El juego de las diferencias entre Pepe Scaloni y Donald Milei
Si bien extraer enseñanzas políticas del manejo de un grupo de futbolistas puede resultar audaz, no cabe duda de que el estilo del técnico argentino contrasta con el del presidente de la Nación.
“La manera de hacer es ser.” Lao Tse
“No tengan miedo, den la batalla contra el zurderío, que se la vamos a ganar, somos superiores productivamente, somos superiores moralmente; esto no es para tibios, ¡viva la libertad carajo!” Javier Milei
“Después de ganar algo, al otro día te levantás y tenés que seguir.” Lionel Scaloni
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1. Jugar no es lo mismo que vivir. Sin embargo, en lo vital es esencial jugarse. Cualquier metáfora política vinculada al deporte resulta de alguna manera insuficiente: no se juega como se vive. Pero sí se juega como se desea vivir. Como se desea. El deseo –y su eco filosófico, la voluntad– es una puerta de entrada para comprender otras cosas: aquello de arte, o sea de técnica, que tiene lo que hacemos se explica por ese vacío de saber que te hace buscarlo. La experiencia libertaria y el auge de las ultraderechas también obligan a pensar la política a partir de las acciones individuales. El rol del liderazgo, su sentido, su épica, su ética, su estética pueden pensarse constatando dos hechos: la ira de Javier Milei frente a la calma de Lionel Scaloni. También aquí hablamos de deseo, de la relación de los protagonistas frente al deseo.
2. En una esclarecedora columna publicada en PERFIL el domingo pasado, el psicoanalista Sergio Zabalza citó al filósofo coreano Byung Chul Han: “La presión para producir destruye el espacio para los juegos y las narraciones. El trabajo algorítmico de cálculo no es narrativo, sino puramente aditivo. Pensar es más erótico que calcular”. El desafío de liderazgo consiste precisamente en descubrir cuánto de erótica, de esa energía vital, hay en lo que hacemos. Nosotros y quienes nos siguen. Esa energía es la que habilita la acción y la interacción.
3. Esta semana, Javier Milei estalló. Fue en la Bolsa de Comercio, ante uno de sus socios, de 82 años. El estilo Milei, resumido en una escena: un jubilado lo chicanea, y el Presidente no administra el exabrupto, lo agranda. Bomba heredada, reelección, cien años de liberalismo y el clásico latigazo final –andate a Cuba– tomado prestado de sus propios discursos con Vox. No hay medida ni segunda voz: el atril es un ring, y ganar la discusión importa menos que ganar el exabrupto. La ira trumpista, por otros caminos...
4. Hay otras maneras. La de Pepe Mujica, por ejemplo: “Los mejores líderes son quienes, al partir, dejan un grupo de personas que los superan ampliamente”. Allí sí hay un mensaje que puede ser tomado desde el fútbol hacia la política. Pensar el liderazgo de otra manera, puede ser una de las enseñanzas de esta semana. El método Scaloni, más allá de sus ideas políticas (que el entrenador nunca expresó en público), revela una manera diferente de vincularse ante el poder.
5. La indispensable Hannah Arendt marca en algunos de sus escritos póstumos una falencia de su disciplina, la filosofía. Dice que muchas veces sus colegas, desde tiempos clásicos, desde Platón y Aristóteles, empobrecen sus argumentos, los superficializan, cuando piensan la cuestión política.
6. Aun así, el vínculo entre poder, liderazgo, violencia y empatía es un tema que recorrió las reflexiones en pleno siglo XX. Max Weber, en El político y el científico, desarrolló largamente la idea de cómo cierta forma sofisticada de la violencia, de la capacidad de conducir una suerte de violencia esencial, constituye a los poderosos. La ética del poder debe tener en cuenta esta cuestión.
7. El filósofo Gilles Deleuze le da una vuelta de tuerca a esta mirada: conducir es, también, saber que hay un ámbito que podemos llamar relacional y que trasciende en todo a lo ideológico, sin reducirlo, sino profundizándolo: “No debe sorprendernos el doble aspecto de la voluntad de poder: determina la relación de las fuerzas entre sí, desde el punto de vista de su génesis o de su producción, pero a su vez es determinada por las fuerzas en relación, desde el punto de vista de su propia manifestación. Por eso, la voluntad de poder es a un tiempo determinada y determinante, cualificada y cualificante. En primer lugar, pues, la voluntad de poder se manifiesta como el poder de ser afectado, como el poder determinado de la fuerza de ser afectada en sí misma. Es difícil, en este punto, negar en Nietzsche la inspiración de Spinoza. Spinoza, en una teoría extremadamente profunda, pretendía que a cualquier cantidad de fuerza correspondiese un poder de ser afectada. Un cuerpo tenía tanta más fuerza en cuanto podía ser afectado de un mayor número de maneras; este poder era el que medía la fuerza de un cuerpo o el que expresaba su poder. Y, por una parte, este poder no era simplemente una posibilidad lógica: a cada instante era realizado por los cuerpos con los que estaba en relación. Por otra parte, este poder no era una pasividad física: solo eran pasivas las afecciones de las que el cuerpo considerado no era causa adecuada”.
8. Hannah Arendt dice algo asociable a lo de Deleuze, desde otra perspectiva: “La política nace en el Entre–los–hombres, por lo tanto completamente fuera del hombre. De ahí que no haya ninguna substancia propiamente política. La política surge en el entre y se establece como relación. Así lo entendió Hobbes”.
9. De alguna manera, el liderazgo “a la Scaloni” puede ubicarse en este contexto: el liderazgo horizontal, la construcción colectiva, el reparto de roles –lo que Scaloni hace, en términos de Arendt, es no ubicar la política (el poder del equipo) en ninguna persona, ni siquiera en Messi. La deja circular en la trama de relaciones entre los jugadores. El plantel campeón no es la suma de individualidades lideradas por una sustancia-líder: es el “entre” mismo hecho carne. Por eso funciona el concepto de “grupo de trabajo”: el trabajo se sostiene en la relación, no en la autoridad de una sustancia.
10. Un dato para el pesimismo surge de la respuesta a la pregunta: ¿hay en la Argentina algún político tradicional que sostenga formas de este estilo de conducción? Sin embargo, la incomodidad de cierta política ante la ética que propone la Selección, puede abrir una puerta. Pasar del “elijo creer” al “elijo crear”.
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