Hugo Haime: “El peronismo tiene una demanda electoral, pero está en un gran proceso de indefinición”
El consultor advierte que un 65% de los argentinos expresa una demanda de cambio, aunque eso no significa que ese porcentaje vaya a votar al peronismo. Kicillof aparece hoy como el dirigente peronista con mayor marca electoral, mientras Cristina conserva la mejor imagen. Córdoba, dice, todavía no definió de qué manera jugará.
Aquella foto del peronismo que se vio en Buenos Aires abrió una discusión que excedió al homenaje a José Manuel de la Sota. La presencia de buena parte del arco peronista —con Schiaretti, Llaryora, Massa y dirigentes de diferentes sectores— volvió a instalar la posibilidad de una reconstrucción del PJ, aunque todavía nadie pueda precisar cómo será esa arquitectura ni quién estará en condiciones de conducirla.
En ese escenario, Hugo Haime, un histórico consultor político que ha trabajado durante años midiendo al peronismo, pone algunos números sobre la mesa y advierte que el espacio atraviesa un momento de indefinición. Hay una demanda social de cambio que alcanza al 65% de la población, pero todavía no existe una oferta política capaz de capitalizarla de manera nítida. Y mientras la pelea entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof concentra buena parte de la discusión, el gran interrogante sigue siendo qué lugar ocupará el peronismo del interior y, particularmente, Córdoba.
—¿Cómo ve hoy al peronismo después de aquella foto que recorrió todas las redacciones y que reunió a buena parte del arco peronista?
—Yo veo una situación en donde el peronismo, aún en un gran proceso de indefinición y discusión interna, reorganización y falta de definiciones, tiene una demanda electoral: hay un 65% de la población que tiene una demanda de cambio. Eso no significa que ese porcentaje vaya a votar al peronismo, pero sí que el Gobierno aparece políticamente debilitado, mucho más no se puede decir, porque faltan muchas definiciones: si hay PASO, cómo va a ser la política de alianzas, si finalmente el peronismo cordobés va a tener que ver con algo con el peronismo nacional o no, cuál va a ser el nivel de apertura. Todo eso me parece que está dentro de un gran proceso de discusión.
—En este escenario, si hoy tuviera que hablar de nombres, ¿cuál sería el menos rechazado, sobre todo entre los indecisos o las personas que no quieren saber nada con la política, para ocupar el sillón de Rivadavia?
—Esa es una buena pregunta, porque en realidad usted tiene a Kicillof, que es el dirigente que más se mueve. Entonces, cuando se quiere votar una alternativa, cuando se quiere votar al peronismo, aparece Kicillof. No necesariamente es el que tiene la mejor imagen. La que tiene la mejor imagen es Cristina, que obviamente no puede ser candidata. Además, sabemos que Cristina tiene un piso y un techo que hacen que siempre aparezcan opciones como Scioli o Massa, por lo que medirlo desde allí hoy todavía es un poco complicado. Y, obviamente, el kirchnerismo dentro del peronismo en general es fuerte, mientras que aparece el kicillofismo tratando de discutir con el kirchnerismo. Por eso digo que hay una batalla que no está clara y me parece que todavía falta la expresión del peronismo del interior, porque todo eso termina siendo una discusión dentro del AMBA.
—¿Y quién del interior ve que le puede dar pelea a la figura de Kicillof o eventualmente a la de Sergio Massa?
—Eso todavía no está, pero es muy probable que pueda aparecer algún gobernador o algún dirigente del interior que fue gobernador y que también quisiera tener algún tipo de injerencia en todo esto. Está (Sergio) Uñac, que ha planteado esta situación, aunque no está logrando crecer en las encuestas. Por eso hay que ver cómo se rearma todo esto. Me parece que todavía es muy temprano como para tomar una definición de si va a ser este o va a ser el otro. Hoy lo que estamos viendo es un sector que dice Kicillof y otro sector que dice que no quiere a Kicillof. Y eso es dirigencial. En términos de opinión pública y electoralmente Kicillof parece ser el que más marca.
—En este mosaico, ¿dónde ve al peronismo de Córdoba?
—El peronismo de Córdoba no queda claro dónde está puesto. Es decir, estuvieron en las reuniones Schiaretti y el gobernador, estuvieron las grandes figuras. Después, nada. Fue una convocatoria hecha sobre alguien, sobre el cordobesismo.
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—Sí, fue una foto. El impacto me parece que está ahí, en la foto.
—Sí, el impacto es la foto. Yo no sé cuánta gente sabía exactamente la dimensión de la convocatoria. Yo fui, por ejemplo, porque tengo una relación con la hija de De la Sota, una relación personal, y no tenía noción de que de pronto iba a estar todo el arco político. No sé si todo el mundo sabía, pero se ve que todo el mundo tenía muchas ganas de ir a acompañar a la hija de De la Sota. Y esa figura es no rechazada, convocante. Después, ya no sé, por eso no lo tengo claro, porque la mía es una relación personal, pero del resto de los dirigentes no creo que hubieran sospechado la dimensión que iba a tener.
—¿Pesa Natalia de la Sota en una fórmula hoy?
—Yo no la tengo medida en términos de votos. Es un nombre que obviamente aparece, tanto entre los que no quieren tener que ver con el kirchnerismo o con el peronismo tradicional como dentro del propio peronismo. En ese sentido, tiene un perfil bastante interesante. Pero no fue Natalia la que convocó y tampoco estuvo presente. Y fue una ausencia que hizo ruido.
—¿Hay lugar para una tercera vía en este escenario?
—Yo la veo difícil. La veo muy polarizada a la elección, sobre todo porque la gente está pidiendo una figura con experiencia de gestión. No es que una tercera opción no vaya a tener votos, pero ya tenemos el ejemplo de Massa en 2015. Se acercó a los 20 puntos en un proceso de destrucción de las fuerzas políticas. Después apareció Milei. Ahora no da la sensación de que haya una alternativa de ese tipo, porque no se ve que eso sea lo que está planteado. Se habló de algunas figuras empresariales, se menciona al presidente del Banco Macro, de Brito, Lacunza, que sería una fuerza política que, en realidad, es como un rebelde frente a su propio jefe.
—¿Y Patricia Bullrich qué sería en este caso?
—Una alternativa dentro del mileísmo. No la veo como una tercera vía.
—¿Por fuera de La Libertad Avanza?
—No se la ve por fuera, obviamente. Si usted me plantea un escenario ideal, habría gente que diría: “Me gusta el plan económico del presidente, pero hay muchas cosas que no me gustan”. Y ahí se juntaría Patricia, Lacunza. Bueno, podría ser un poco de fuerza al mileísmo. Todavía no se los ve. Villarruel es otra. Ahí hay un puñado de votos. No es que no haya, pero esa no es una fuerza política. Una definición política es jugar. En las encuestas está, uno los mide.
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