La resolución judicial dejó una discusión abierta sobre los límites de una consulta médica y la responsabilidad de los profesionales frente a sus pacientes. Una médica de 25 años denunció a un ginecólogo de Córdoba después de una consulta vinculada con un tratamiento de criopreservación de óvulos.

Según su relato, durante el estudio habría sufrido tocamientos que consideró innecesarios, recibió comentarios de carácter sexual y advirtió que el profesional llevaba puestos unos anteojos inteligentes capaces de filmar. El caso fue encuadrado por la Justicia como una contravención, no como un delito. El juez de control interviniente dispuso una multa de $900.000 y la obligación de realizar un curso de violencia de género . Sin embargo, el abogado de la denunciante, Gustavo Anna, considera que la conducta debe investigarse como un abuso sexual simple y cuestiona que no se haya tenido en cuenta la situación de vulnerabilidad de la paciente.

Entrevistado en Punto a Punto Radio, el letrado explicó cómo fue la consulta, qué elementos reunió la investigación y por qué la representación de la víctima sostiene que la respuesta judicial fue insuficiente. También confirmó que el profesional continúa ejerciendo y que esperan conocer los fundamentos completos del fallo para definir los próximos pasos.

—¿Qué pasó en esa consulta que derivó en la denuncia?
 
—Mi clienta es una profesional, también médica, que concurrió a un centro especializado en la criopreservación de óvulos para realizar una consulta. Fue atendida por un médico de bastante renombre en Córdoba. No puedo mencionar su nombre para evitar volver a revictimizar a la víctima y que se conozca su identidad. En esa oportunidad, el profesional tenía puestos unos anteojos que para ella parecían normales, pero después descubrió que eran unos Ray-Ban Meta, que permiten filmar mientras uno aparenta simplemente llevar los lentes puestos. El médico le indicó que necesitaba una serie de estudios para avanzar con el tratamiento. Al terminar la consulta, le pidió que esperara en la sala mientras la secretaria preparaba las órdenes. El trato, según relató mi clienta, era de “nena” o “nenita”, pese a que se trata de una profesional de 25 años. No es la manera adecuada de dirigirse a una paciente, y mucho menos a una colega. Uno de los estudios indicados era una ecografía endovaginal. Mientras esperaba, el médico se acercó y le dijo que fuera con él para realizarla. Ella le respondió que no tenía autorización ni dinero para pagar el estudio en ese momento, pero él insistió y le dijo que se lo iba a hacer de todas maneras. La hizo pasar al consultorio, le pidió que se quitara la ropa de la cintura para abajo, le entregó una bata y la ubicó en la camilla en posición ginecológica. Durante el procedimiento, mi clienta manifestó que sintió roces y tocamientos que no consideró propios del estudio, en los muslos y en otras partes íntimas. Se puso muy nerviosa y no podía creer lo que estaba viviendo. Al finalizar, antes de retirar el instrumental utilizado para el estudio, el médico le hizo comentarios como que tenía “los ovarios de una pendeja”. Fue un trato que ella describió como libidinoso y completamente fuera de lugar para una relación médico-paciente, y más aún entre colegas.

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—¿En qué momento advierte que los anteojos podían estar filmando?
 
—Después del estudio se dio cuenta de que los anteojos que llevaba el médico eran de ese tipo, los Ray-Ban Meta. Le agarró una desesperación impresionante porque empezó a preguntarse qué podía hacer ese hombre con esas imágenes. Ella nunca había autorizado que se filmara su estudio. Los anteojos tienen un sensor que permite iniciar la grabación con solo tocar una parte del lente. Pueden encender una luz en la parte delantera para indicar que están filmando, pero esa señal también se puede desactivar. Mi clienta consultó con otras colegas que trabajan en esa especialidad y le dijeron que los roces que había experimentado no eran necesarios para realizar el estudio y que tampoco lo era la utilización de esos anteojos. Por eso se acercó a nuestro estudio para avanzar con una denuncia contra el médico.

—¿Qué encontraron durante la investigación?
 
—La investigación que llevó adelante la ayudante fiscal contravencional fue muy laxa y superficial. Desde el principio consideraron que no había un delito, sino una contravención. Nosotros nos opusimos a ese encuadre, pero se confirmó que debía tramitarse de esa manera. Después de realizar la investigación, la fiscalía decidió no acusar porque entendía que no existía delito. Apelamos y fuimos ante el juez de control. El magistrado consideró que había existido una contravención y le aplicó al profesional una multa de 900.000 pesos, además de la obligación de realizar un curso de violencia de género. La sentencia también contiene consideraciones sobre el trato hacia las mujeres y las pacientes, a partir de lo que se pudo probar en el expediente.

—¿La situación de vulnerabilidad de la paciente tampoco fue tenida en cuenta? ¿Y el hecho de que ella, por ser médica, podía distinguir qué maniobras correspondían a un examen ginecológico?
 
—Indudablemente, por parte de la Justicia eso no fue tomado en cuenta.

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—¿Por qué considera que se configura el abuso sexual simple?
 
—Para mí, el abuso sexual se configura con los tocamientos que hubo. El propio imputado los reconoce en un descargo que presentó por escrito, con patrocinio letrado. Allí dice que, si existió algún tocamiento, no fue intencional, sino que obedecía a la mecánica del movimiento de sus manos durante el estudio. Además, existen pautas de cuidado establecidas para la actividad ginecológica. Una de ellas es que haya una persona más presente cuando una mujer ingresa sola al consultorio. A esa figura se la conoce como chaperón. Este hombre, en cambio, actuó de una manera totalmente despreocupada y le dijo que pasara para hacerle él mismo el estudio. Me resulta vergonzosa la forma en que se manejó este médico con una colega. Y hay otra cuestión que nos preocupa: otras mujeres posiblemente ni siquiera sepan lo que ocurrió.

—¿De qué clínica estamos hablando?
 
—La clínica es Ovum. La sentencia ya es de público conocimiento, por eso puedo mencionar el establecimiento. Lo que no voy a decir es el nombre de la paciente. Ella tampoco quiere aportar más datos porque no queremos volver a exponerla ni revictimizarla.

—¿El médico continúa ejerciendo?
 
—Sigue ejerciendo sin ningún problema. No ha tenido inconvenientes con el Colegio Médico. Uno ve que se habla mucho de violencia de género en distintos ámbitos y que es importante proteger a las mujeres, pero después lee los motivos por los cuales la ayudante fiscal consideró que no había delito y realmente resulta llamativo.