Las naciones sean unidas
Parafraseando la Marcha de las Malvinas, la irrupción del tema en el discurso oficial oculta, tras un manto de neblina, la reafirmación de un alineamiento: el de las derechas que acompañan a Trump. Todo, en el contexto de la pelea interna entre los miembros de la mesa política del Gobierno.
“Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera;
tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean los devoran los de ajuera”.
José Hernández, La vuelta de Martín Fierro
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1. Mientras Javier Milei exponía ante la Asamblea General de las Naciones Unidas un discurso que sumaba la cuestión Malvinas a una serie de definiciones de alto contenido ideológico, la mesa política del gobierno nacional siguió negociando. A la imagen de diálogo amistoso entre sus miembros –especialmente con la díscola Patricia Bullrich– se sumaron las fotos de cortesía. Sin embargo, a veces los políticos dicen más de lo que quieren mostrar. Tal lo que sucedió a la salida de la sesión del Congreso, en el intercambio entre la propia senadora y el periodista Eduardo Feinmann. Ante la pregunta sobre la reelección del Presidente y la ya habitual respuesta sobre la reelección del proyecto, Bullrich quiso insistir en la buena onda entre los miembros más cercanos al poder, y enfatizó: “Estamos peleando por eso”. La situación del Gobierno, ante los datos de pobreza y la caída de la actividad, es esa: “Estamos peleando”. La referencia al Martín Fierro también aparece aquí. Y es una marca que abre más incertidumbre de cara al año electoral. Se podría afirmar que, cuando quieren decir que está todo bien, enuncian que van de pelea en pelea.
2. La aparición de la cuestión Malvinas en el discurso del Presidente ante la Asamblea es, quizás, la disrupción. Pero casi todo el resto de su alocución continúa sus discursos precedentes, especialmente el de 2024. Cabe pensar la cuestión Malvinas no como una reivindicación soberana, sino como una muestra más de un alineamiento: el del Presidente con todo un espectro político que está en contra de una gobernanza global. El liberal libertario se opone con fuerza a uno de los ejes del liberalismo, que tiene su centro en los consensos entre los distintos países, las distintas regiones, las distintas zonas del planeta.
3. Veamos algunos aspectos del discurso de Milei. La ONU “se convirtió en una organización inútil que solo sirve para alimentar una casta de parásitos”. Completa la imagen con “fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bien intencionados”, y cita a Mises: “Las buenas personas no piensan en controlar la vida de sus semejantes”. Acusa a los responsables de la seguridad colectiva de haber permitido “el caos, la violencia y el terrorismo internacional”. Uno de los ejes estuvo en la gestión de los organismos internacionales durante la pandemia de covid-19, que “debería avergonzar a esta organización para siempre”. Acusa a los organismos dependientes de la ONU de haberse antepuesto a la evidencia científica y a la soberanía de las naciones al promover los encierros, que habrían destruido empleos, arruinado la educación de una generación y costado millones de vidas.
4. El resto de la semana de Milei en los Estados Unidos fue en esta línea: el elogio de la inteligencia artificial –la “superinteligencia”, en el lenguaje de Trump–, la proximidad con Benjamin Netanyahu (que debería leerse a la luz de la cuestión Malvinas) y, antes, la participación en la sesión del Escudo de las Américas.
5. Veamos qué dijo Trump sobre la ONU. Se atribuyó, junto con el embajador Mike Waltz, las reformas más amplias de la historia de la organización: un recorte del presupuesto del 15% en 2026 y la eliminación de más de 4.000 puestos. La frase clave, casi gemela de la de Milei: la ONU tiene potencial, pero debe dejar de imponer “the far left agenda of globalist bureaucrats who nobody ever elected” (“la agenda de extrema izquierda de burócratas globalistas a los que nadie eligió”). Contó que su gobierno frenó un impuesto global al carbono de la Organización Marítima Internacional y proclamó que no hay gobierno global ni habrá impuestos globales mientras él sea presidente. Llamó a todos los miembros de la Corte Penal Internacional a retirarse de inmediato. Acusó a los “globalistas” de destruir, con su promoción de la migración masiva, las culturas que la Unesco dice proteger. Y sostuvo que no existe un derecho humano a la inmigración ilegal, pero sí el derecho a seguir siendo una nación soberana.
6. En su artículo Globalismo, publicado en Le Grand Continent, el historiador italiano Steven Forti recorre el modo en que las ultraderechas se oponen precisamente a la idea de “globalismo”. Y ubica al Presidente argentino en un lugar propio: “A las dimensiones económica e identitaria se suma una tercera vertiente, encarnada por el presidente argentino Javier Milei: el rechazo al multilateralismo y la contestación del orden internacional liberal. Ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre de 2024, el líder paleolibertario describió a la ONU como “un modelo de gobierno supranacional de burócratas internacionales que pretenden imponer a los ciudadanos del mundo un modo de vida determinado”, lo que, en su opinión, atenta contra la libertad individual, la propiedad privada y el libre mercado en beneficio de “políticas colectivistas”. Siguiendo los pasos del Estados Unidos de Trump, Milei oficializó unos meses más tarde la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud y su retirada de las negociaciones sobre el clima, al tiempo que se distanciaba del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas”.
7. José Antonio Sanahuja, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, y Camilo López Burian, profesor de la Universidad de la República de Uruguay, escribieron que “las nuevas derechas neopatriotas se caracterizan por mostrar un perfil ultranacionalista y soberanista, así como una fuerte retórica antiglobalista. Y más que a los sectores medios y altos, que se sienten más cómodos con la apertura económica y cultural, logran movilizar a quienes se sienten amenazados por la globalización, sea por razones socioeconómicas o por sus implicaciones socioculturales –rechazo a las sociedades abiertas y a la diversidad cultural, étnica o de orientación sexual–, especialmente a clases medias y medias bajas. Recurre a un discurso nacionalista y populista y, en algunos casos, se asocia a actores religiosos que reivindican valores tradicionales y un discurso de ‘ley y orden’ relacionado con la remilitarización de la política”.
8. Cabría pensar el malvinismo de Milei desde esta mirada: cuánto hay de refuerzo del Escudo de las Américas de Trump y cuánto de populismo soberanista en el giro del Gobierno. A la sociedad le corresponde evitar que Malvinas sea ese “significante vacío” que los populismos llenan con facilidad. Vale la pena repasar el título del artículo de Sanahuja y López Burian: “Las derechas neopatriotas en América Latina: contestación al orden liberal internacional”. El “estamos peleando” también le cabe en este sentido. Asimismo pelean contra el liberalismo global.
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