Detrás de la sorpresiva moderación oficial

La breve tregua de Javier Milei es solo una pausa en el inevitable camino del líder radicalizado

Tras la sorpresiva y breve tregua discursiva de Javier Milei, el análisis sobre el formato extremista en la política actual, el espejo con el kirchnerismo y la teoría que explica por qué el estilo presidencial es en sí mismo una posición ideológica.

Javier Milei, Presidente de la Nación Foto: AFP

Ya hemos visto varias veces que, de manera súbita e imprevista, el presidente Javier Milei modifica sus modos y aparece como "abuenado". Es una dinámica que ya había ocurrido, por ejemplo, luego de las elecciones del año pasado, y que en aquella oportunidad duró muy poco. A raíz de este comportamiento, quiero repasar un poco mi teoría sobre qué ocurre realmente con los líderes radicalizados.

La radicalización, las posturas extremistas, el lenguaje virulento, las persecuciones, los agravios y el exceso de insultos constituyen un formato radicalizado de la política que hoy se encuentra muy vigente en todas partes del mundo. En el plano local, los Kirchner han sido, al menos en estos últimos años, los padres fundadores de este fenómeno de la radicalización en la Argentina.

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Sin embargo, creo que los argentinos ya hemos aprendido una lección fundamental: la radicalización nunca retrocede; a lo sumo, cambia su velocidad. Esto lo hemos visto en nuestro país con el propio Milei y con los Kirchner, pero también lo observamos a nivel internacional con figuras como Donald Trump o Viktor Orbán. Todos estos líderes actuales que transitan por el extravío radicalizado lo único que hacen, de tanto en tanto, es ralentizar la situación. Esa pausa puede durar un día, dos días o dos semanas. Pero, como nos enseñó siempre Rosendo Fraga, los líderes pueden cambiar de ministro, de ideología o de partido político, pero lo que nunca cambian es de estilo.

En el caso específico de Javier Milei, el estilo es en sí mismo una posición ideológica. Hay un sector de la sociedad, gente que lo sigue y periodistas que procuran justificarlo, que subestima el tema de las formas. Suelen decir: "Bueno, en realidad no es tan importante", como si se tratara simplemente de un rasgo de alguien que es "mal copado". Pero en el estilo hay una ideología profunda. Sobre esto resulta muy oportuno lo que señala Jorge Fontevecchia, quien en un reciente escrito se refiere con precisión a "la vulgaridad del presidente".

En esa dimensión de tanta vulgaridad, tan combativa y tan extremista, se encierra una posición ideológica muy clara, que tiene que ver con el rechazo absoluto al otro y con la pretensión de adueñarse de la propiedad de la verdad. Es cierto que en estas últimas 48 horas el presidente Milei se tranquilizó y mostró un tono más moderado. Pero, conociendo la naturaleza de este formato político, esa calma puede durar apenas diez minutos o, con suerte, siete días. 

 

MEG/ff