Milei rompe con el Círculo Rojo y declara la guerra a la cúpula empresaria a la que acusa de conspirar
Convencido de que “no confían en él” y de que forman parte del problema antes que de la solución, rompió esta semana los puentes con el núcleo más poderoso del empresariado argentino. Tras los cruces con Techint por los tubos del gasoducto, el cierre sorpresivo de Fate y sus acusaciones públicas en redes, el Presidente prepara un mensaje directo para hoy en la Asamblea Legislativa. Habla de conspiraciones, devaluaciones inducidas y hasta de “delincuentes”.
Ya no hay vuelta atrás. Está convencido que no confían en el. Cree que son desde antes del comienzo de su gestión, parte del problema; no de la solución. Quizá, hasta en algún momento, incluso casi de una conspiración. Para Javier Milei, gran parte del Circulo Rojo empresario; son, desde esta semana ya de manera definitiva, sus enemigos políticos y económicos. Y actuará en consecuencia. En un combate que no tendrá cuartel, y que sólo culminará cuando también la cúpula empresaria más importante de la Argentina se renueve. Por otra “no prebendaria” ni “acostumbrada a vivir de subsidios”. EL Presidente va aún más allá; y, cada tanto, se le anima al término “delincuentes”. Casi el mismo nivel que el kirchnerismo, al que relaciona a aluno de los empresarios más encumbrados de la Argentina. El jefe de Estado considera desde esta misma semana, y a horas de su lanzamiento refundador en su tercera Asamblea Legislativa de inicio de Sesiones Ordinarias, que renovar esa cúpula empresaria será una de sus tareas fundamentales para lo que le resta de su mandato. Y, quizá, de su segundo. Se sabe que hoy el jefe de Estado les tiene dedicado un párrafo especial y teledirigido.
Javier Milei emitió el son de guerra el jueves pasado cuando a través de su porfiada cuenta de X transmitió un mensaje demoledor, bombardeando cualquier tipo de puente de negociación posible. Para abrir la jornada del 26 de febrero, publicó que “Agradezco profundamente con toda mi alma, las contribuciones enormes que han hecho Don Chatarrín de los Tubitos Caros, Don Gomita Alumínica y el Señor Lengua Floja en los últimos 30 días. Han dejado en evidencia al sistema corrupto que hundió a los argentinos de bien. Muchas gracias por este gran aporte al despertar de un País que, pese a estos delincuentes, quiere ser grande nuevamente. VLLC!”. En un solo texto embestía contra Paolo Rocca de Techint, la familia Madanes Quintanilla dueños de FATE, y a Roberto Mendez, presidente de Neumáticos Neumen, quién ventilo en el programa de Maximiliano Montenegro de Ahora Play una confesión sobre como cobraban neumáticos un 60% más caros en las épocas de protección de ese mercado.
Para Milei, el evento de la polémica por los tubos de construcción del gasoducto para comunicar Vaca Muerta con Río Negro para el proyecto Southern Energy, donde Techint ofreció un precio un 40% más caro que un proveedor hindú; para luego reconocer que podría haber cobrado lo mismo que los vencedores de la licitación y, mientras tanto, quejarse de la falta de política industrial; había sido ya suficiente para terminar con su relación con lo más mentado del Círculo Rojo. Sin embargo, lo que terminó de estallar su muy sensible termostato de enojo, fue la decisión de la empresa FATE de cerrar su planta de Don Torcuato, aduciendo imposibilidad de competir contra las importaciones chinas. Lo que verdaderamente enojó a Milei y su gente, es que el cierre se haya producido de sorpresa el miércoles posterior a los carnavales, sin un plan de contingencia comunicacional para el gobierno; y sin que desde las filas oficiales se le ofreciera algún tipo de alternativa negociadora, no para evitar el cierre (en definitiva, el liberalismo aplica a la decisión), sino para hacerlo con cierta pax social mediática. EL hecho que el cierre ocurra la misma semana en que desde Diputados se aprobaba (con cambios) la modernización laboral, fue demasiado para el Presidente. AL punto de hablar de algún tipo de conspiración u “apriete” de un empresario considerado por los libertarios mas cercanos al jefe de Estado como “kirchnerista”. O algo peor: “morenista”.
Estos fueron sin embargo el cuarto y quinto evento que para Milei determinaron su enfrentamiento con el Circulo Rojo.
