Críticas estridentes
Venezuela, país bendecido por la naturaleza con la mayor riqueza petrolera potencial del universo, ha vivido, en cambio, una vida de viacrucis. Había sufrido una devastación en las guerras de independencia, perdiendo una cuarta parte de la población y casi toda su riqueza.
Trágicamente, dos siglos después, estaba en camino de reeditar la historia. La peste chavista continuada por Maduro consolidó la destrucción no solo de una economía potencialmente espléndida.
El régimen, que ya lleva un cuarto de siglo, determinó nuevamente un éxodo que alcanzó al 30% de la población, creó ejércitos irregulares, dueño y señor de las calles, sembrando a partir de un gobierno dictatorial, no solo el caos económico, sino el completo deterioro institucional, represión política y cárceles para los opositores no solo nacionales (entre ellos dos argentinos).
En este contexto se inscribe la operación “Resolución Absoluta” que llevó al depuesto dictador a enfrentar con serios cargos los tribunales estadounidenses, hecho que despertó en la comunidad americana reacciones de censura por parte de los gobiernos de Colombia, Brasil, México, Uruguay y Chile, a diferencia del resto de la región.
Resulta lamentable que esta actitud de los vecinos no fue similar en oportunidad de juzgar la invasión rusa al territorio de Ucrania, o ante el ataque perpetrado por Hamas en octubre de 2023 en Israel, que representó la mayor matanza de judíos en un solo día desde el Holocausto, ejecuciones casa por casa, actos de mutilación y violencia extrema, 1.200 personas muertas, y manteniendo como rehenes durante un largo tiempo, a alrededor de 240 personas.
En la propia Venezuela, la dictadura desoyó el contundente resultado electoral, que determinó el triunfo de la fórmula opositora, ante el silencio cómplice de esos países hermanos, como por parte de los organismos de la comunidad internacional de naciones.
En la Argentina, la oposición popukirchnerista mostró su verdadera identidad, tal como la condenada expresidenta Cristina F. de Kirchner, que calificó el hecho como un “secuestro” político.
Igualmente, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, uno de los principales referentes del peronismo, calificó el accionar militar como “un peligroso precedente para la región”, mientras que su ministro de Gobierno, tildó de “aberración” la captura.
Estas expresiones condenatorias, rápidamente expuestas, constituyen la antítesis de su atronador silencio al que son tan adeptos, en circunstancias negativas, en diversos episodios ocurridos a lo largo de los últimos años, o ante las sospechas –y también evidencias– de corrupción sistémica.
Simplemente a modo de ejemplo:
- La Tragedia de Once (2012) donde la entonces presidenta guardó silencio público durante varios días, retirándose a su residencia sureña. No hubo cadena nacional ni duelo decretado por la Presidencia.
- Inundaciones de La Plata (2013).
- Tragedia de Cromañón (durante la gestión de Néstor Kirchner), quien tardó días en hacer una aparición pública.
- Los diversos episodios de corrupción ya en largo estadio judicial (causas Vialidad, Cuadernos, Hotesur).
- Silencio sobre varias de sus figuras clave condenadas por los mismos motivos, tales los casos de José López (captado arrojando bolsos con dinero), el procesado exministro De Vido, o el exvicepresidente Amado Boudou (condenado por el caso Ciccone).
Esperemos que el sufrido pueblo venezolano pueda recuperar su normalidad institucional, en democracia y en paz, y permitir que los millones de exiliados tengan la posibilidad cierta de retorno a sus hogares.
Que así sea.
*Presidente honorario de la Fundación Grameen Argentina.