Debemos mirar al mundo cara a cara, con calma y ojos serenos, aunque los ojos del mundo estén hoy inyectados de sangre.
MAHATMA GANDHI, 8 de agosto de 1942
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Lo siento... discúlpame. / Yo no hice nada... ya lo sé. / Aquí está todo.../ pero no peguen por favor.../ yo no hice nada... ya lo sé. (…) a mí no me peguen/ porque... tenga en cuenta una cosa.../ yo soy muy amigo.../ muy amigo de los grandes.
Canción “Lo siento (Hábil declarante”) de los Twist, grupo de rock.
1. En la conferencia de prensa en la que Manuel Adorni debía supuestamente dar sus explicaciones sobre las diferentes sospechas sobre su moral, el periodista de MDZ, Nicolás Gallardo, comenzaba su cuestionario que contenía repreguntas a otras formuladas anteriormente, el jefe de Gabinete estalló. Interrumpió al “simple periodista” con un monólogo encendido que incluyó una sola palabra “perdón”. Repetida cinco veces casi sin respirar y una vez más luego de un minisilencio, quizás constituyó el único momento de verdad de la comparecencia del funcionario. Claro que fue involuntario. En cuanto a lo manifiesto, Adorni quería que el que pida perdón fuese el periodista y por algo relativamente menor en el contexto, el apoyo o no de sus compañeros de Gabinete (cosa que no había ocurrido cuando el periodista señaló esa falta de apoyo). Pero su manera de hacerlo fue diciendo una y otra vez “perdón”. A veces, los funcionarios enuncian mucho más que lo que dicen. Y así como había pedido sus disculpas por la participación de su mujer, Bettina Angeletti, en el viaje en el avión presidencial, quizás ese fue el momento cumbre de una conferencia que no tuvo argumentos. El pedido de perdón a los gritos sería coherente con el desánimo de un funcionario que parece gozar más de la defensa del entorno presidencial que de su propia voluntad. Si a veces las cosas suceden por estar “en el lugar indicado, en el momento indicado”, la jefatura de Gabinete del economista parece responder a lo contrario. No era ni su lugar ni su momento: su trayectoria en el puesto hasta hoy lo demuestra. Su lugar esencialmente fue la manera que encontró el Gobierno de resolver una interna: el resultado de los distintos enfrentamientos de Karina Milei con camaradas de LLA y aliados.
2. Si se adjudica con causa a la gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner la transformación en el día a día en un caos en el que las peleas larvadas o manifiestas horadaban todo: lo ideológico, lo vincular, los provisorios éxitos, el devenir de Javier y Karina Milei va en el mismo camino. Pero aquí se suma la falta de experiencia y de empatía a la hora de relacionarse con la función pública: o se es “topo que viene a destruir al Estado desde adentro” o se es gobernante. El tercer año en curso en el poder demuestra que el caos es una modalidad que puede servir incluso para ganar elecciones, pero es lo contrario de gobernar. Bien le vendría al Presidente de la “moral como política de Estado” leer, por ejemplo, al estoico Marco Aurelio para entender este complejo vínculo entre lo individual y la responsabilidad de Estado. Lo mismo le sucedería al jefe de Gabinete. Entenderían el rol transaccional que a veces ocupa el perdón en la mente de los políticos.
3. Milei precisó qué era para él la “moral como política de Estado”: filosofía griega, derecho romano, estoicismo y valores judeocristianos. Carlos Menem (que tiene tanta incidencia directa como indirecta en la peculiar conformación del Gabinete) no hubiera ubicado al estoicismo en su propio listado. El filósofo e historiador Loris Zanatta dice que tampoco aplica al Presidente: “¿De dónde salió? Da un poco de risa: tanto el estoico es conocido por el control de las pasiones como Milei por su incapacidad para controlarlas. En él se inspiraron la virtud cívica de los republicanos, la moral universal de los cristianos, los derechos naturales de los liberales y el cosmopolitismo de los ilustrados. Pero también corrientes militaristas y antimodernas. De todo, otra vez”.
4. Sin embargo, para los estoicos más rigurosos, el perdón, ese que estuvo tanto en la boca de Manuel Adorni, es un tema de reflexión política. Es un tema del neoestoicismo, especialmente de la filósofa Martha Nussbaum, quien escribió el libro La ira y el perdón. Vale la pena repasarlo para entender la lógica con la que parece actuar el Gobierno.
5. Nussbaum tiene muchos puntos interesantes para pensar qué es el perdón y, sobre todo, el subsuelo de ira que lo acompaña, casi como su lado oscuro de la luna. Explica que “Hacia el final de La Orestíada, Esquilo presenta dos transformaciones que ocurren en el mundo arcaico de los personajes, transformaciones cuyo carácter reconocería el público ateniense del siglo V como algo fundamental para la estructura de su mundo. Una de ellas es famosa, la otra suele pasarse por alto. En la que goza de fama, Atenea introduce instituciones legales que remplazan el ciclo de venganza sangrienta que en apariencia carecía de final, y termina así con él. Al instaurar un tribunal con procedimientos cimentados en la argumentación razonada y sopesamiento de evidencias, un juez independiente y externo, y un jurado elegido del cuerpo de ciudadanos atenienses. Atenea anuncia que la culpa de sangre se resolverá ahora por medio de la ley; ya no serán las Furias –esas antiguas diosas de la venganza– quienes lo hagan. No obstante, y esto forma parte integral de la famosa transformación de la comunidad ateniense que ella lleva a cabo, no se despacha simplemente a las Furias; por el contrario, Atenea las convence de unirse a la ciudad, otorgándoles un lugar de honor debajo de la tierra, en reconocimiento de la importancia que tienen para esas mismas instituciones legales y para la salud futura de la ciudad”. El perdón sería aquí un lugar extraño. Como pidió disculpas se borran sus posibles actos de corrupción. “Pido perdón. Fin” parece decirnos.
6. La neoestoica Nussbaum nos explica más sobre el perdón: “Como ocurre con la ira, necesitamos una explicación funcional del perdón, y Charles Griswold proporcionó una admirable. El perdón, argumenta, es un proceso de dos personas que incluye la moderación de la ira y un cese de los proyectos de venganza en respuesta al cumplimiento de seis condiciones: a) reconocimiento; b) repudio de las acciones que lo produjeron; c) repudio de las acciones; d) compromiso con un cambio; e) comprensión del daño ocasionado; f) –el más importante–: ofrecer una explicación narrativa de cómo llegó a cometer la injusticia, cómo ésta no expresa la totalidad de su persona y cómo se está volviendo digna de aprobación.”
7. La política es una cuestión de leyes e instituciones. También es la manera en que los humanos resolvemos las cuestiones vinculadas a la ira y el perdón. Un verdadero estoico sabría qué hacer en circunstancias como las de gobierno de LLA. Y a nosotros nos cabe pensar cuánto de ira hay en los pedidos de perdón que se formulan desde el Gobierno.