La anterior conspiración que el gobierno le atribuyó a parte del Circulo Rojo, ocurrió en agosto del año pasado, luego de la derrota del oficialismo en la provincia de Buenos Aires; cuando, antes del salvataje del Tesoro de los Estados Unidos de octubre pasado, ocurrió una de las clásicas corridas cambiarias criollas. De esas que son capaces de voltear credibilidades. Y algo más. Eran tiempos de subas del dólar hasta de un 15% acumulado. Y para Milei no había dudas. Había bancos conspirando. Y no únicamente entidades financieras. Para la visión oficial, había integrantes del círculo rojo detrás. Aquellos que consideran que el tipo de cambio estaba (y está) atrasado, que la Argentina no es competitiva, que la velocidad de contracción de los costos internos es demasiado lenta y que, en definitiva, hay que recurrir a la acción cambiaria para modificar una realidad. La que, por otro lado, a un dólar en esos tiempos cercano a 1.380 o 1.400 pesos, es la cotización más alta para que la economía real argentina funcione. En el sentido de reducción de mejora de la competitividad contra competidores del exterior, y encarecimiento de las importaciones. Y para provocar una acción directa, todas las fuerzas negativas privadas se encapsularon en la misma posición demandante de divisas, provocando una reacción en cadena en el mercado cambiario oficial que llevó la cotización del dólar de mitad de tabla para arriba. Casi cerca del campeonato de un dólar a 1.450 (tope de gama de la banda superior calculada a agosto), un nivel de Champions League para esos días. En esos tiempos Milei había usado el streaming Neura de Alejando Fantino para decir que “Sabíamos que iban a venir a hacer daño, esto a nosotros no nos sorprende, iban a buscar romper porque es lo único que tienen”, dijo el Presidente casi de madrugada. Minutos después recordó que los bancos ahora tienen que trabajar “de bancos”, porque el Estado no toma más los pesos circulantes para cubrir el clásico déficit fiscal, lo que los pone nerviosos y proclives a actitudes semigolpistas para volver a lo anterior.
La primera desconfianza de Milei contra el Circulo Rojo había aparecido en abril del 2023, cuando en la incipiente campaña fue invitado al autodenominado Foro del Llao Llao. En medio del imponente hotel construido por Bustillo en Bariloche, y donde una vez por año la selección de empresarios más importantes del país se reúne a reflexionar y escuchar a los políticos dar examen, Milei llegó con traje de ganador y se enfrentó a personajes como Eduardo Elsztain, Marcos Bulgheroni, Marcos Galperin, Carlos Miguens, Federico Braun y Martín Migoya. Allí ensayó por primera vez alguna explicación sobre sus planes dolarizadores y de demolición del Banco Central, recibiendo, con sorpresa para él, cierta frialdad ante el avance de su relato, y finalmente complicadas preguntas sobre un tema clave que hoy sigue teniendo actualidad: cómo implementará tamañas hazañas macroeconómicas sin mayorías políticas cercanas. Desde ese momento, los mayores empresarios del país (ante quienes había dado durante casi una década innumerables charlas) fueron calificados por el libertario como parte de “la casta”. Y, en consecuencia, material a calificar de enemigos. Así lo hizo. Al punto de organizar hasta una contracumbre de IDEA, boicoteando al tradicional evento de ese año electoral de Mar del Plata.
Nada mejoró cuando Milei llegó a la Casa Rosada. Desde el primer día el jefe de Estado sostuvo que los principales empresarios del país que producen alimentos, bebidas y bienes de consumo masivo lo traicionaron en su confianza e incrementaron los precios de sus productos calculando un valor del dólar a 2 mil pesos a abril de 2024. Y que para mitad del primer año de gestión, el valor de la divisa debería haber llegado a los 3 mil pesos. Como esa proyección no sucedió, los culpaba de las dos corridas cambiarias del año pasado, la de febrero y junio de 2024. Sospecha Milei que en aquellos días, gran parte de ese círculo rojo ejecutaba una práctica común en tiempos del kirchnerismo puro y duro: adelantarse a futuras corridas financieras, cambiarias y monetarias, imponer precios especulativos varios para tiempos próximos y salvar sus cajas contables hacia delante. Es lo que en algún momento fue denominado el pricing punk. O una estrategia de precios bajo el criterio de que no hay un mañana, y que todo lo que se pueda ganar especulando con tiempos peores, mejor hacerlo lo antes posible.
Dicho de otra manera, los empresarios que habían calculado ese nivel de devaluación con su inflación inevitable directamente no creían en que Milei podría haber tenido algún tipo de éxito en su gestión. O al menos así lo vivió Milei personalmente en esos días. Al ver los precios de los alimentos subir más que la inflación proyectada y comprobar que ahora tienen algún atisbo de disminución, el jefe de Estado vivió una especie de defraudación profunda. Mucho más que un “no la ven”, como los definió alguna vez el propio Milei en una entrevista pública. Una real confirmación de lo que siempre sospechó y él mismo creyó. Y continúa creyendo. Y profundizando. Y que hoy tendrá otro opus en la inauguración de la Asamblea Legislativa.
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