismo. Para un país igualmente dotado de autorreferencialidad, es útil aceptar nuestra condición de periferia, y concentrarnos en los intereses más apremiantes e instantáneos (lo que, inevitablemente, algo de encrucijada tiene). Como ha escrito la inspirada Ana Suárez Anzorena: “reaccionar con el corazón y seguir la luz.”

La nota comienza con la acentuada caída en la natalidad. Una población que pretendiera mantenerse estable debe ofrecer un recambio natural en torno a la tasa de los 2,1 hijos por mujer. La Argentina y el resto del mundo están atravesando un cambio demográfico: envejecimiento de la población junto a una tasa de fecundidad observada por debajo del nivel de reemplazo, en torno a 1,5. En los últimos diez años, la tasa de fecundidad a nivel nacional se redujo un 39%; de 1,8 hijos/as por mujer a 1,1 (un “tsunami demográfico”).

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Liotti afirma que es como si se hubiese impuesto una ley limitativa “al estilo chino”; se trata de un error. En China, la política de natalidad hace años que dejó de ser un estilo, y un tiempo que tampoco es China. En 2015, el límite pasó de un hijo al doble; hoy, el Estado incentiva que las familias tengan más hijos, sin límites, incluso con subsidios y beneficios económicos.

Luego, el periodista desarrolla que la baja de la fecundidad tiene como protagonistas a los jóvenes de sectores populares, lo que se observa en el Conurbano y también en provincias del NEA y del NOA. Es un dato que –de replicar el rigor general del escrito– desmiente empíricamente los prejuicios criminalizadores, de clase y género, relacionados con las mujeres jóvenes y pobres, que “se embarazan por un plan”, aludiendo a las asignaciones universales por hijo (AUH, una política de transferencia condicionada para familias sin empleo formal o con ingresos bajos, 2009).

Y como el infortunio tiene el hábito de aparecer en pareja, en el mismo tranvía se ofrece el dato –“ideal para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero”– que en los barrios populares también está creciendo la población adulta, desbaratando el “bono demográfico”. Esto es, los más pobres tienen menos hijos y viven más. ¡Se completó el cartón!

Sostiene Liotti que la baja de la natalidad acomete el sistema educativo, al modo de una ola que –al retirarse– descubre aulas semivacías y docentes sin alumnos, profundizando la gramática náutica: amplias explanadas polvorientas enceguecidas por el sol. No quedan dudas de que existe una caída en las inscripciones, y que en poco tiempo ese descenso afectará a la primaria completa. Lo que lleva a la reflexión, es si ese minimum in inscriptione se debe únicamente al retroceso en la fecundidad. No, también se debe a factores económicos.

En este contexto, no es una buena noticia enterarnos de que esta cuestión es monitoreada de cerca por el Gobierno, que “mantuvo conversaciones con los Ministerios de Educación de las provincias” para desarrollar un plan de acción conjunto. Un Poder Ejecutivo que redujo significativamente la inversión nacional en educación (2024), con una caída real del 40% (lo que fue calificado como un proceso de desfinanciamiento sin precedentes desde 1992), y que recortó el apoyo corriente y de capital a las provincias, más que ocuparse de la cuestión cuerpo a cuerpo, la ubica a tiro de piedra. Las novedades que llegarán, relacionadas con reducir la cantidad de edificios escolares y aumentar la tarea docente, son los boletos de un caballo que no paga ni un peso.

Es esperable que un país autorreferencial, respecto de la expresión “cambio en la estructura poblacional como pasa en todos lados”, colija que no es un tema por el que nos debamos alarmar esta temporada. Sin embargo, los países tienen una configuración social distinta, por lo que los esfuerzos de readaptación también lo son.

En este sentido, hay dos flejes a los que prestarle atención. La política exterior es la manera como una nación se proyecta hacia el mundo; en consecuencia, debe resolverse desde adentro para afuera, procesando información que llega desde afuera hacia adentro. Que el problema sea de cálculos y mediciones sobre la superficie terrestre, nos ofrece interpretaciones llenas de contenido de dicha realidad. El segundo fleje señala que las anomalías sistémicas de esta naturaleza son estudios por imágenes de la distribución de riqueza. Nuestra Constitución Nacional, más meneada que leída, orienta el Estado hacia una política activa de inclusión y equidad; se trata de un puñado de artículos de reasignación del ingreso mediante políticas públicas y de federalismo fiscal, que no están para mirarse el ombligo. El ruido de nuestras reyertas dificulta escuchar al que habla. Hay dos opciones: o, como en el tango, que llore nuestra alma de fantoche, “sola y triste en esta noche, noche negra y sin estrellas”, o que conduzca el corazón, y sigamos la luz.

La aeronave de Jorge Liotti activa la aproximación a tierra y toma de contacto, de conformidad con procedimientos técnicos rigurosos: plantea la obsolescencia de la yunta “Ciudad de Buenos Aires – Cordón suburbano”, debido a un desplazamiento del epicentro productivo hacia los ejes andino y patagónico; las caídas de la industria, la construcción y el comercio, están mudando el potencial nacional a la minería y a la energía.

Lejos de estar “fuera del alcance del Gobierno”, como dice Liotti, administrar es una tarea que consiste en prever, anticipar y prevenir. Argentina ya ha vivido proyectos de reordenamiento territorial con implicancias geopolíticas, políticoadministrativas, urbanísticas, económicas y simbólicas; su problema no es de ausencia de propuestas, sino el exceso de trifulcas frívolas y parroquiales. Ejemplos son la exhortación de Alfonsín de irnos “al sur, al viento, al frío” de Viedma, el proyecto de algunos senadores de mudar el eje a Paraná, e intentos conceptuales y programáticos que encuentran en Córdoba centralidad geográfica, infraestructura y conectividad. El conocimiento es información organizada; la conciencia es la experiencia de estar despierto a algo. Sería, entonces, una tarea gubernamental, si no fuera porque carece de ambos.

Todo texto es una macroestructura con coherencia y conectividad; el de Jorge Liotti valida, con armonía, los tres elementos: es copioso, pero no logorreico. Cuando una caja de planteos nos impacta, eso supone que no callemos nuestras diferencias, y que no condenemos a quien piensa distinto a ser arrojado a los cerdos famélicos de la jaula de los trolls; se ataca fácil, pero si algo se daña, hay consecuencias. La libertad del pensamiento puede definir el resultado como arbitrario, e incluso como provocador, nunca como especulador.

Las transiciones más felices son las que vienen con mapas adjuntos o subtítulos en castellano. La del bronce al hierro es identificada como la Edad Oscura griega, y duró casi 400 años (1180–800 a. C.). Nació del colapso de la civilización micénica, arrastró la desaparición de la escritura Lineal B, decapitó las referencias letradas, y dinamitó la escala de producción artística. “Se destruyen los libros, la cultura y la historia” –escribió Milan Kundera– “para privar de la memoria a los pueblos cuando se los quiere liquidar; después de eso, los hombres comienzan a olvidar lentamente lo que son y lo que fueron, y el mundo que los rodea se olvida aún más rápido de quiénes son ellos”. Es cierto que se reemplazó el bronce por el hierro, pero a cambio hubo que pagar cuatro centurias.

El intercambio de ideas aspira a que sea transitado con serenidad y con conciencia lo que vale la pena evaluar de las peripecias nacionales. El primer gran libro de poemas de Cesare Pavese se llamó Trabajar cansa (Lavorare stanca). Mucho más cansa escuchar zonceras.