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Mambrú se fue a la guerra

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FIRMA DEL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS. Argentina primera junto al ministro de Guerra Pete Hegseth. | reproducción

Mambrú se fue a la guerra es una canción infantil en español, traducción de la versión francesa Marlbrough s’en va-t-en guerre. Mambrú como reducción fonética del duque inglés de Marlborough, ganador contra Francia de la batalla de Malplaquet en 1709.

“Mambrú se fue a la guerra / chiribín, chiribín, chin chin / Mambrú se fue a la guerra / no sé cuándo vendrá / ajajá ajajá. / Vendrá para la Pascua / chiribín, chiribín, chin chin / vendrá para la Pascua o para Trinidad / ajajá, ajajá”. La historia sigue finalmente, Mambrú no vuelve más y se lo da por muerto erróneamente, pero la historia real no es lo importante sino el mensaje burlón y la forma en que se trivializa y ridiculiza la guerra.

Hay una disonancia cognitiva porque se habla de guerra y un funeral en tono festivo y despreocupado. Al banalizar ir a la guerra como si fuera un juego, cantando, hace una ironía que ridiculiza sus altas justificaciones. La guerra como espectáculo y entretenimiento así narrada por el rey del rating mundial, Donald Trump, normalizando el ejercicio de la violencia sobre la que reflexionaron con maestría en los reportajes largos de PERFIL esta semana Enzo Traverso y la pasada Antonio Scurati, sobre los que recomiendo especialmente su lectura o escucha.

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Mambrú se fue a la guerra se convirtió en la principal canción de cuna hispanoparlante, su melodía tan pegadiza llevó a Beethoven a incluirla en la obra orquestal La victoria de Wellington (Opus 91, 1813), representando a Francia, junto a God save the Queen, a Inglaterra, una sinfonía de la victoria que también se hizo popular más allá del deseo de Beethoven, quien la consideraba una obra menor. En Argentina, María Elena Walsh también tomó a Mambrú para su popular Canción del estornudo. Hay en la guerra algo atávico que convoca, por eso es doblemente peligrosa.

Este sábado, tras la firma de Argentina del llamado Escudo de las Américas, refrendado junto a la mayoría de los países latinoamericanos a excepción de los tres grandes: el Brasil de Lula da Silva, el México de Claudia Sheinbaum y la Colombia de Gustavo Petro, uno de los principales especialistas de asuntos internacionales, Juan Tokatlian, advirtió sobre nuestra participación diciendo: “En toda coalición de este tipo que Estados Unidos potenció después del 11/9 (Torres Gemelas), Washington establece la misión y suma a los que adhieren. No se trata de alianza, es una coalición. Por ejemplo, en 2003 y respecto a Irak se sumaron inicialmente varios países de la OTAN, una alianza militar, pero no todos los países miembros. Acá no se tarta de llevar el tema siquiera al TIAR, una alianza militar, sino una coalición ad hoc a la que en el futuro se podrían sumar otros países (si Lula y Petro perdieran sus elecciones este año). Esto no es un ejercicio retórico o formal”. O sea, advierte Tokatlian, tendrá consecuencias.

Argentina, además, fue el único país de Latinoamérica que institucionalmente apoyó el bombardeo norteamericano a Irán y se especula con que el canciller norteamericano, Marco Rubio, visite Buenos Aires el jueves próximo a pesar de haber cancelado su presencia el día anterior en Chile para la asunción del presidente José Katz.

El rey del rating argentino es Javier Milei, esa maestría en captar la atención, hoy recurso más valioso en la política, asemeja a nuestro presidente con Trump, más allá de divergencias estructurales de sus políticas económicas. Ambos son, antes que nada, entertainers (entretenedores), flautistas de Hamelin (otro paradójico –irónico/trágico– cuento infantil) que llevan con su seducción y encanto ciegamente a sus seguidores.

Cuánto hay de payaso en un entretenedor lo dirán los resultados que terminen obteniendo. Lo más probable es que, en el momento en que sus logros no satisfagan a la audiencia, tarde o temprano sucederá, el mismo interés que despiertan para entretener se convierta con la misma intensidad en rechazo. Otro popular cuento infantil es más agudo que los análisis: termina con “el Rey está desnudo”.

Sobre Mambrú, la columna de ayer de PERFIL de Pablo Helman titulada “Give peace a chance” sostiene que “Argentina se acerca a una guerra más como Mambrú que como San Martín”, aunque a Milei el encante ir por la Avenida de Mayo a contramano, escoltado por los Granaderos a Caballo de San Martín. La misma pompa había repetido en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso en marzo de 2025. Algo infantil subyace en él.

Juegos de guerra como los juegos de lenguaje de Wittgenstein en la batalla cultural. Juegos como la canción de Mambrú. Todo por el dólar a 1.400 pesos, hace un año a 1.100, en las elecciones de 2027 a 1.700. Es la forma posible de la dolarización con la que Milei ganó las elecciones en 2023 y en 2025, y aspira en 2027: un dólar accesible como unique sell proposition de un plan económico monocausal.

Otra inspiradora columna de ayer de PERFIL es la de Walter Curia titulada “Algo más a no imitar de EE.UU.”, ilustrada con la foto de la echada secretaria de Seguridad de Estados Unidos Kristy Noem junto a Patricia Bullrich, ambas con sombrero, cuando la primera visitó Argentina y la segunda quería imitar a la policía antiinmigratoria norteamericana. Una payasada más.

Sobre la guerra en Medio Oriente hoy escribe en PERFIL Slavoj Žižek bajo el inquietante título “Irán, de Heidegger a Kant”, también recomiendo especialmente su lectura. Trump convirtió las noticias internacionales en nacionales en todo el mundo. En Argentina Milei –con su alineamiento– aún más.