Tal como se lo había propuesto, el oficialismo logró entregarle en bandeja a Javier Milei la medalla de la reforma laboral, convertida en ley en el penúltimo día de febrero, para que el Presidente se la cuelgue en su discurso de apertura de sesiones ordinarias.
Coronó así un verano de resonantes éxitos legislativos, gigantescos si se tiene en cuenta que hasta hace cuatro meses ni los vetos presidenciales lograba blindar el Gobierno.
Hemos repasado aquí en otras oportunidades los motivos de esta ola triunfal. Arrancó con la victoria electoral de octubre. Y se cimentó en el activo rol del ministro del Interior, Diego Santilli, y de la nueva “dueña” del Senado, Patricia Bullrich, para negociar y convencer a gobernadores heridos por promesas incumplidas de volver a subirse al tren violeta.
De ese operativo también participaron los primos Menem, lugartenientes de la hermanísima Karina: Eduardo ‘Lule’, desde la secretaría General de la Presidencia, y Martín, al frente de la Cámara de Diputados.
Contradictorio con el relato libertario del purismo ideológico y anticasta, el pragmático zurcido incluyó acciones para multiplicar la balcanización de la principal fuerza opositora, el peronismo. Vale todo con tal de que Todo Marche Acorde al Plan (TMAP), la trillada alegoría del devaluado mas no acabado Santiago Caputo.
Ese paso involucró a mandatarios y legisladores peronistas que abandonaron los bloques PJ y hasta a dirigentes de la CGT, que por debajo de la mesa “lograron” que en la reforma laboral se perdieran algunos artículos que ponían en riesgo tradicionales cajas sindicales. El último viernes, cuando se volvían a tratar en el Senado los cambios en las relaciones del trabajo, ni a una marcha testimonial convocó la principal central obrera.
Además de la reforma laboral, con esta estrategia el Gobierno consiguió aprobar la nueva ley penal juvenil, con la baja de la edad de imputabilidad a los 14 años, y el acuerdo Mercosur-UE. Además, le dio media sanción a la controvertida modificación de la normativa sobre los glaciares.
Milei utilizará esas conquistas libertarias para sacar pecho en su discurso ante el Congreso. Y las usará de palancas para lo que viene: LLA intentará aprovechar esta oleada de guiños legislativos para nuevas iniciativas. No todas necesariamente tendrán estado parlamentario.
Reformas electorales y tributarias, el acuerdo comercial con EE.UU., financiamiento universitario, nuevas leyes migratorias y de inteligencia y completar las vacantes en la Corte Suprema y en la jefatura de las fiscalías figuran en diferentes menúes de propuestas. Funcionarios auguran alguna sorpresa.
El entusiasmo violeta continuará más allá de los vítores armados desde los palcos del Congreso y de la cena de auto reconocimiento en la residencia de Olivos.
Entre el 9 y 11 de marzo, Milei será la estrella del “Argentina Week” que se llevará a cabo en Nueva York, organizado por la embajada argentina y con el apoyo del JP Morgan y Bank of America. La idea es atraer inversiones.
El Presidente será acompañado por gobernadores multicolores: el salteño Sáenz, el mendocino Cornejo, el sanjuanino Orrego, el jujeño Sadir, el catamarqueño Jalil y los patagónicos Torres, Figueroa y Vidal. También irán banqueros, agroindustriales, empresarios tecnológicos y, sobre todo, de la energía. Salvo, claro, el mandamás de Tecpetrol, la petrolera de Paolo Rocca y Techint, quien volvió a ser hostigado esta semana por el jefe de Estado.
Después de semejante vidriera, Milei recibirá en Buenos Aires la visita de una misión de empresarios alemanes, encabezada por el ministro de Relaciones Exteriores de ese país. A prepararse para la temporada alta de exacerbación del concepto mileísta de “fenómeno barrial”.
Los arrebatos triunfalistas abarcan el 2027, año en que Milei buscará ser reelecto. Ya no junto a Victoria Villarruel en la fórmula, que en los últimos días volvió a asumir públicamente que está afuera del Gobierno: propuso un modelo productivo opuesto al del Presidente. La vice planea su propio camino, con sectores del peronismo no kirchnerista. Todo es posible.
En algunos despachos oficiales suena Bullrich como posible compañera de fórmula. ¿Será una estrategia de la hermanísima Karina, para dejarla fuera de la carrera hacia la jefatura de Gobierno porteña, donde busca imponer a Manuel Adorni? La senadora y ex ministra de Seguridad mantiene su lógica de la campaña permanente, pese a que la aquejan otro tipo de preocupaciones.
La segura candidatura de Adorni en CABA (que se expuso en el lanzamiento de una escuela de dirigentes violetas para el distrito) es apenas otro botón de muestra de los bríos libertarios expandidos hacia el futuro electoral.
El karinismo apunta a alzarse con casi una docena y media de gobernaciones el próximo año. En algunos casos, con postulantes mileístas puros. En otros, en acuerdos con gobernadores aliados. En todos los casos, deberán pintarse de violeta, como ya pasó en las legislativas de medio término.
Estos ímpetus, aunque alinearon al equipo oficialista, no obturan las internas. La hermanísima Karina se impuso al asesor Caputo, que igual conserva espacios de poder e influencia. Uno de ellos es el que impide que el Ejecutivo nombre un reemplazo para el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, que anunció su salida hace meses y permanece en el cargo, a pedido de la secretaria General.
Tampoco se despejan los nubarrones económicos. La buena noticia del crecimiento del PBI un 4,4% en 2025 contrasta con que las áreas que siguen sin reaccionar o se mantienen en retroceso son las que mayor empleo generan: construcción, industria y comercio.
En lo que va de la era mileísta, se perdieron más de 300 mil empleos en relación de dependencia registrados y casi 22 mil empresas cerraron, según un informe reciente de Fundar.
Para peor, el caballito de batalla principal del Gobierno sobre el bolsillo popular consolida su fragilidad. Estimaciones privadas y del Gobierno calculan que la inflación de febrero será similar a la de enero, de casi el 3%, lo que mantiene la tendencia alcista inaugurada a mediados del año pasado. Marzo también daría alto el IPC y recién hay que esperar a abril para que baje, en un nuevo golpe al poder adquisitivo de los ingresos.
Cuidado, Presidente, no todo lo que parece que brilla resulta ser oro.