Enseñanzas de Europa para América Latina
En una entrevista para Le Monde, el reconocido economista Olivier Blanchard sostiene que “existe una oportunidad para convertir a Europa en una potencia capaz de competir con China o Estados Unidos”.
Esta visión de resiliencia realista, adaptación y reforma estructural convierte al Viejo Continente en un modelo de análisis invaluable para América Latina. A partir de las fortalezas europeas destacadas, la región puede extraer lecciones fundamentales para superar su fragmentación, modernizar sus economías y posicionarse estratégicamente en el tablero mundial.
Históricamente, América Latina ha luchado con procesos de integración débiles y fragmentados. Europa, por el contrario, ha comprendido que la unidad es la única vía para la supervivencia geopolítica. Blanchard subraya la necesidad de “recuperar una visión positiva y optimista de la Unión Europea” en contrastes con las nostalgias de autonomía sin contenido.
Una de las grandes fortalezas actuales de Europa es que las presiones externas la han obligado a cohesionarse e integrarse aún más. América Latina debe asimilar esta lección, en tanto solo superando las divisiones internas y actuando como un bloque económico y político-diplomático consolidado, podrá negociar en mejores condiciones ante los gigantes globales.
Asimismo, se destaca que Europa debe “dotarse de un sistema flexible que siga funcionando incluso cuando algunos de sus miembros intenten degradar o paralizar la Unión”. El autor señala específicamente la urgencia de “replantear la regla de la unanimidad”, la cual ha complicado enormemente decisiones críticas como los préstamos a Ucrania. Como solución, Europa se orienta hacia la idea de conformar “coaliciones de voluntarios” como un mecanismo que permita a los países que deseen avanzar en temas específicos hacerlo sin tener que esperar o ser vetados por el resto.
Para los organismos de integración latinoamericanos, aún endebles, fracturados y estancados, la adopción de mecanismo más dinámicos de decisión representaría un salto cualitativo hacia una gobernanza regional mucho más ágil y efectiva.
En este contexto, Europa y América Latina se enfrentan a la avalancha de exportaciones asiáticas que han sido desviadas hacia estos mercados como consecuencia indirecta de los aranceles impuestos por Estados Unidos.
Frente a esta amenaza a su industria, la respuesta europea que propone el autor no es una simple e instintiva guerra de aranceles, sino el “pragmatismo estratégico” con acuerdos bilaterales en los que “se invite a las empresas chinas a instalarse en Europa a través de empresas conjuntas con sociedades locales” para incentivar el empleo de cada país.
Además, el autor desmitifica el miedo a perder la soberanía industrial por aceptar capital extranjero. Argumenta que “no es problemático que empresas extranjeras posean porcentajes importantes del capital de industrias locales”, siempre y cuando exista una participación compartida y se generen beneficios reales y distributivos en el país anfitrión. América Latina, que a menudo se debate entre el proteccionismo estricto y la apertura desregulada. Frente a esta polarización, puede ver en este modelo europeo una vía para atraer capital extranjero condicionándolo a la transferencia tecnológica, la creación de empleo y la industrialización local.
Finalmente, establece una diferencia crucial sobre el uso del endeudamiento: “la deuda es legítima para financiar inversiones temporales, pero los nuevos gastos permanentes (como el aumento en defensa o la transición ecológica a largo plazo) deben financiarse con un nuevo esfuerzo fiscal o impuestos específicos”. Esta disciplina a lo largo del ciclo económico es un antídoto vital para América Latina, una región donde el endeudamiento suele utilizarse para financiar gasto corriente, generando ciclos recurrentes de crisis de deuda y perdida de autonomía para una política exterior que sostenga un modelo desarrollista.
*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Austral.