Durante la última dictadura militar argentina fueron muy importantes las muestras de solidaridad democrática internacional, tanto en el apoyo moral a las víctimas de la persecución política y el activismo de derechos humanos en esos años de plomo, como para visibilizar sobre la grave situación en el país, incluyendo las desapariciones forzadas, y de esa manera señalar, avergonzar y presionar al régimen de la junta militar.
Esta solidaridad internacional proveniente del mundo democrático incluyó tanto a diplomáticos cumpliendo misión en embajadas como a periodistas extranjeros en Buenos Aires, gobiernos, organismos, medios de comunicación y organizaciones de derechos humanos, entre otros actores internacionales.
Al respecto, teniendo en cuenta que ningún espacio de la memoria en la Argentina incluye a quienes entonces fueron una valiente voz de los que no tenían voz, desde Cadal, fundación privada y apartidaria dedicada a la promoción de los derechos humanos y la solidaridad democrática internacional, se vienen recopilando casos con el objetivo de crear un museo que los recuerde. A continuación, se acompañan algunos ejemplos.
La diplomacia comprometida. Los casos más recordados por su labor diplomática solidaria en la Argentina durante la última dictadura militar son los del cónsul italiano Enrico Calamai y el norteamericano Allen “Tex” Harris, junto al embajador de Canadá Dwight Fulford y las embajadas de Francia, Israel, Suecia y Venezuela.
Calamai escribió un libro en el cual narra su experiencia. Titulado Razón de Estado: perseguidos políticos argentinos sin refugio, y publicado en 2007 para su distribución gratuita por la Asociación Cultural Toscana de Buenos Aires, la obra del diplomático italiano ofrece una excelente crónica de la situación política, tanto en Chile como en Argentina, y la ayuda brindada a centenares de perseguidos políticos, por lo cual Calamai ha sido calificado como el “Schindler” durante la dictadura militar.
En palabras del propio Calamai: “Pude comprobar las posibilidades reales de intervención humanitaria que ofrecen los privilegios y las inmunidades reconocidas por el derecho internacional”. Y agregaba: “La inteligencia de la diplomacia debe encontrar la manera de interponerse entre la brutalidad del poder y sus víctimas; el primero, solo preocupado por la eliminación de cualquier posible opositor, las segundas, en busca de cualquier puerta abierta para su supervivencia física”.
Por su parte, el diplomático Allen “Tex” Harris, asignado en la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires, recibió denuncias de desapariciones en la sede de la embajada y asistió a la ronda de las Madres de Plaza de Mayo frente a la sede del gobierno nacional, la Casa Rosada. Harris logró condicionar un préstamo para la Armada Argentina a cambio de aceptar una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Dicha visita, realizada en septiembre de 1979, fue un punto de inflexión en la dictadura militar argentina.
Cuando falleció, en febrero de 2020, la Cancillería argentina publicó un comunicado en el que recordó: “Tex Harris fue destinado a la Argentina desde 1977 hasta 1979, período en el cual abrió las puertas de la Embajada de los Estados Unidos a los familiares de desaparecidos e intentó ayudarlos a encontrar a sus seres queridos. Durante este período presentó 13.500 denuncias sobre graves violaciones a los derechos humanos y dio a conocer al mundo lo que sucedía en nuestro país a través de minuciosos informes elaborados en base a los testimonios recopilados. Por su importante labor, fue condecorado por el gobierno del presidente Néstor Kirchner con la Orden del Libertador San Martín en el año 2004”.
El 23 de enero de 2009 falleció Dwight Fulford, a los 78 años, embajador de Canadá durante la última dictadura militar argentina, quien también se destacó por su labor comprometida con los derechos humanos apoyado por su esposa, Bárbara. El exdirector del diario Buenos Aires Herald, Bob Cox, le dedicó un artículo en el cual recuerda que “el hecho de que no se haya contado su historia acerca de la defensa de los derechos humanos y de vidas humanas demuestra cuán diplomático era”. Y agrega, “el compromiso de los Fulford hacia los derechos humanos no era conocido por el staff de la embajada”. Cox cita a Adriana Chamorro, quien pasó primero por “el infierno” de la prisión clandestina con su marido, luego por una prisión en Villa Devoto y una libertad provisoria, hasta que ellos y sus hijos recibieron visas para entrar a Canadá: “Aún sentimos la calidez del apoyo, la preocupación y la solidaridad infalible de la embajada canadiense durante la dictadura”. La familia recuerda haberse ido del aeropuerto de Ezeiza bajo el cuidado de la embajada.
