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opinión

Dos viejas revistas

El dossier de Tsé-Tsé sobre Virgilio Piñera es excelente, lleno de textos inéditos y materiales poco conocidos.

Ordenando papeles en la verdulería en la que paso mis tardes en Brilla Crespo, me encuentro con dos viejos números de revistas culturales, cada una con un dossier imperdible. Una es Las Ranas, dedicado a Néstor Sánchez, la otra es Tsé-Tsé, sobre Virgilio Piñera. Néstor Sánchez murió en 2003. Cuando se conoció la noticia de su muerte, muchos se preguntaron “¿pero no había muerto ya?” Ocurre que durante mucho tiempo nada se supo de él, atrapado por sucesivas crisis y alejamientos voluntarios. Autor de extraordinarios textos (Diario de Manhattan es su obra maestra) sus libros estuvieron olvidados durante años, hasta que también hace años se lo empezó a reeditar. Sin embargo, ¿saldrá Sánchez algún día del olvido? Hay algo irreductible en la obra y el nombre de Néstor Sánchez, algo que no se deja atrapar por ningún rescate, por ningún dossier. Incluso por uno tan inteligente como el de Las Ranas. Los artículos de Américo Cristófalo y de Hugo Savino son muy agudos, y la cronología preparada por Pablo Gianera es muy buena (al pasar, hay que mencionar que son excelentes las fotografías que ilustran todo el número). Pero la estrella de la revista son los textos del propio Sánchez, es especial, “El lenguaje jazzístico” publicado por primera vez en Primera Plana en 1967: “Porque el resto, la cultura, los escritores con tema y estilo –de escritura y de vida–, se parece demasiado a ese señor vestido de negro que se trepa al escenario, por ejemplo, del Teatro Colón. Antes de sentarse al piano, practica una reverencia ante la platea, que reconoce en él los beneficios de la cultura, y lo aplaude. Casi sin lugar a dudas podría asegurarse que no va a suceder nada nuevo –sucederá, a lo sumo, Mozart–, que nadie va a salir de allí con los contradictorios sentimientos que llevaron a nuestro último novelista al infarto. Y a partir de las primeras notas todos, incluido el ejecutante, también entrecierran los ojos, pero en este caso porque los convoca el recuerdo. Es el mismo recuerdo que los reconcilia con la propia serenidad cuando leen una novela, o se les muere un pariente, o han decidido que el día menos pensado van a hacer, encerrados en una casa, el amor”.

El dossier de Tsé-Tsé sobre Virgilio Piñera es excelente, lleno de textos inéditos y materiales poco conocidos. Si no afirmo que Piñera es el más grande escritor cubano del siglo XX, es simplemente porque está Lezama Lima y sobre todo, porque detesto ese tipo de afirmaciones clasificatorias (lo propio de la literatura debería ser escapar a toda clasificación).

A diferencia de la de Sánchez, la obra de Piñera goza de un prestigio sólido. Hubo muchas ediciones mexicanas de sus libros, la editorial Alfaguara reunió en España sus Cuentos Completos, y hay varias ediciones de La carne de René (creo que la última salió en Blatt & Ríos), su primera novela, donde todo es asunto de miedo, engaño, temores, opresión, y del cuerpo (la carne) como un lugar donde la historia deja sus terribles marcas. Su estilo es seco, despojado, irónico, anti-barroco, absolutamente opuesto al de Lezama Lima, su maestro odiado (y también amado). Pero, buena parte de sus libros están agotados o son difíciles de encontrar. Como escribe Piñera en el comienzo de “Elíjanme”, relato incluido en la revista: “Si alguien quiere salvarme estoy a tiempo todavía”.

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