opinión

Lesiones sin estadísticas, la falacia argentina

Cerutti. El jugador de San Lorenzo se rompió los ligamentos cruzados ante Boca. Foto: captura tv

Todo aquel que haya transitado alguna vez el fútbol profesional sabe que es un ecosistema de altísima demanda física, donde la anatomía y la fisiología se someten a tensiones que coquetean constantemente con el límite de las capacidades humanas. Y, cuando uno busca el límite, sabe que puede pasarse de largo y que el cuerpo se lo va a cobrar en forma de lesiones. 

La nueva “epidemia” de lesiones de ligamento cruzado anterior (LCA) del fútbol argentino, que saltó en los medios y en las redes sociales, es el disparador de un análisis que debería trascenderlo. La reiteración temática es la demostración que estamos realmente en problemas: cuando un par de posteos consternadores libera de responsabilidad y distiende hasta la próxima ola.

La rotura del ligamento cruzado anterior es el temor más grande del jugador 

Si usted está leyendo estas líneas con la expectativa de saber sobre Portillo, Cerutti, Carboni o cualquiera de los otros afectados, debe parar de leer ahora. Acá no va a encontrar ningún dato sobre ellos. Ahora, si su objetivo es entender la raíz del problema y la falacia vista, ahí sí le recomiendo que siga leyendo los cinco minutos que le restan.

A grandes rasgos, la literatura científica es prolífica en datos (algunos mejor recabados que otros) e irrefutable en resultados: los miembros inferiores son más afectados que los superiores, las lesiones musculares son más frecuentes que las osteoarticulares y dentro de las lesiones musculares, en primer lugar están los isquiotibiales. Estas son premisas básicas que conocemos todos, pero sin ningún dato sistemático ni registro unificado a nivel país. 

Por otro lado, están las publicaciones, medios y redes sociales, que muchas veces confunden datos como la prevalencia, que describe la proporción de individuos dentro de una población específica que experimentan al menos un evento (lesión) durante un período determinado; con la incidencia, que estandariza el riesgo al medir aparición de nuevas lesiones en relación a tiempo de exposición (entrenamiento y partidos); o la carga lesional (injury burden), que evalúa impacto real (severidad acumulada por esas lesiones) en la disponibilidad del plantel calculando días perdido por cada 1.000 horas de exposición. 

Evento catastrófico

En el fútbol, la rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) es el temor más grande del jugador: es un evento catastrófico, típicamente originado por la rotación de la rodilla en valgo y flexión con el pie anclado al piso. En esta nebulosa de datos a la que hacíamos mención y siendo la rotura de LCA, no es casual que el tema salta en agenda siempre en estos momentos del año. La anterior fue hace justo dos años.

Nuestro tendón de Aquiles radica en la prevención asociada a la incapacidad para medir su incidencia con rigor estadístico, cuando subestimamos la variable “tiempo” y no tenemos registros unificados y fidedignos. Sin ellos, la epidemiología naufraga en la impericia y hablar de riesgo es un sacrilegio.

Las directrices del Comité Olímpico Internacional (COI) y el legendario reporte UEFA Injury Study (con más de veinte años de recolección ininterrumpida) son claras: la base de un reporte epidemiológico robusto requiere registrar el tiempo exacto de exposición individual de cada jugador en minutos, diferenciando meticulosamente la carga de entrenamientos y partidos, y excluyendo sesiones de rehabilitación.

Por ende, llegado a este punto, ya tenemos claro que cualquier publicación que ponga números de lesiones en el conjunto del fútbol argentino es una falacia hecha y derecha. Falacia más preocupada por ganar likes y retuits que por generar conciencia sobre el oscurantismo en el que vive nuestro fútbol al no tener estadísticas unificadas. Puede haber trabajos de un club o un par de clubes, pero al día de hoy no hay nada organizado y para medir la congestión de partidos y luego asociarla a riesgo de rotura de LCA hay un montón de tarea pendiente.

Unificar e institucionalizar registros es clave. Mientras tanto, acumulamos notas y posteos falaces que llaman la atención, pero confunden en lugar de solucionar algo.