Resulta, lamentablemente, un triste lugar común constatar que la poderosa provincia de Buenos Aires, castigada por largas décadas de gobiernos provinciales y también comunales de filiación K, se ha convertido en tierra de nadie para delincuentes y transgresores de las leyes, ante la ineptitud y demagogia de los gobiernos popukirchneristas de turno, cuya muestra casi suprema la constituye el actual elenco provincial y municipales gobernante.
Como contracara, en general la poderosa urbe Capital del país dio muestras, en muchos aspectos, de mejoras significativas, entre otros su recuperación edilicia.
Párrafo aparte para la activa tarea desarrollada durante la inmediata anterior a la gestión actual, llevada a cabo por el equipo comandado por Horacio Rodríguez Larreta, propulsor de transformaciones significativas del perfil urbano, tarea por supuesto, no exenta de críticas, tales como el fallido y costosísimo soterramiento de las vías del ferrocarril Sarmiento, las idas y vueltas con algunos puentes tales como el de Ciudad de la Paz, o la persistencia peligrosísima de los llamados “trapitos”, tanto sea en diversas esquinas de la ciudad, como en las inmediaciones de eventos, sea espectáculos o deportivos, que se adueñan de calles y manzanas enteras, con amenazadoras peticiones.
Sin intención de establecer una jerarquización de los padecimientos de los porteños, castigados por onerosos impuestos y tasas locales (caso el nada modesto ABL), la siguiente es una muestra del catálogo de problemas nada resueltos, alguno de ellos agravado, por la actual gestión de la Ciudad, que más allá de sus campañas autopublicitarias, no ha mostrado, hasta el presente, demasiada efectividad en su intención de mejorar la vida de sus contribuyentes.
-Inseguridad: principal problema en términos de gravedad, aun numerosas zonas de la ciudad se encuentran a merced de delincuentes, amparados por el subisiguiente listado de carencias.
-Ausencia de representantes del orden: clave para el anterior problema y también para los que se enumeran más adelante, resulta la ausencia evidente de policías en las calles de la Ciudad, sean correspondientes al ámbito municipal como al Federal. Lejanos están los tiempos con que los vecinos tenían con el agente policial de su esquina un trato casi familiar.
-Tránsito imposible en determinados horarios: consecuencia de lo anterior (ley sin punición es pasaporte a la transgresión), las distintas infracciones son muestra permanente en las calles de la ciudad. Estacionamiento en doble fila, operaciones de carga y descarga a toda hora ( existe un horario específico para este menester?). En algunos horarios, transitar es un calvario.
-Presencias amenazadoras en esquinas céntricas, solicitando “colaboración” en muchos casos con acciones agresivas, manoseo de espejos retrovisores entre otros.
-Limpieza urbana. Si bien este aspecto ha mejorado, resta aún mucho por avanzar.
Y finalmente, chapas patente de las matrículas de los rodados, desfiguradas intencionalmente, para indignación de la mayoría de los porteños que cumplen honestamente con las disposiciones legales. Maniobra ésta que constituye un directo pasaporte a la comisión de toda clase de contravenciones, desde pasar luces rojas hasta estacionamiento indebido. A su vez generadora de la indignación e impotencia de quienes cumplen con la ley.
La pregunta que cabe hacerse es: ¿Cuál es el criterio que se adopta ante un rodado sin matrícula? La distorsión de la matrícula constituye una transgresión idéntica. Al menos, para quien esto reflexiona, debería caber en ambos casos, la retención del rodado o de la licencia de conducir del conductor. Consecuentemente, imprescindible la presencia de personal policial.
Sería importante que las actuales autoridades se abocaran a estos temas, ausentes en apariencia en su actual gestión.
Sería una adecuada muestra de servicio para los sufridos porteños.
Que asi sea!
*Economista. Presidente honorario de la Fundación Grameen Argentina.