CULTURA
Polémica litreraria

Caso Harwicz: un festival expulsó a una escritora y consiguió publicidad mundial

La decisión de retirar la invitación a Ariana Harwicz del festival Cultur-ALH de Granada desencadenó la discusión que los organizadores no quisieron tener en sus salas. Hubo comunicados cruzados, cartas con centenares de firmas, acusaciones de censura y defensas del boicot; John Banville renunció a participar. La escritora argentina quería discutir ante un público contrario a sus posiciones sobre Israel y Gaza, pero terminó haciéndolo desde afuera.

26_09_2026_caso_harwicz_cedoc_g
Debate. La escritora posando junto a sus libros, en una de sus visitas a Buenos Aires. Al lado: el flyer con los invitados y las tachaduras de la propia autora, evidenciando las ausencias. | Cedoc

El viernes 18 de septiembre, la escritora argentina Ariana Harwicz –nacida en 1977 y residente en Francia desde 2007–, denunció en la red social X su “desinvitación” al festival Cultur-ALH (Granada, España): “Me desprogramaron a último momento. Cedieron a la presión de militantes. Cedieron al terror. Yo quería ir igual aunque hicieran una manifestación, dijeron que sería peligroso. Será un Festival sin disidencia. Qué pena por los estudiantes”. Refiere a pedidos concretos de una organización universitaria pro Palestina y militantes de izquierda.

Harwicz ejerce con notable energía la polémica y señaló el silencio de otros: “Estos aprietes funcionan tan bien porque nadie dice nada. Y porque todos tienen miedo. Incluyendo los profesores de universidad y organizadoras del Festival”. Mensaje para los argentinos que participan del festival: Gabriela Cabezón Cámara, Rita Segato, Andrés Neuman, Victoria Szpunberg, Nicolás Hochman, Magdalena Cámpora y Claribel Terré Morell.

Destaca Daniel Gigena (La Nación): “Desde 2024, las universidades de Granada y Jaén suspendieron su colaboración científico-técnica con las universidades israelíes por no condenar la guerra y la violación de derechos humanos en Gaza.” Si Harwicz toma posición por el Estado de Israel y los organizadores acusan al ese gobierno de aplicar un plan genocida contra los palestinos, ¿por qué Harwicz quería participar en un evento hostil a su posición? Ella quiere dar debate, tener resonancia. Cuando, tal vez, debió aplicar la máxima del judío norteamericano Groucho Marx: “Nunca pertenecería a un club que admitiera como miembro a alguien como yo”.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Y así como no ocurrió la polémica, aconteció la difusión: todo tomó dimensión mediática internacional, en nuestra y otras lenguas. Los portales de noticias subrayaron la censura, desde que era un ataque a la libertad de expresión a cancelación porque la escritora es judía y sionista.

El mismo día 21, la Universidad de Granada emitió un comunicado desligándose y adjudicando toda la autoridad a los organizadores, algo así como “nosotros no fuimos, pero por las dudas no vengas”. El embajador argentino en España, Wenceslao Bunge Saravia, envió carta a Pedro Mercado Pacheco –rector de la Universidad de Granada–, preocupado por la “exclusión de la destacada escritora y ciudadana argentina” (pero en nada preocupado por la desfinanciación de las universidades argentinas desde el gobierno que integra). En un comunicado en redes sociales de escritoras que participan del evento, se justifica la exclusión de Harwicz por negar el genocidio palestino. Lo firman la argentina Rita Segato, Brenda Navarro, Lina Meruane, Gabriela Wiener, Sabrina Urraca y María Fernanda Ampuero.

El pasado miércoles 23, circuló una carta abierta en defensa de Harwicz que cuenta con 600 firmas de “la cultura”. Existen dos versiones de la misma, con el mismo final: “Sin libertad para disentir no hay pensamiento.

Sin pluralismo no hay cultura.” Algunos firmantes: Fernando Savater, David Rieff, Margo Glantz, Óscar Tusquets, Andrés Trapiello y Santiago Roncagliolo. La Federación de Comunidades Judías de España y el Foro Argentino contra el Antisemitismo condenaron la exclusión. Ese día también desistió de participar la figura principal, quien debía cerrar el festival, el escritor irlandés John Banville (premio Booker y Princesa de Asturias). Tanto Acción Cultural Española y el Instituto Cervantes mantuvieron silencio.

Ayer, con una semana de debate, apareció otra solicitada, en apoyo a las firmantes que participan del festival y emitieron el comunicado del día 21. Con 500 firmas, entre ellas: Lucrecia Martel, Fernanda Trías, Camila Sosa Villada, Nona Fernández, Jazmina Barrera, Alejandro Zambra, Paul B. Preciado y Patricia Escalona, programadora del festival. Expresan: “Proponemos organización, boicot, protesta y acción colectiva, pública, pacífica y legal. Si hacen de la industria literaria un lugar hostil para quienes defienden al pueblo palestino, nos organizaremos para que la vergüenza cambie de bando.”

Ante la secuencia descripta, ¿quién se beneficia de todo esto? Ni los palestinos (ningún escritor de ese origen estaba invitado al evento), ni los israelíes. ¡El gran beneficiado fue el ayuntamiento de Granada! Dio a conocer su existencia de manera gratuita a todo el orbe. Cultura y turismo van de la mano… ¿Y la vanguardia? Es esta práctica liberal: vendemos algo, no importa qué, pero vendemos.

Un festival sin relevancia, pero con ínfulas

O.G.

En octubre de 2025 se realizó la primera edición de Cultur-ALH (culturalh.org), festival que contó con “las voces más relevantes de la literatura y el pensamiento contemporáneos”, en palabras de los organizadores, como Salman Rushdie, Mariana Enriquez, Cristina Rivera Garza, Hervé Le Tellier, Camila Sosa Villada, entre otros. Fue organizado en España por el Patronato de la Alhambra y el Generalife, en colaboración con la Universidad de Granada y el Ayuntamiento de Granada.

La edición de este año, ocurre entre el 21 y 27 de este mes, cuenta con al menos 62 invitados, consignando que “Granada y el sur seguían reclamando la vanguardia que, hace un siglo, convirtió esta ciudad en un territorio de experimentación y mestizaje entre literatura, música y artes. Encarnada entonces, como hoy, en voces consagradas y disidentes”. Tanto la primera como esta edición cuentan con el apoyo del British Council y la Embajada de Francia en España. Incluso la ciudad de Granada promociona el mismo como “Capital Europea de la Cultura 2031”. Otras instituciones que apoyan la iniciativa: Acción Cultural Española y el Instituto Cervantes, cuyo director, Luis García Montero, participa en la programación del festival.