Cox también remarca de la Embajada de Canadá en Buenos Aires la destacada labor en derechos humanos que cumplió Colleen Cupples, quien llegó a Buenos Aires en 1981 “como primera secretaria (inmigración) y comenzó a utilizar un programa para prisioneros políticos y personas oprimidas conocido con una palabra formada por sus iniciales: PPOP”. El Programa logró excarcelar a personas presas políticas y exiliarlas en Canadá.
En diciembre de 1979, el entonces embajador de Suecia, Karl-Anders Wolter, brindó protección al periodista Robert Cox y a su familia, facilitando el traslado al aeropuerto de Ezeiza luego de las amenazas recibidas por el director del Buenos Aires Herald.
En el caso de Venezuela, uno de los tres países democráticos de América Latina en esa época, su embajada cumplió un rol importante brindando refugio a perseguidos políticos. Recientemente, Gustavo González recordaba en un artículo en PERFIL cómo en marzo de 1983 el entonces embajador venezolano, Jorge Dager, esperó al periodista Jorge Fontevecchia en la puerta del edificio de la avenida Santa Fe 1461 para brindarle protección y asilo político.
Tanto las embajadas en Buenos Aires de los Estados Unidos, como Canadá, Francia, Italia, Suecia y Venezuela también solían invitar a perseguidos políticos y activistas de derechos humanos a sus sedes diplomáticas o fiestas nacionales, sacándolos del estado de no existencia en el cual la dictadura militar y los medios oficialistas los ponían.
El periodismo solidario. En un contexto de censura y represión que la Argentina vivió durante la última dictadura militar, alrededor de un centenar de periodistas fueron víctimas del terrorismo de Estado. Uno de los pocos medios que informaron sobre las violaciones de derechos humanos y las desapariciones, y ayudaron a visibilizar a las Madres de Plaza de Mayo fue el Buenos Aires Herald, con su valiente director, el periodista inglés Robert “Bob” Cox, quien debió irse del país en diciembre de 1979 a raíz de varias amenazas de muerte.
Por su parte, los periodistas holandeses Jan van der Putten y Frits Barend aprovecharon la realización del Mundial de Fútbol de 1978 para informar sobre la situación de derechos humanos en la Argentina. En el día de la inauguración del Mundial, el 1º de junio de 1978, que jugaron Alemania Federal y Polonia en el estadio de River Plate, Van der Putten concurrió a la ronda de las Madres en la Plaza de Mayo y tomó conmovedores testimonios de familiares de desaparecidos que luego dieron la vuelta al mundo. A su vez, Barend se acercó al dictador Videla en una comida durante el Mundial y le preguntó sobre los desaparecidos. El caso de ambos holandeses debería ser un ejemplo del compromiso periodístico de quienes viajan a realizar una cobertura a un país autoritario.
En relación con la presión internacional, siendo director de la revista Debate, en 2003 Héctor Timerman afirmó en una entrevista a Cadal que “los colegas que más ayudaron a obtener la libertad de presos políticos en la Argentina fueron los de medios como The New York Times, Le Monde, el Corriere della Sera, la Repúbblica de Italia y El País de Madrid”.
Estados Unidos, Amnistía Internacional, la CIDH y el Nobel de la Paz. En septiembre de 1976, a tan solo seis meses del golpe militar, se realizó una audiencia en el Congreso de los Estados Unidos sobre la situación de los derechos humanos en Argentina. Con el compromiso, entre otros, del senador Edward Kennedy, se brindaron testimonios sobre la represión ilegal y las desapariciones, entre ellas las del abogado laboralista cordobés Lucio Garzón Maceda, quien entonces estaba exiliado en Francia. Garzón Maceda definió esta audiencia como la primera derrota internacional de la dictadura militar argentina.
Entre el 6 y el 15 de noviembre de 1976, una misión de la organización británica de derechos humanos, Amnistía Internacional, visitó la Argentina y produjo un contundente informe de un centenar de páginas publicado al año siguiente. El mismo incluyó un listado de personas desaparecidas. La delegación estuvo integrada por Lord Avebury, parlamentario de la Cámara de los Lores de Gran Bretaña, el presbítero Robert Orinan, miembro de la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos, y Patricia Feeney, miembro británico del Secretariado Internacional de Amnistía Internacional.
Con el inicio del gobierno de Jimmy Carter en los Estados Unidos y la designación de Pat Derian como secretaria de Derechos Humanos en el Departamento de Estado, su embajada en Buenos Aires fue muy activa y solidaria, como ya se mencionó en el caso de Tex Harris, que reportaba directamente a Derian. Incluso en la entonces Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, fue Estados Unidos el país que impulsó una resolución sobre la situación de derechos humanos que no logró ser aprobada dada la alianza de la dictadura militar argentina con la entonces Unión Soviética, el grupo de países del bloque socialista, Cuba y el Movimiento No Alineados.
