Adler: “La amenaza terrorista en Argentina es real y el nivel de alerta debería ser mayor”
El especialista en seguridad Daniel Adler advierte que los conflictos en Medio Oriente tienen efectos directos sobre América Latina y que Argentina continúa siendo un objetivo potencial para organizaciones terroristas. También alerta sobre la fragilidad de los controles fronterizos y la planificación del delito desde las cárceles.
La escalada de tensiones en Medio Oriente vuelve a reactivar una discusión que en Argentina tiene antecedentes dramáticos: el impacto que los conflictos internacionales pueden tener en la seguridad regional. Para especialistas en terrorismo y geopolítica, el escenario global actual obliga a revisar los niveles de alerta y las capacidades de prevención del país.
El analista en seguridad internacional Daniel Adler sostiene que la distancia geográfica no protege a América Latina de las consecuencias de esos conflictos. Por el contrario, advierte que la región presenta vulnerabilidades estructurales que pueden ser aprovechadas por organizaciones extremistas. En ese contexto, recordó que Argentina ya fue blanco de atentados vinculados al régimen iraní en los años noventa y que la presencia de redes operativas en la región sigue siendo un factor de preocupación. “La amenaza existe y hay que mirarla con seriedad”, planteó en “Es por acá” (lunes a viernes de 10 a 13 por Punto a Punto Radio 90.7).
—¿Qué impacto pueden tener los conflictos de Medio Oriente en países como Argentina?
—Estos conflictos, por más lejanos que parezcan geográficamente, golpean en forma directa a toda la región latinoamericana, incluso a la República Argentina. De hecho, ya ocurrió en dos ocasiones. El régimen iraní eligió a Argentina como objetivo en 1992 y en 1994 con los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA.
—¿Cree que hoy existe un riesgo real de nuevos ataques?
—Tenemos que estar muy atentos y muy alertas. Este es un conflicto que se está ramificando cada vez más. No es algo rápido ni simple, como a veces se presenta. Tiene muchas derivaciones y puede tener efectos en distintas regiones del mundo.
—¿Dónde ve las principales vulnerabilidades en la región?
—Una de las principales es la presencia de estructuras vinculadas a Hezbollah y a unidades operativas iraníes en América Latina. La Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay es un punto histórico de actividad para estas organizaciones.
—¿Esa presencia sigue activa?
—Sí, hay presencia muy activa. Hezbollah es una organización que responde a Irán y que ya tuvo participación en los atentados contra Argentina. Es algo que está muy cerca de nuestro territorio.
—¿El país tiene herramientas suficientes para enfrentar esa amenaza?
—Tenemos una dificultad estructural: Argentina tiene cerca de mil pasos fronterizos y muchos son muy difíciles de controlar. Además hay varias zonas de triple frontera que facilitan movimientos clandestinos.
—En el plano interno usted también habló del rol de las cárceles en el delito
—Sí. Aproximadamente el 65% de la planificación criminal se realiza desde el interior de las cárceles. Es un fenómeno que se repite en varios países.
—¿Cómo se podría resolver ese problema?
—Es más sencillo de lo que parece. Con la instalación de inhibidores de señal celular en los establecimientos penitenciarios se podría reducir gran parte de la coordinación del delito. Es una medida técnica relativamente simple y económica.
—¿Por qué no se aplica masivamente entonces?
—Porque requiere decisión política y coordinación institucional. El espectro radioeléctrico está bajo control del Estado, por lo que técnicamente es posible bloquear las señales en determinados perímetros.
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—Más allá de las medidas de seguridad, ¿qué estrategia debería adoptar el Estado frente al delito?
—La seguridad tiene dos dimensiones. La primera es la mano firme del Estado, que es necesaria para garantizar orden y protección. Pero eso representa solo una parte de la solución.
—¿Cuál sería la otra parte?
—La generación de oportunidades. Combatir el delito también implica reconstruir el tejido social. Eso significa educación, formación, desarrollo personal y herramientas para salir de la pobreza.
—¿Ese enfoque forma parte de la seguridad?
—Totalmente. Un Estado que quiera reducir la criminalidad tiene que trabajar en ambos frentes: seguridad y oportunidades. Sin reconstrucción social, cualquier política de seguridad queda incompleta.
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