El termómetro implacable de Wall Street para los gobiernos argentinos
El banco JP Morgan corrigió a la baja la previsión de crecimiento de la economía gobernada por Javier Milei después de que el Indec reveló que la actividad cayó más de lo esperado en julio. De acuerdo a la entidad bancaria, ese mes fue el peor del país desde abril de 2020, cuando comenzó la cuarentena obligatoria por la pandemia, lo que golpeó de lleno en todas las empresas del mundo. Desde Wall Street ponderaron importantes obstáculos para el modelo.
El banco de inversión más influyente de Wall Street volvió a marcar la agenda económica local tras ajustar sus proyecciones sobre la actividad económica. Con una trayectoria caracterizada por la contundencia de sus informes privados y sus movimientos estratégicos en momentos críticos, la entidad norteamericana consolida su rol como actor decisivo para los mercados locales, Wall Street y la política argentina.
JP Morgan es una entidad profesional. Considerada en las altas ligas financieras mundiales como absolutamente confiable en su capacidad de análisis y en su abstracción de amistades permanentes o transitorias, la firma suma a estas ponderaciones una comunicación directa, dura y pareja. En el pasado reciente siempre tuvo razón sobre Argentina y no tuvo problemas en ser apologista o condenatoria de ningún gobierno local, incluidos aquellos teóricamente cercanos a su doctrina defensora de los mercados financieros internacionales.
JP Morgan es considerado en las altas ligas financieras mundiales
El banco sacudió al mercado local y visitante con un informe privado —firmado por los economistas Diego W. Pereira y Lucila Barbeito— donde la idea disparadora fue una corrección a la baja del crecimiento de la economía argentina. El detonante fue el EMAE de julio, que sorprendió negativamente con una caída de 2,9% mensual desestacionalizada y 1,4% interanual, frente a la contracción de apenas 1% que esperaba la entidad.
Julio fue, según J.P. Morgan, el peor mes de actividad desde abril de 2020. Excluyendo la pandemia, la crisis internacional de 2008 y la crisis local de 2018-2019, había que remontarse a 2004 para encontrar una caída mensual de tal magnitud. La tesis central señala que el crecimiento de energía y minería no alcanza para compensar el debilitamiento de los sectores vinculados al mercado interno, ya que las actividades exportadoras generan poco derrame en los circuitos mayorista y minorista. Asimismo, identifica obstáculos para el consumo: inflación del primer trimestre superior a la prevista, menor dinamismo del crédito, aumento de la morosidad y debilidad del empleo urbano. La corrección del banco indicó un crecimiento anual de 1,5% con una fuerte desaceleración y proyectó una contracción anualizada del 4% en el tercer trimestre, anticipándose a informes similares de Barclays, Bank of America y Goldman Sachs.
No fue la primera vez en la gestión actual que el banco hizo ruido. En junio de 2025, el informe “Argentina: Taking a Breather” anticipó de manera directa la tirantez de los meses posteriores. Aconsejó a sus clientes desarmar posiciones en pesos (como las Lecap largas) y dolarizarse ante la finalización del pico de ingresos agrícolas, posibles ruidos electorales y salidas por turismo. Pese a que en el ámbito local se tildaba de “mandriles” a quienes cuestionaban la política cambiaria, nadie faltó el respeto a la entidad norteamericana, consciente de su poder de fuego entre los tenedores de deuda local y en Wall Street.
La posición defensiva se mantuvo hasta vísperas de las elecciones legislativas. Fechado el 22 de octubre, un informe previo a los comicios señaló que los valores deprimidos de los activos locales descontaban una derrota oficialista, cotizando a siete veces ganancias futuras (nivel compatible con un 30% de votos). No obstante, dejó una puerta abierta: si el oficialismo lograba superar un tercio de los escaños en Diputados, las acciones podrían revalorizarse rápidamente. Durante esos días, el banco celebró su cumbre anual en Buenos Aires con la presencia de su CEO global, Jamie Dimon, y figuras internacionales como Condoleezza Rice y Tony Blair.
Tras confirmarse el resultado electoral favorable al Gobierno, el banco cambió su sesgo el 27 de octubre con un informe decididamente positivo. Proyectó una caída del riesgo país de más de 440 puntos básicos —hasta los 650— y una recuperación acelerada de los bonos soberanos, asegurando que Argentina podría ofrecer el mejor desempeño entre los mercados emergentes. No obstante, trazó una hoja de ruta centrada en reformas estructurales, disciplina fiscal, acumulación de reservas y advertencias sobre las vulnerabilidades del esquema cambiario.
En 2018, la venta masiva de bonos del JP Morgan dio fin al carry trade de Mauricio Macri
El comportamiento del JP Morgan cuenta con antecedentes decisivos en la historia reciente. El 25 de abril de 2018, la mesa de dinero del Banco Central recibió una orden masiva e inesperada: la salida de Lebac y compra inmediata de dólares por más de u$s800 millones. La sorpresiva desincorporación provino del banco internacional más cercano al gobierno de Mauricio Macri, donde habían trabajado figuras de su equipo como Alfonso Prat-Gay, Luis Caputo y Vladimir Werning, y que había liderado la colocación de deuda para salir del default en 2016.
Esa jugada marcó el fin del idilio financiero y el desarme masivo del carry trade por parte de los grandes fondos internacionales. Ante la falta de certezas sobre cómo se financiarían los vencimientos del año, el retiro de posiciones aceleró la corrida cambiaria. Pocas semanas después, J.P.
Morgan distribuyó un duro informe advirtiendo que la suba de tasas fijada por el Banco Central resultaba insuficiente contra la fuga de capitales, recortando drásticamente sus previsiones de crecimiento e inflación para el país.
Con su capacidad de anticipación y su peso en las decisiones de inversión globales, JP Morgan reafirma su lugar como un juez implacable que evalúa la realidad económica argentina sin concesiones ideológicas ni lealtades políticas.