Frente a la elección del secretario general de Naciones Unidas se plantea que sea mujer y latinoamericana. Hasta ahora nunca una mujer ocupó ese cargo, algo que evidencia como una organización donde se avanzó en promover la igualdad de mujeres y hombres sin embargo nunca fue dirigida por una mujer. Esto es un indicio de como, en general, las organizaciones tienen grandes resistencias a aceptar el manejo por parte de una mujer.
Si bien ha habido y hay muchas mujeres que desempeñan cargos jerárquicos altos en los países y en la ONU, aun los países no delegan en una mujer la conducción. Una organización que debe enfrentar situaciones muy críticas, desde graves trastornos ecológicos, crisis sociales y políticas, guerras y conflictos armados, pandemias y otras que afectan al mundo o a vastas regiones y que requieren una conducción capaz de mantener el equilibrio, poder negociar y lograr superar las crisis con los menores daños posibles. Estas capacidades las poseen las mujeres como está evidenciado y probado, pero la persistencia de prejuicios que insisten en considerarlas débiles, que necesitan ser defendidas y que no pueden manejar situaciones críticas, cuando desde Eva superan una de las crisis biológicas más importantes que puede atravesar una persona desde el embarazo hasta el parto, pero los principalmente varones que ejercen la diplomacia siguen teniendo esos prejuicios.
Desde hace algunos años cada vez que se plantea está elección surge la propuesta de que sea mujer, ahora se suma latinoamericana. Esto porque es una región con muy pocos secretarios generales y se trata de buscar el equilibrio de las regiones. Esta no es una norma escrita por eso no es una condición excluyente.
Por ahora hay cinco candidaturas, tres son mujeres latinas y dos hombres: un africano y el otro de la región. Pero hasta septiembre puede haber más. Las tres mujeres son muy buenas candidatas con experiencia política importante en sus países, también en ONU, donde tuvieron que enfrentar situaciones muy difíciles y demostraron la capacidad para hacerlo. Pero deben lograr que los electores superen el prejuicio que se esconde en los posibles vetos que plantearán.
El sistema de elección no es igualitario, ya que la palabra la tiene el Consejo de Seguridad que integran algunos países, y los más poderosos tienen capacidad de veto. Esto que ha neutralizado las decisiones importantes que se requirieron frente a los conflictos como la invasión de Rusia a Ucrania y la guerra de Estados Unidos y sus aliados contra Irán; es lo que ahora va a surgir nuevamente frente está importante elección. Porque se plantea cuando se cumplen 80 años de su constitución y el actual secretario decidió convocar una reforma ante la crisis económica grave que padece y política por la falta de operatividad demostrada en estos conflictos.
Es interesante que quienes la critican son, en gran medida, los responsables de esta falta de operatividad. Esto pone en crisis su principal fundamento: el multilateralismo. Porque el vínculo entre países diferentes en poderío económico, territorial, militar y geográfico exige que todos tengan la misma capacidad de voz y voto para garantizar su soberanía. La reforma que se plantea va a ser implementada por la nueva secretaria general; de ahí la importancia de que sea una mujer, conocedora de la organización con experiencia en manejo político y con fuerte compromiso con todos los países, y respetuosa de la igualdad, algo que se ha perdido.
En la reciente V Conferencia Ministerial de Política Exterior Feminista, realizada en Madrid, 27 países de todo el mundo y un gran número de grupos de filantropía y organizaciones, aprobaron un documento que ratifica el compromiso de los Estados con los acuerdos internacionales y regionales para respetar, promover y garantizar los derechos humanos a todos; especialmente mujeres y niñas en toda su diversidad. Esto, especifican, comprende desde la acción política para legislar y establecer normas que aseguren la lucha contra todas las formas de la violencia de género y elimine la impunidad garantizando el acceso a la justicia; el respeto a los derechos a la autonomía corporal y los derechos sexuales y reproductivos, incluido el reconocimiento de la diversidad y las diferentes formas de familias; el cambio y reconocimiento de los cuidados como un derecho y obligación de los gobiernos; promover la paridad de la representación de mujeres y hombres en todos los niveles de decisión, y especialmente en la diplomacia; trabajar para garantizar la paz y el respeto a no atacar a la población civil en los conflictos armados, dentro del fuerte respaldo al multilateralismo y la vigencia de la democracia a nivel nacional, regional y mundial, así como el apoyo al Pacto del Futuro.
Por último y muy importante garantizar el financiamiento según el Compromiso de Sevilla (2025) disminuyendo los gastos militares y promover la igualdad de género. Todo esto fortaleciendo la paridad a nivel regional y mundial en los ámbitos de la política exterior. Por supuesto Argentina no participó y no firmará este compromiso, manteniéndose afuera de las conversaciones que se refieren a los derechos humanos, pero promoviendo a un hombre como secretario general. Por lo menos debemos reconocer es coherente en el negacionismo.