Solapismo y solipsismo
El Presidente, en discurso en la Amcham, repitió dos esquemas habituales en sus apariciones: un pensamiento demasiado encerrado en sí mismo y citas aventuradas de los clásicos.
«Si conocéis, compañeros, el canto de la sirena/en medio de la mar / quisiera yo ir a verla»
Lluís Llach, cantautor catalán
“Suenan las sirenas, suenan las sirenas, ya vienen por él”
Daniel Viglietti, cantautor uruguayo
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1. Un enojado presidente se confesó al cierre de su discurso en la Amcham: “Nuestra política además es justa y es lo más importante de todo, tiene que ver con nuestros valores morales. Nuestros valores morales señalan que mentir está mal, que estafar o robar está mal. Por lo tanto, sobre todas las cosas no vamos a hacer eso, porque es una estafa, porque es una mentira, porque es un fraude, porque moralmente es incorrecto.
Por lo tanto, la moral como política de Estado dice que nosotros no nos vamos a apartar de ninguna manera de los valores judeocristianos y vamos a atarnos al palo del barco, porque no vamos a escuchar los cantos de sirena. Vamos a escribir la mejor página de la historia argentina, nos acompañen o no nos acompañen. Si no nos acompañan, nos volvemos a casa, no pasa nada: todos podemos volver a trabajar al sector privado. Pero si sale bien, Argentina habrá dado un paso para ser grande nuevamente”.
2. La imagen de las sirenas remite a la Odisea, aquel texto homérico que inició junto a la Ilíada lo que llamamos cultura occidental. Dice el texto clásico: “Allá las sirenas lo hechizan con su canto fascinante,/situadas en una pradera. Alrededor de ellas amarillea/un gran montón de huesos y renegridos y podridos pellejos humanos./¡Por allá cruza a toda prisa! En las orejas de tus compañeros/pon tapones de cera melosa, para que ninguno de ellos las oiga./En cuanto a ti mismo, si es que quieres escucharlas,/que te sujeten a bordo de tu rauda nave de pies y manos,/atándote fuerte al mástil, y que dejen bien tensas las amarras,/para que puedas oír para tu placer la voz de las dos sirenas”. Y más adelante, el propio Ulises cuenta lo que le dijeron ellas. “«¡Ven, acércate, muy famoso Odiseo, gran gloria de los aqueos! ¡Detén tu navío para escuchar nuestra voz! Pues jamás pasó de largo por aquí nadie en su negra nave sin escuchar la voz de dulce encanto/de nuestras bocas. Al contrario, siempre el viajero, deleitándose,/navega luego más sabio”.
3. La Odisea es clara: escuchar a las sirenas, que en el canto del héroe griego es el relato de su propia historia en Troya, es volverse más sabio en la navegación. Atado al mástil, el héroe aprendió algo: algo de su historia, de su vida. Conoció una sabiduría superior a la suya. Aprendió que la verdad puede ser mortífera. Pero también iluminadora.
4. La periodista Lorena Álvarez más de una vez marcó una de las características de los hermanos Milei –su origen, su formación cultural– en algo muy propio de cierta clase media: más tele que otras fuentes. Seguramente en la memoria del Presidente esté la película de 1954, Ulises, que, pese a ser un clásico, solía pasarse los domingos a la tarde en aquellos 80 en los canales de aire. Kirk Douglas y Silvana Mangano son dos actores extraordinarios. La escena de las sirenas allí está contada a la Milei: sin el carácter de conocimiento que implica el desafío de escuchar a otros. Es una pena que el primer mandatario no haya leído el texto original y las fuentes clásicas. Podría resignificar esa parte tan significante de su discurso.
5. Allí, por ejemplo, se encontraría con muchísimas historias sobre el propio Ulises cuando estuvo en la guerra de Troya. No debería quedarse en la Ilíada, sino en otros textos, para saber que el propio Odiseo urdió la estrategia que terminó con el triunfo de los griegos sobre los troyanos: sí, el famoso (por usar un adjetivo televisivo) caballo de Troya fue idea de Ulises, que, además, era el más piola de todos los héroes griegos, el que tenía más labia. La misma tradición nos dice que eso que era una virtud puede ser un tremendo defecto. Pero volvamos al texto griego: el caballo de Troya sirvió para ganar la guerra. Suena mucho al “topo que quiere dinamitar al estado desde adentro”. Cualquier parecido…
6. ¿Qué fue para los griegos ganar esa guerra? Lo mismo que para todos los vencedores de la Edad de Bronce: iniciar un saqueo. Secuestrar mujeres, llevarse el oro. Al primer mandatario no le vendría mal en el insomnio, no tuitear tanto y leer la Eneida, que es un libro hermoso. Un saqueo: cualquier parecido…
7. La cuestión del saqueo conecta directamente con la mención a los valores “judeocristianos” del discurso citado. Para los historiadores, el viaje que va de Atenas a Jerusalén está lleno de otro tipo de valores y de desafíos: la caridad, el amor según San Pablo, por ejemplo.
8. Para ser presidente no se necesita la frecuencia con los autores clásicos que pedía, por ejemplo, Maquiavelo. Es difícil encontrar en los últimos años políticos que los utilicen como un insumo de su gestión. En nuestro país no lo hicieron ni Néstor Kirchner ni Mauricio Macri, por dar dos ejemplos. Pero ambos, con sus enormes distancias, se sostenían en el pragmatismo.
9. Pero Milei tiene un discurso esencialmente ideológico. Se pueden encontrar en él más referencias a los ultrarreaccionarios de Estados Unidos que, incluso, a los economistas de la escuela austríaca. 10. Y aquí aparece la segunda cuestión: que muchas veces, el Presidente parece demasiado encerrado en sí mismo. Solipsismo significa, etimológicamente, eso: Solus ipse, solo yo.
11. El Presidente dice en el mismo párrafo que si los argentinos eligen otra cosa, “no pasa nada”. Cabe preguntarse a quién no le pasa nada. Seguramente a él: pero habría que preguntarse qué dejó en la Argentina el paso de ese caballo de Troya homérico. Qué pasó con los demás, con los argentinos.
12. El idioma tiene el don de hablar por sí mismo. De decir más, incluso de lo que se da cuenta el que habla: Cabría preguntarse a qué sirenas tema. En castellano, “sirenas” no solo son las que cantan a los navegantes. Tienen sirenas, por ejemplo, también los vehículos de las fuerzas de seguridad. Cuando los casos de corrupción arrecian, también el canto de esas sirenas puede producir inquietud en los poderosos.
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