Quien también cumplió un rol destacado en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, intentando lograr una condena a la dictadura militar argentina, fue su entonces presidente, el jurista holandés Theo van Boven.
En septiembre de 1979 se realizó la recordada visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en la sede que tenía la Organización de Estados Americanos (OEA), en Avenida de Mayo 760. Largas filas de familiares de personas desaparecidas se formaron para brindar testimonio, lo cual luego se reflejó en un contundente informe. En un trabajo del dominicano Roberto Álvarez, quien trabajó en los preparativos del viaje de la misión, se destaca el rol que tuvo Mark Schneider, el subsecretario adjunto de Derechos Humanos y Asuntos Humanitarios en el Departamento de Estado, y el del venezolano Andrés Aguilar y el estadounidense Tom Farer en la elaboración del informe sobre Argentina.
El Nobel de la Paz a Adolfo Pérez Esquivel también formó parte de las acciones de solidaridad democrática internacional. Siendo Pérez Esquivel una figura poco conocida, el galardón sirvió para visibilizar la situación de derechos humanos en la Argentina y avergonzar a la dictadura militar. De acuerdo al libro de David Cox, una biografía sobre su padre, Bob Cox, fueron Mairead Corrigan y Betty Williams de la Community of Peace People quienes impulsaron la nominación del arquitecto argentino.
La cooperación internacional. Por su parte, a pesar de las desapariciones forzadas, detenciones ilegales y torturas, durante la dictadura militar argentina, pudieron funcionar legalmente –con personería jurídica– varias organizaciones de derechos humanos, las cuales recibieron apoyo económico del exterior. Por ejemplo, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), fundada en 1975, recibió fuerte sostén del Consejo Mundial de Iglesias, que también ayudó a las Madres de Plaza de Mayo. Las Madres también recibieron el apoyo de la Asociación Holandesa de Mujeres, lo cual les permitió comprar su primera sede. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), fundado en 1979 por el abogado Emilio Mignone, padre de una joven desaparecida, contó con apoyo del Departamento de Estado de los Estados Unidos y la Fundación Ford, y el Servicio Paz y Justicia (Serpaj) del Comité Católico de Francia. El titular del Serpaj, Adolfo Pérez Esquivel, recibió en 1980 el Premio Nobel de la Paz, cuyos fondos ayudaron sostener el trabajo de esta organización.
“Porque fuimos víctimas debemos ayudar a las actuales víctimas”
La frase corresponde a Héctor Timerman, en la mencionada entrevista de fines de 2003. A su vez, en enero de 2004 el entonces director de la revista Debate publicó un artículo en el cual afirmaba que la memoria de la solidaridad internacional recibida durante la última dictadura militar en Argentina obligaba a ser solidarios con las actuales víctimas de dictaduras y, también, a adoptar una política exterior activa en la materia.
Posteriormente, siendo el canciller de Cristina Fernández de Kirchner, Héctor Timerman adoptó la actitud contraria a la de “no ser cómplices del silencio que buscan las dictaduras”. Lo hizo en toda su gestión, pero en particular en sus viajes oficiales a Angola, Cuba, China y Venezuela.
Idéntica actitud a la de Timerman adoptaron las organizaciones de derechos humanos que se han mencionado, en algunos casos hasta llegando a justificar en Cuba los fusilamientos mediante juicios sumarios y la represión a las masivas protestas sociales pacíficas, a lo cual se suma la ingratitud frente a la tragedia venezolana avalando al dictador Hugo Chávez.
Por eso no extraña que ningún espacio de la memoria recuerde la solidaridad democrática internacional recibida durante la última dictadura militar y, mucho menos, el ofrecer esos lugares públicos para visibilizar situaciones actuales de persecución política y terrorismo de Estado.
Al cumplirse cincuenta años del golpe militar del 24 de marzo de 1976, la memoria en la solidaridad democrática internacional recibida en esa época trágica y oscura merece un espacio físico para: recordar a los sensibles y valientes actores internacionales durante la última dictadura militar en Argentina; llamar la atención sobre situaciones actuales en contextos autoritarios en todo el mundo donde se producen graves violaciones de derechos humanos, y educar en la historia de la Declaración Universal de 1948, pues sigue siendo el faro para un mundo democrático, pacífico y con bienestar para todas las personas.
*Director general de Cadal (www.cadal.org) y autor del libro Memoria, derechos humanos y solidaridad democrática internacional.