RESTOS DIURNOS

Jorge Zima y su bitácora de pandemia llegan a las librerías cordobesas

En diálogo con Perfil Córdoba, el artista desglosa la honestidad brutal de su primer libro y revela la búsqueda existencial detrás de “Perder la vertical”, ficción que quiere filmar en Villa Rivera Indarte con los protagónicos de Fernán Mirás y Julieta Díaz.

Zima en Córdoba. El artista dialogó sobre la dificultad de las etiquetas, su visión sobre el arte de la canción y un proyecto cinematográfico que lo vincula a Córdoba. Foto: Cedoc Perfil

El paso de Jorge Zima por Córdoba no es una escala más en la agenda de un autor promocionando su obra. Es, en rigor, un retorno al territorio donde su pulsión creativa comenzó a sistematizarse.

Licenciado en Composición por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y con un posgrado en el Reino Unido, en su visita a nuestra ciudad Zima dialogó con Perfil Córdoba sobre “Restos Diurnos” (Ed. De los cuatro vientos) y su proyecto audiovisual.

Se trata de un libro que, acompañado por el trazo de dibujos que emulan el inconsciente onírico, es un diario de la pandemia que rehúye de la solemnidad para abrazar el humor ácido y la melancolía metafísica.

El hecho creativo como identidad

Cuando se le pregunta sobre su naturaleza multidisciplinar —que abarca el cine, la música y la literatura—, Zima se muestra cauteloso con las jerarquías. “No sé bien cómo responder a eso. Creo que lo que define es el hecho creativo. La palabra artista uno a veces la toma con cuidado porque suena un poco suntuosa. Pero soy un artista, básicamente, sin que eso signifique un elogio en particular, sino una cosa que uno hace”, dice.

En efecto, su recorrido artístico no fue un plan trazado de antemano sino un descubrimiento retrospectivo. “A mí siempre me pasó que haciendo una cosa quería también que hubiera elementos de la otra”, explica y añade que sus referentes son aquellos que, aun en música instrumental, logran crear paisajes: “Los artistas que me seducen son aquellos que no son tan cerrados en su universo y tienen antenas para otras cosas”.

La militancia por la canción

A pesar de su formación académica, Zima reivindica la canción como una rama autónoma del arte. “Para mí la canción debería ser una rama del arte en sí misma porque el arte de hacer una canción es un arte en sí mismo. Lennon no fue uno de los más grandes músicos, fue uno de los grandes cancionistas del siglo 20. Su arte fue la canción”, sostiene.

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Es que para Zima el valor de un cancionista no reside en su virtuosismo instrumental o literario por separado, sino en la alquimia entre ambos: “Spinetta, por ejemplo, es mucho más músico que Sabina pero, ¿es mucho mejor cancionista? Yo creo que no. Son muy buenos los dos, con condiciones y condimentos distintos”.

Cine, exilio y la circularidad política

Su experiencia en Inglaterra durante los años 90 marcó su visión sobre la producción cultural. Tras cinco años en Londres, decidió regresar ante la imposibilidad de filmar historias propias sin caer en el cliché del “sudamericano exótico”. 

“Los problemas existenciales son problemas europeos, nosotros tenemos otros problemas, los carnales, los domésticos. Ellos lo ven un poco así y a mí me jode eso”, recuerda sobre su negativa a aceptar el estereotipo del cineasta de la miseria.

Así, de vuelta en Argentina, su cámara se enfocó en la realidad nacional. Actualmente tiene terminado el documental “Aquellos días que también son estos”, un registro que comenzó en 2019 captando la sensación de calle previa a la asunción de Alberto Fernández y que, tras el tamiz de la pandemia y el triunfo de Javier Milei, adquirió una nueva dimensión. “He vuelto a ver esa historia a la luz de todo lo que pasó y capaz que el paso del tiempo le ha dado un tinte más interesante”, dice.

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En paralelo, desarrolla su próxima ficción, “Perder la vertical”, que quiere rodar íntegramente en Córdoba (con locaciones en Villa Rivera Indarte).

La película cuenta con el interés de Fernán Mirás y Julieta Díaz y narra la historia de un hombre que queda atrapado en una barranca en su propio jardín durante dos días. “Mi sensación es que ese tropiezo es lo que por ahí te puede salvar. El ver tu rajadura, el ver la parte en que estás quebrado, es una posibilidad de redención”, reflexiona.

El náufrago de la pandemia

"Restos Diurnos", el libro que en mayo llegará a la librería Cúspide, nació sin la intención de ser publicado sino más bien como una bitácora de necesidad absoluta ante el aislamiento. “Me sentía como un náufrago o alguien que está en un barco, medio a la deriva y no sabe si va a llegar a puerto, pero en el medio quiere dejar algún testimonio".

Esa falta de pretensión literaria inicial es lo que, según el autor, permitió una honestidad brutal en los textos. “Las anotaba sin ninguna represión, porque si las hubiera pensado seguramente hubiera tratado de embellecerlas o habría dicho 'esto es demasiado personal'. Fue una forma de documentar fotografías interiores de lo que me iba pasando”, concluye.