Carlos Alonso: entre la trazabilidad del dolor y la condición humana
El Museo Superior de Bellas Artes Evita – Palacio Ferreyra inauguró “Carlos Alonso en los círculos del infierno”, una exposición que propone un recorrido inédito por la obra del maestro argentino.
A más de siete siglos de la travesía que Dante Alighieri imaginó junto a Virgilio, la obra de Carlos Alonso reinterpreta ese descenso para interrogar la historia reciente con una exposición que plantea un recorrido articulado en cinco núcleos temáticos —Manos Anónimas, Infierno, El ganado y lo perdido y Hay que comer— que indagan en los pliegues de la violencia, la pérdida y la resistencia.
En este sentido, la propuesta curatorial, a cargo de la historiadora del arte y doctora en bienes culturales Romina Cervi, busca descentrar la mirada tradicional sobre el acervo provincial para proponer una estructura cinematográfica. “Nos convocaron para armar una muestra incluyendo el acervo de la provincia, que es ‘Manos Anónimas’. Pero como estamos muy acostumbrados a verla con una impronta muy política, para sacarla de ese contexto y contarla de otra manera, decidimos incluir otras series. Mi curaduría siempre parte como una narrativa, como si fuera una especie de película. Me gusta curar así, de manera tal que el hilo curatorial sea una historia”, empieza contando Cervi a Perfil Córdoba.
El ser humano como territorio del infierno
El eje conceptual de la exhibición no ubica el infierno en un plano metafísico sino que lo sitúa en la conducta del hombre, una perspectiva que nació a partir de reflexiones informales y debates teóricos que terminaron dando forma a la tesis doctoral de la curadora. “Se llama En los círculos del infierno porque se lo ve a Carlos Alonso como si fuera Virgilio en la Divina Comedia. Y aquí el infierno está tomado como el ser humano; es un recorrido por los aros de lo que compone la humanidad. Esto surgió de una charla con amigos, cuando alguien habló del ‘ser humano’, y otro respondió: ‘No uses la palabra ser humano como sinónimo de la bondad o la sensibilidad, porque los seres humanos somos lo peor de lo peor también’; y yo me quedé pensando en eso mientras hacía mi tesis”, recuerda la curadora.
Así, el trayecto se inicia con una introducción donde el propio Alonso asume el rol del caminante que explora los abismos de la experiencia histórica argentina.
Romina Cervi. Curadora de la muestra de Carlos Alonso en los círculos del infierno.
La figura de la mujer y la sombra de Paloma
En el recorrido, las obras vinculadas al secuestro y la represión exponen una presencia recurrente: la imagen femenina como representación del dolor y de la búsqueda. Paloma Alonso, hija del artista, fue secuestrada el 30 de julio de 1977, cuando tenía apenas 21 años; ese evento marcó de forma indeleble la producción del pintor. “Para describir lo que fue la época del proceso, Alonso usa la imagen de la mujer. Y escuchándolo en entrevistas y analizando sus escritos, te das cuenta de que él pintó a su hija todo el tiempo. En todas las imágenes está Paloma”, dice Cervi.
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En efecto, las creaciones de la serie Manos Anónimas comenzaron a gestarse ya en el exilio europeo mediante bocetos preliminares y se completaron a mediados de la década de 1980. Paralelamente, la investigación curatorial rescató la correspondencia entre Alonso y su hija durante la adolescencia de ella. “Ella acababa de cumplir 21 años el día que desapareció. Y ya en las cartas que se escriben en el primer viaje de Carlos a Europa se lee a una nena de 14 años con una mentalidad brillante y muy comprometida socialmente”, precisa Cervi.
Por esa razón, la exposición incorpora un espacio íntimo donde se exhiben estas cartas junto al retrato que su hermano Pablo halló el año pasado y que se ubica en la última sala, como corolario del circuito.
Paloma. El acrílico sobre tela data de 1979 y está expuesto en la última sala de la exposición.
Entre la premonición y el rigor plástico
La muestra reúne además piezas poco frecuentes e inéditas, entre las que destacan la obra Sísifo, un biombo alegórico sobre la decadencia y el poder, y trabajos de las series El Matadero y Hay que Comer.
Durante el recorrido con Cervi, la curadora resalta la capacidad del artista para anticipar los climas sociales antes de que se consolidaran los acontecimientos históricos: “Siempre Alonso tuvo esta cabeza tan premonitoria, porque vemos obras que son completamente actuales. Cuando terminó de pintar Manos Anónimas no pudo pintar más la figura humana, se asqueó, y necesitó calma a través de los paisajes”, detalla.
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En lo que hace al planteo espacial, la muestra prioriza la presencia del dibujo frente a la pintura, con la intención de sostener una tensión expresiva que elude tanto la búsqueda puramente estética como el panfleto: “La pintura te lleva a ver la belleza o la perfección en una obra; y el dibujo, depende qué dibujo, se panfletiza o no. Fue muy difícil encontrar ese punto medio para poder comunicar lo que él necesitaba comunicar, porque hablar de un tema tan delicado sin llevarlo al lado perfecto y estético y sin meterlo del otro lado, fue complejo. Por eso mi elección también fue hacer un paso al costado como curadora, simplemente hacer una introducción y dejarlo hablar a él. Y esa es la razón por la que en cada sala está su palabra”.
Con una memoria y una lucidez admirables, a sus 97 años, Carlos Alonso mantiene su rutina diaria de trabajo en el taller.
Correspondencias. Las cartas entre Paloma y Carlos Alonso ponen de relieve la inteligencia y sensibilidad que tenía su hija.
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