“Y sin embargo”: la política del BCRA confirma que hay recesión
La inversión es la más baja de los últimos siete presidentes.
El pasado 1/3/2026, el titular del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) concurrió al Parlamento a inaugurar las sesiones ordinarias del Legislativo después de haber ganado las elecciones de medio término en octubre pasado. El nuevo Congreso es favorable al oficialismo. La Libertad Avanza (LLA) es primera minoría en Diputados y, sumando al PRO, tiene 115, acercándose al quórum de 129 legisladores. En senadores, si bien no es la primera minoría formal ya que solo tiene 19 legisladores propios y Fuerza Patria tiene 28, la alianza con los 5 del PRO y otros bloques provinciales le permite disputar la agenda legislativa.
En este escenario, durante las sesiones extraordinarias convocadas entre diciembre y febrero, la nueva conformación del Congreso ha aprobado un paquete de leyes que son claves para el gobierno de Javier Milei, como el Presupuesto 2026, que es el primero enfocado en el superávit fiscal estricto; la Ley de Modernización Laboral; la reforma de la Ley de Glaciares, que facilita inversiones en emprendimientos productivos y mineros; el Régimen Penal Juvenil, que baja la edad de imputabilidad penal de 16 a 14 años, y el acuerdo internacional Mercosur y Unión Europea. Considerando que 2026 no constituye un año electoral, en E2 (Economía & Ética) sostenemos que, desde una perspectiva estratégica, lo más adecuado habría sido que el discurso presidencial de apertura de las sesiones ordinarias se limitara a un agradecimiento político, para luego centrarse en los aspectos económicos; más aun teniendo en cuenta que el titular del PEN no solo es economista, sino que es el padre intelectual de la política cambiaria, monetaria y fiscal.
Por el contrario, sucedió todo lo opuesto. El discurso de Milei fue muy poco económico y mayormente político, pero casi totalmente centrado en fustigar a la oposición, lo cual no tiene mucho sentido en un año no electoral. El discurso del Presidente constituyó otro eslabón más en su proceso de construcción política, el cual, desde su entrada en la vida político-institucional, siempre ha estado caracterizado por una retórica marcada por la confrontación violenta. Desvirtuando la lucha de clases entre los medios privados y los medios políticos que plantea el liberalismo moderno, el Presidente pasó a utilizar una suerte de dialéctica marxista que propone un conflicto interno (políticos institucionales “buenos” de LLA que salvarán a los privados vs. los políticos “malos” del kirchnerismo que procuran seguir esclavizando a los privados) dentro del sistema político institucional (tesis y anti-tesis), que terminará inevitablemente generando una ruptura y una nueva etapa social mucho más prospera a futuro. Toda una contradicción para el liberalismo moderno que plantea, explica y demuestra que todos los políticos institucionales hacen y son lo mismo, porque todos viven de los impuestos, nada producen, todo lo que hacen es por fuera del libre mercado, sin sistema de precios y en cargos sin contrato de representación (ver Lysander Spooner).
En este punto cabe preguntarse por qué el PEN hace lo que hace. La respuesta es sencilla. El Presidente apenas mencionó la economía en su discurso, ya que su plan económico muestra creciente inconsistencia dinámica y las evidencias son cada vez más visibles. No sorprende que los resultados económicos difieran de los esperados y sean malos. La construcción política violenta y de confrontación permanente no sólo obstaculiza, sino que atenta contra la prosperidad económica. Para sostener el crecimiento económico y generar prosperidad, es fundamental aumentar los contratos comerciales, de producción y laborales; todo ello requiere paz y armonía, en lugar de una sociedad dividida por una continua confrontación política violenta. Parafraseando a Bastiat que decía “donde entra el comercio, no entran las balas”, se puede sostener que “dónde hay balas, no hay comercio; y si no hay comercio, no hay producción, ni trabajo”. Además, y cómo ya hemos explicado desde E2 (Economía & Ética) la semana pasada, el plan económico del Gobierno es dinámicamente inconsistente en lo cambiario, monetario y fiscal y; por ende, con el paso del tiempo sus malos resultados son cada vez más evidentes.
Por un lado, Milei no ha logrado estabilizar la economía porque la inflación no sólo ha bajado poco y lento, sino que ha subido sostenidamente durante los últimos nueve meses hasta casi prácticamente duplicarse. Es muy fácil de ilustrar. La Convertibilidad, que era un plan dinámicamente consistente para bajar la inflación, registraba 10 meses con aumentos por debajo del 1% mensual y acumulaba 63,9% de subas después de 25 meses. Además, la inflación anual era de 7,4% en 1993. Por el contrario, el plan de Milei acumula 269,6% de alzas en pesos y 112% en dólares en el mismo período. Además, el último dato de mensual trepa hasta 2,9% (enero), que es 41% anual en términos anualizados.
