A diez años de su muerte, tuvo lugar un homenaje global a Umberto Eco
El escritor y semiólogo italiano fallecido en 2016 había dado explícitas directivas para que no se le rindiera ningún tipo de homenaje hasta pasados diez años de su muerte. Esos diez años se cumplieron el 19 de febrero, y los distintos organismos culturales diseminados por el mundo, coordinados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional, lo recordaron y rindieron tributo con charlas, intervenciones y entrevistas.
El pasado jueves (un día global, veremos por qué), se realizó una Charla Mundial para homenajear al semiólogo, filósofo y escritor Umberto Eco. Ese día se cumplían diez años de su muerte, ocurrida en Milán. Había nacido en 1932 en Alessandria (Italia). Durante todo este tiempo se guardó silencio, pedido del filósofo a familiares y amigos, para que recién vencido el plazo se lo recordara. Y así ocurrió.
Al momento del deceso, las noticias evocaron sus palabras sobre un tema urticante como las redes sociales y la imposición de la comunicación virtual. Al recibir el diploma honoris causa en Comunicación y Cultura de los Medios de Comunicación de la Universidad de Turín, donde se graduó en Filosofía en 1954, dijo: “Las redes sociales les dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad (…) enseguida (a estos) los callaban, mientras que ahora tienen el mismo derecho de palabra de un premio Nobel”. “El drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”.
Justamente, el homenaje referido se emitió por YouTube como maratón digital, transmisión en directo organizada por la Fundación Umberto Eco y la Fundación Bottega Finzioni ETS. Se inició a las 12 del mediodía del 18 de febrero (hora italiana), medianoche cuando el 19 de febrero comenzó por primera vez en el planeta, en el archipiélago de Kiribati y las Islas Fiyi, más precisamente en la isla de Taveuni, atravesada por el meridiano 180, lugar donde Umberto Eco trabajó en su novela L’isola del giorno prima (traducida a nuestra lengua como La isla del día de antes, y no como La isla del día anterior), publicada en 1994, donde la línea de cambio de fecha permite “viajar en el tiempo” entre el ayer y el hoy.
Tras dar la vuelta al mundo, desplazándose de Este a Oeste, cruzando todos los husos horarios, el homenaje concluyó a las 12 del mediodía de este 19 de febrero. El coro de invitados a esta charla en un día global incluyó a intelectuales de universidades asiáticas, europeas, norteamericanas, abarcando el pensamiento en todos los idiomas. Participaron traductores, editores y narradores, como Eshkol Nevo; periodistas internacionales, como el iraní Maziar Bahari, encarcelado y torturado en 2009 y liberado gracias en parte a la labor de Umberto Eco; artistas y caricaturistas como Milo Manara e Igort; académicos del Lincei como Carlo Ossola y Lina Bolzoni; miembros de la Academia Francesa como Pierre Rosenberg; y la Directora General de la Unesco (2009-2017), Irina Bokova.
Hubo un capítulo musical con la participación de Gianni Coscia y Francesco Filidei, así como de Paolo Fresu (a la trompeta, el instrumento favorito de Eco) y Gianluigi Trovesi. También participó la red de Institutos Italianos de Cultura, coordinada por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional. También participaron: Roberto Saviano, Beppe Severgnini, Michele Serra, Elisabetta Sgarbi, Mario Andreose, Luciano Canfora, Gherardo Colombo, Ferruccio De Bortoli, Aldo Grasso, Danco Singer, Alberto Manguel, la Fundación Schultz y Cristina Berio, Maria Chiara Prodi, Baka Books Fiyi, junto a estudiantes, académicos y lectores.
Justamente, un video realizado por el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires, a instancias de su directora, Livia Raponi, brinda homenaje a Eco con una entrevista informal realizada por Guillermo Piro en la confitería La Ideal de Buenos Aires –la preferida del semiólogo italiano, quien visitó el país en tres oportunidades– al semiólogo y arquitecto Claudio Gerri y al semiólogo José Luis Fernández. El primero recuerda la primera visita de Eco en 1970, invitado por la profesora cordobesa Marina Waisman. Y ambos coinciden en su relevancia intelectual.
Para Fernández, el libro clave de su obra es Apocalípticos e integrados, donde “la visión macro y micro conviven, a la vez que articulan, conceptos como la cultura de masas con detalles mínimos que resultan admirables; por ejemplo, en primer lugar, la defensa que hace de la canción popular contra las tendencias a tratarla como cultura de baja calidad; segundo, las reflexiones sobre la toma directa televisiva, lo que la diferencia del cine, ‘vivo’ al que trabaja de manera productiva”.
Ambos semiólogos también coinciden en que era un arqueólogo de la cultura, así como un hombre popular, de los que hoy faltan “para reflexionar sobre lo que pasa en los barrios y en las pequeñas plataformas –despreciadas– de la vida mediática”. Para Guerri, El nombre de la rosa (1980) resultó una novela reveladora, que incentivó la voluntad de conocimiento. Justamente, fue el éxito de ventas de la novela y de la adaptación cinematográfica dirigida por Jean-Jacques Annaud (1986) lo que permitió a Eco dar rienda suelta a su pasión bibliófila.
Así construyó la Bibliotheca semiologica curiosa lunatica magica et pneumatica, con 1.328 volúmenes, incluyendo 36 incunables; colección dedicada al conocimiento oculto y al falso conocimiento. Esta incluye títulos como la Hypnerotomachia Poliphili (1499) y el De Civitate Dei (1470), así como el Malleus maleficarum (1492). Otros volúmenes son: el Corpus Hermeticum de Hermes Trimegisto, el De umbris idearum de Giordano Bruno (1582); obras de los primeros rosacruces, del alquimista Michael Maier, del filósofo naturalista Robert Fludd y del erudito Athanasius Kircher. Mientras su biblioteca de trabajo comprende 44 mil volúmenes, 33 mil en su estudio de Milán y 11 mil en la residencia familiar de Monte Cerignone.
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