OPINIóN
Sube y baja

Un liderazgo absolutamente emocional ¿Qué le pasa a Milei?

Un artículo de Gustavo González reabrió una pregunta que el círculo rojo prefería evitar. Entre explosiones verbales, cambios de ánimo y una actividad frenética en redes sociales, la discusión sobre la emocionalidad del Presidente empezó a instalarse incluso dentro del oficialismo.

Javier Milei 25052026
Javier Milei saluda desde el balcón de la casa rosada. | AFP

Con mucho criterio, Gustavo González, un periodista muy serio que dirige PERFIL, escribió el domingo un artículo que se llama “¿Qué le pasa a Milei?”.

Lo hace, por supuesto, violentando algunos mitos o algunas cosas de las que, generalmente, no se habla mucho, que es qué le pasa a Milei.

Dice Gustavo en su artículo: “Esta es una pregunta que el círculo rojo elegía no hacerse, o se hacía por lo bajo”.

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A mí me consta que esa pregunta se hacía todo el tiempo: “¿Qué le pasa a Milei?”.

“Porque, como molestamente vivimos diciendo en esta columna, siempre se prefirió hacer de cuenta que todo esto es normal”, que lo que pasa en Argentina es normal, dice.

“Que ahora se comience a preguntar explícitamente qué le pasa a Javier Milei puede deberse a que en las últimas semanas su emocionalidad alcanzó extremos preocupantes”, dijo Gustavo.

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De hecho, ayer —esto lo agrego yo—, cuando el Presidente aparece con una emocionalidad disminuida, es parte de la emocionalidad, no es una cuestión estable.

Inclusive ayer, cuando el Presidente aparece muy amable, ya la hemos visto: un Presidente que parece haber cambiado, que se volvió previsible, que no insulta a quien le ha formulado una crítica suave, que fue García Cuerva, que básicamente se parece a todas las críticas que los arzobispos de Buenos Aires ofrecen a los gobiernos en cada Tedeum desde que tengo uso de razón.

Pero el presidente se mostró muy calmado ayer. Entonces, ¿eso es un cambio o es parte de esa emocionalidad? De ese sube y baja que explica el comportamiento del presidente Milei.

Vuelvo al artículo de Gustavo, que dice: “La mayoría de los días el presidente Milei se mostró excitado, sumando insultos y enemigos, desbordado y gestualmente explosivo. En otras ocasiones, apareció pausado en exceso, tanto en su decir como en sus movimientos”. He notado eso.

Mauricio Macri —sigue Gustavo— es uno de los que siempre ha notado que algo pasaba con su emocionalidad. El jueves pasado lo explicitó y dijo: ‘Es un liderazgo emocional, absolutamente emocional, él se ve como un profeta’”. Así abonó la idea de la emocionalidad importante que instaló Patricia Bullrich después de que Milei la callara a los gritos en una reunión de Gabinete, que ocurrió cuando Patricia Bullrich reclamó lo que no ocurrió: que Manuel Adorni presente su bendita declaración jurada, si es que algún día tal cosa ocurre.

Javier Milei

Vuelvo con Gustavo: “El concepto de emocionalidad es una metáfora”, que acá Gustavo no tiene ninguna duda en hablar como corresponde. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de emocionalidad? De una metáfora.

“El concepto emocionalidad es una metáfora que comenzaron a usar funcionarios y aliados para no calificar de un modo más directo sus recurrentes altercados y cambios de carácter”, dice. Javier es así, qué vas a hacer.

Agrega Gustavo González: “En los días en los que se lo vio más excitado, entre el 6 y el 20 de mayo, llegó a estar más de cuatro horas conectado a X, ex Twitter. Suele dedicar entre dos horas y media y tres horas a esa actividad, arrancando a veces a las tres de la madrugada y con picos registrados en plena jornada laboral”.

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Él hace algunos comentarios sobre los días frenéticos de Milei y dice: “Atacó a los ‘periodistas de mierda’, por haber relacionado a su amigo y excandidato Espert con Machado; acusó a Débora Plager de asesina y de cómplice del genocidio por la posición de la periodista sobre la ley del aborto; y llamó ‘lechón iraní’ a la exlegisladora de La Libertad Avanza, Marcela Pagano, y calificó de ‘mierda humana’ y ‘basura inmunda’ a un conductor de TN cercano al oficialismo. Lanzó insultos contra medios, empresarios y economistas, incluso a los que se muestran más cerca suyo”.

Al final del artículo, Gustavo apela a una figura platónica, de Platón, que es el “arte del auriga”. En resumen, Platón presentó una metáfora de un hombre que conduce un carro tirado por dos caballos: uno es el placer y el otro el deber, y que el arte consiste en templar la fogosidad, los impulsos, el placer, haciendo correr los caballos de forma equilibrada, que el caballo del deber compense la fogosidad del caballo sin razón.

Y Gustavo sugiere que eso no se ve. Me pareció un artículo bastante educado para explicarnos un problema, que es: ¿qué le pasa a Milei?.