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Cavernícolas y zombis

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Un amigo de toda la vida (no lo nombro porque le gustan tanto las letras de molde que temo por una explosión inflacionaria de su ego) cuenta por WhatsApp que soñó que estaba a cargo de dictar un curso de filosofía antigua en la facultad. A cambio de impartir su primera charla empezando con atomistas y presocráticos de toda laya, dice: “Vamos a ir al inicio del pensamiento, lo primario de lo primario. Un cavernícola va caminando y encuentra un palo y se dice: ‘Lo puedo usar para hacerme una casita, matar a un semejante o cazar un mamut’. Eso, queridos alumnos, es el inicio del pensamiento”. 

Por supuesto, como en todo buen sueño, el resto se desvanece. Atento como siempre a buscar la falla en el otro, observo: “Eso es más bien el inicio del pensamiento obsesivo. Disyuntiva fatal y falta de resolución: hago esto, lo otro o lo de más allá. A ese pensador se lo comió un dinosaurio”. Mi amigo me contesta que la resolución estaba implícita, que el cavernícola debía pensar si quería sobrevivir. Ni me molesto en señalarle que una de las opciones es falsa, ya que la idea de casa no tiene representación en el pensamiento de alguien que vive en una caverna. Pero sí me permito preguntar si un cavernícola está acaso en posesión de un lenguaje capaz de articular categorías, organizar disyuntivas y etcétera. Mi amigo me contesta: “Obvio, eran nuestros antepasados y está comprobado que la facultad de pensar les apareció por un hongo que les parasitó el cerebro. Los hongos dominan la naturaleza. ¿No escuchaste hablar del escarabajo zombi? Gugliá. Me voy a la montaña”. Ahí recuerdo que está en el sur argentino. Eso explica, asociativamente, el sueño con un cavernícola.

Googleo. Existe un hongo –el Ophiocordyceps unilateralis– que infecta hormigas –no escarabajos–, toma control de su sistema nervioso y comportamiento, invadiéndolas hasta ocupar su cabeza, y las obliga a morder determinadas clases de hojas que son su alimento. Cuando la hormiga muere, las esporas del hongo salen de su cabeza y ocupan a otras hormigas. Y así ad infinitum. Google explica que esa clase de hongos no afecta a los seres humanos. Pero basta considerar ciertas formas del pensamiento dominante para comprender que esa colonización es un proceso que parece indetenible.