Hagamos grande a Feroe
Muchos de los puntos más sensibles del mundo actual no pueden comprenderse sin retroceder hasta la expansión vikinga y la formación de los primeros Estados del norte de Europa y de la Europa oriental. Groenlandia y Ucrania fueron fundadas casi al mismo tiempo por pueblos nórdicos que dejaron una huella en la geografía, la cultura y la política del continente euroasiático. Analizar esos procesos históricos permite ir más allá del discurso superficial y comprender mejor las contradicciones del nuevo desorden mundial, donde viejas dinastías, religiones, imperios y relatos ideológicos reaparecen bajo formas inesperadas.
Hace más de mil años, los vikingos fundaron, casi al mismo tiempo, dos países que son ahora centro de la tensión mundial: Groenlandia y Ucrania. El análisis de su historia y geografía nos ayuda a comprenderlos con más profundidad que los alegatos superficiales que circulan, cargados de ideología.Al analizar el mapa del Atlántico Norte, constatamos que la división entre Europa y América es un convencionalismo. Islandia, un país indudablemente europeo, es una isla que se encuentra a 300 kilómetros de Groenlandia –considerada americana– y a 2.400 de Dinamarca. Podríamos decir que es tan americana como la “isla verde”.
Orígenes y colonización. Ambos países recibieron sus nombres en el siglo IX: en nórdico antiguo Islandia significa “Tierra de Hielo” y Groenlandia, “Tierra Verde”. En el año 986, Erik el Rojo y sus seguidores llegaron y establecieron una colonia nórdica en la que se consagró, en 1.124 Arnald su primer obispo católico. Durante la Pequeña Edad del Hielo, entre los siglos XV y XVIII, los nórdicos se retiraron del territorio, que volvieron a ocupar después. Actualmente, el 80% de los groenlandeses son inuit (llamados antes esquimales) y el 20% daneses.
Durante más de diez siglos, Dinamarca ha estado presente en los dos continentes. Son parte de su territorio Groenlandia, las islas Feroe y la propia Dinamarca. Hasta 1944 lo fue también Islandia.
Son estados pequeños por su territorio y población, pero grandes por su respeto a la gente y a las ideas liberales. En 1980, la islandesa Vigdís Finnbogadóttir fue la primera mujer en la historia mundial elegida democráticamente como presidenta. El respeto a la diversidad y a las creencias de los otros incluye al “Huldufólk”, el pueblo de los duendes. En 2013 se detuvo la construcción de la carretera de Ófeigshid porque la comunidad de ese sitio consideraba que podía afectar a una iglesia habitada por ellos.
Feroe es un estado original, con menos de 60 mil habitantes, una red de túneles alucinante y un enorme compromiso con el medio ambiente. Los estados daneses son geográficamente pequeños, pero grandes por sus instituciones y por buscar el bienestar de sus habitantes. De alguna manera hacen recordar a Bután, un país en las antípodas geográficas, que en vez de medir el Producto Interno Bruto (PIB), mide la Felicidad Nacional Bruta (FNB).
La expansión vikinga y el Rus de Kiev. El siglo IX fue el del esplendor de los pueblos nórdicos. Además de colonizar el Ártico, los vikingos descendieron desde el Báltico por los ríos Dniéper y Volga, controlando la vía fluvial que llegaba al Mar Negro. En 862, el líder sueco Rurik estableció la dinastía rurika para gobernar lo que llamó el “Rus de Kiev”, origen de todas las Rusias. En el año 988 adoptó como religión oficial el cristianismo ortodoxo.
Después de la destrucción del Rus por los mongoles, surgieron Ucrania, Bielorrusia y la Rusia de Moscú, que siguió gobernada por la dinastía nórdica, hasta la muerte de Teodoro, hijo de Iván el Terrible en 1598. Los idiomas de los tres países son tan similares como el español y el portugués.
Geopolítica y tensiones actuales. Rusia mantuvo una actitud expansionista, obsesionada por acceder al Atlántico. Cuando formó la Unión Soviética cumplió su sueño de conquistar los países bálticos, intentó anexar Finlandia y expulsó a los alemanes de Königsberg, capital de Prusia, para formar el enclave de Kaliningrado, conectado con Bielorrusia a través del corredor de Suwalki, de cerca de 100 kilómetros, situado en la frontera entre Polonia y Lituania. Es uno de los sitios más delicados del mapa europeo. Si Rusia bloquea esa pequeña franja, podría aislar a Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia del resto de Europa, facilitando su anexión. El intento de conquistar a Ucrania tiene el mismo sentido, pretende recuperar el control de la península de Crimea y asegurar su salida al Mar Negro.
Contradicciones políticas modernas. La realidad trasciende las ideologías que explicaban la política el siglo pasado. Resulta incoherente que grupos progresistas y colectivos LGBTI respalden regímenes como los de Rusia e Irán en contra de Occidente.
Irán es uno de los países más oscurantistas del mundo. Las manifestantes que lo apoyan, si no sean estrictamente fieles con su pareja, y quienes pretendan organizar una marcha del orgullo gay en ese país, serían inmediatamente ejecutados. Rusia defiende la supremacía racial rusa, asesina a los opositores, no reconoce los derechos de las mujeres y persigue a las minorías.
Los revolucionarios soviéticos ejecutaron a la familia Romanov. Vladimir Putin, exjefe de la KGB, aparece como un ortodoxo devoto; ordenó su canonización y los venera junto a Stalin, que logró expandir Rusia durante la “Gran Guerra Patriótica”.
En el nuevo desorden mundial, Rusia e Irán aparecen como líderes de una izquierda confundida, y cualquier presidente puede decidir descaradamente que anexa un país vecino porque lo “necesita”. Esperemos que ninguno de nuestros vecinos crea que necesita a la Argentina y pretenda plantar aquí su bandera.
* Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.