opinión

De vacaciones

Lo que mata es la humedad. Tengo por ahí algunos libros para leer, pero ponerme las chancletas e ir a buscarlos me da fiaca.

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

¡Estoy de vacaciones! ¡Alegría! Con la pequeña fortuna que cobré del aguinaldo me compré una palangana, y aquí estoy, en la puerta de mi casa con los pies adentro (soy uno de los millones que Milei sacó de la pobreza). Vivo en el casco histórico de la ciudad, en una calle de adoquines…¡Debajo de los adoquines, la playa! Pero no, no es mi caso, la playa me queda lejos, en las antípodas (si al menos estuviera todavía el programa de Mateyko desde la Bristol, qué lindo sería, pero tampoco eso existe más: mi vida es el pasado portátil que llevo a todas partes). No importa, reemplazo mis ganas de ver el mar leyendo a poetas contemporáneos que hablan de él, por ejemplo Francisco Quevedo: “La voluntad de Dios por grillos tienes/Y escrita en la arena, la ley te humilla;/Y por besarla llegas a la orilla,/Mar obediente, a fuerza de vaivenes//En tu soberbia misma te detienes,/Que humilde eres bastante a resistilla;/A ti misma tu cárcel maravilla/Rica, por nuestro mal, de nuestros bienes.//¿Quién dio al pino y la haya atrevimiento/De ocupar los peces su morada,/Y al Lino de estorbar el paso al viento?/Sin duda el verte presa, encarcelada,/La codicia del oro maciliento,/La ira deDios al hombre encaminada”.

   Ahora que me acuerdo, más de una vez hablamos sobre Góngora y Quevedo con Héctor Libertella, en un viejo bar de Palermo que antes era cutre y ahora se volvió fashion. En estos 18 años que el PRO gobierna la Ciudad, hizo grandes obras, como por ejemplo que no se inunde más (salvo cuando llueve). En una de esas tardes en que un río corría a nuestros pies, recitamos también El mar, el que supuestamente es el primer poema de Borges, publicado cuando tenía 20 años en la revista Grecia, en Sevilla: “Antes que el sueño (o el terror) tejiera/mitologías y cosmogonías/antes que el tiempo se acuñara en días/el mar, siempre el mar, ya estaba y era.//¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento y antiguo ser que roe los pilares/de la tierra, y es uno y es muchos mares/y abismos y resplandor y azar y viento?/Quien lo mira lo ve por primera vez/siempre. Con el asombro que las cosas elementales dejan, las hermosas/tardes, la luna, el fuego de una hoguera//¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré/el día ulterior que sucede a la agonía” (ahora que lo pienso, ya había bastante Borges a sus 20 años. Es como si su poesía, a diferencia de su prosa narrativa y sus ensayos, no hubiera cambiado significativamente con el paso del tiempo).

   Recuerdo también un poema sobre el mar de Alfonsina Storni, aunque en verdad no me lo acuerdo completo, solo un parrafito (¡en el que no habla del mar!) pero que es perfecto: “Vulgaridad, vulgaridad me acosa/Ah, me han comprado la ciudad y el hombre/Hazme tener tu cólera sin nombre:/Ya me fatiga esta misión de rosa/¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,/me falta el aire y donde falta, quedo,/quisiera entender, pero no puedo:/es la vulgaridad que me envenena”.

   Entretanto, se me evaporó el agua de la palangana, qué embole. Lo que mata es la humedad. Tengo por ahí algunos libros para leer, pero ponerme las chancletas e ir a buscarlos me da fiaca. No importa: el periodismo cultural es un sacerdocio y no descansa ni en vacaciones. Pronto los voy a agarrar y la semana que viene versaré sobre ellos. Uno de ellos me genera mucho interés, pero no diré cuál. El factor sorpresa es parte de mi sex appeal.