En pocas palabras, el plan desinflacionario de Milei tiene más de cuatro veces la inflación que tenía la Convertibilidad en el mismo período. Estos resultados afectan negativamente la reputación y credibilidad del plan, generan expectativas desfavorables y refuerzan su inconsistencia dinámica, lo que puede intensificar los efectos adversos en el desempeño a mediano y largo plazo.
Por el otro lado, el nivel de actividad global disminuye, lo que confirma el accionar del Gobierno. De acuerdo con el comunicado de política monetaria del Banco Central (BCRA) del pasado 15/12/2025 y los propios dichos del PEN, si la demanda de dinero aumenta, se comprarán reservas y se re-monetizará la economía; si no, se aplicarán medidas de esterilización para evitar exceso monetario. La demanda de dinero responde a dos motivos: transacción (permanente) y ahorro (transitorio), pues los pesos solo se ahorran temporalmente en nuestro país. El argentino ahorra en dólares a largo plazo. Actualmente, el regreso del carry trade sugiere que en el presente hay una demanda de pesos por motivo ahorro, aunque sea meramente especulativa y circunstancial. Así, si la demanda de pesos total cayera en el presente, se debería a que una caída del nivel de actividad estaría reduciendo la demanda para transacciones más de lo que la incrementa el carry trade.
En este contexto, y teniendo en cuenta la naturaleza del plan económico y monetario propuesto por Milei, se desprende que una reducción de la cantidad de dinero en términos reales por parte del gobierno únicamente podría derivarse de la observación, por parte de las autoridades, de una disminución efectiva en el nivel de actividad económica global. Puntualmente y de acuerdo con los datos del BCRA, a fines de febrero 2026 la base monetaria es -$1.970259,7 millones más baja que el primer día del año, lo que implica una reducción nominal del -4,6%. Considerando una inflación acumulada del 5,8% durante los dos primeros meses del año, la contracción de la oferta de base monetaria en términos reales sería del 9,4% en ese mismo período. Este resultado obedece a que el BCRA emitió $ 3.865.107 millones para la compra de reservas, mientras que posteriormente el Gobierno absorbió $ 5.835.367 millones mediante operaciones de esterilización con el objetivo de mantener la oferta monetaria en línea con la estimación de la demanda total de dinero. Aun considerando la mayor demanda de dinero típica de enero, la política monetaria del BCRA bajo Milei refleja una caída de la actividad económica global y una contracción de la economía real. Este fenómeno se manifiesta incluso ante el incremento temporal en la demanda de dinero motivado por el ahorro especulativo asociado al carry trade, lo que demuestra la complejidad del escenario.
En conclusión, la política monetaria implementada por el BCRA indica que la economía argentina atraviesa un período de estanflación, caracterizado por una disminución en la actividad económica y un aumento acelerado de los precios. En este contexto, considerando que Javier Milei prioriza la desinflación sobre el pleno empleo, es probable que se mantenga una política monetaria contractiva junto con elevados tipos de interés, con el fin de preservar la estabilidad cambiaria y reducir la inflación, aunque esto implique sacrificar niveles de actividad económica. La recesión o el estancamiento favorecen la baja de la inflación y ayudan al gobierno a acercarse a su meta de reiniciar el sendero de la desinflación. Ahora se comprende por qué, durante su tercer discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso, el Poder Ejecutivo Nacional dedicó escasa atención a temas económicos y los datos presentados no reflejaron con exactitud la realidad. Milei se ha convertido en un político de raza que tergiversa la realidad y esconde la dolorosa verdad económica. En su lugar, decidió hacer un espectáculo político agresivo y violento, no sólo por y para sus camaradas de la política institucional, sino también para sus seguidores y votantes más fundamentalistas. Todo este circo alienta el circo de los medios políticos, pero atenta contra los medios económicos. Difícilmente haya la inversión bruta interna que nuestra economía necesita con este nivel de violencia en la política institucional. Los datos así lo confirman: la inversión con JM no sólo es la más baja de los últimos siete presidentes, sino que disminuye a lo largo de su gobierno, porque en 2025 es más baja que en 2024.
*Titular de E2 (Economía & Ética) y profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.