Opinión

Mínimos y máximos

Publicó en editoriales de todo tipo y tamaño, en los géneros y estilos más diversos de ficción y no ficción.

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Ya hablé varias veces de la Oficina Perambulante de Carlos Ríos, tal vez el emprendimiento más estrambótico de la edición en la Argentina. Los libros de la OP miden 11cm de alto por 8 de ancho y tienen menos de cien páginas (algunos muchas menos). Pero ahora pelecharon ya que tienen lomo, aunque las tapas siguen siendo de cartón reciclado y están encuadernados a mano. Ríos, además, ha hecho más experimentos con la escritura que el profesor Neurus con la química. Publicó en editoriales de todo tipo y tamaño, en los géneros y estilos más diversos de ficción y no ficción. Ahora, antes de partir a Cabo Verde (sí, sí, a Cabo Verde) a dar un taller, acaba de autopublicar en la OP un libro que ni él mismo sabe si tiene título, aunque sugiere que podría ser: “NATIVO. LEVANTAR DE ABAJO”, leyenda encontrada en un envase de cartón tirado en la calle. 

El libro de Ríos no tiene una estructura, ni una dirección, ni un género pero deja la impresión de que su mundo caótico, que incluye la vida del autor y sus altos pensamientos y también su bajo deambular entre sus dos ciudades de residencia (La Plata y Mar del Plata) más algunos otros lugares, con muchas citas de escritores diversos, que van de la incomprensible a la genial como la de Juan Ramón Jiménez que habla de Monet y sus “blancos de todos los colores”, no lo es tanto. La frase anterior podría ser deliberadamente caótica como para hacerse eco del libro, pero es que no me salió una mejor para explicar que el minimalismo de Ríos se hace máximo.

Pero también hay en OP minimalismos mínimos. Uno de ellos es La ballena, de Cecilia Moscovich. Aquí, el Ismael fascinado por la ballena es Marcos, un hombre del litoral santafesino que va detrás de una ballena que se internó por error en el Río de la Plata y siguió hacia adentro. La historia de Marcos es también la de alguien que perdió a su padre, ama a su perro, se crío en la cultura fluvial y trabaja en un limbo burocrático. La pureza de los sentimientos del protagonista permite que el libro exprese una ejemplar sencillez. Escribir un libro sencillo es más difícil de lo que parece y este es un caso logrado.

Tampoco es fácil escribir un libro como Algunos cuadros que están en Argentina, de Anna Ferrer Amechina, una española residente en Buenos Aires que también dibuja y fabrica libros. En apenas veinte páginas, con una sequedad delicada y feroz, Ferrer logra reunir sin que parezcan disjuntas una carta de amor, una reflexión sobre el tiempo, una descripción de los espacios y los colores en las pinturas, una exploración del magnetismo de ciertas palabras. Es un libro dictado por la timidez y por una seguridad en sí misma abrumadora. El resultado de esta contradicción es una serie de imágenes pictóricas y mentales compuestas bajo la premisa de que nada debe sobrar ni nada debe faltar, como si las veinte páginas fueran todo lo que se puede decir y nada más de lo que se puede decir, como ocurre con la verdad en las películas. 

Algunos de los libros de la OP forman parte de la colección Narrativa Samich, un personaje de quien Sergio Chejfec dice en la sobrecubierta: “Samich no es un marginal, tampoco un transgresor, es alguien que ha optado por transcurrir en el margen.” No pude determinar qué distingue a los libros Samich de los no Samich en el catálogo de la editorial.