Clásicos de siempre

Andrés Calamaro en el Movistar Arena: el cantor que prefiere no saltar

El músico inauguró su primera fecha de cuatro en Buenos Aires con la gira “Calamaro como cantor”, entre hits, homenajes y una puesta cargada de referencias visuales.

Andrés Calamaro en el Movistar Arena Foto: CZ Comunicación

Andrés Calamaro regresó a los escenarios de Buenos Aires para inaugurar la serie de cuatro conciertos programados en el Movistar Arena, en el marco del estreno local de su gira "Calamaro como cantor". 

Vestido de negro, al igual que los siete integrantes de su banda, mate en mano y con una correa de guitarra intervenida con la bandera de Paraguay, "El Salmón" hizo honor al título de la gira con un show despojado de arengas y concentrado en sus canciones. Durante más de dos horas, desplegó un repertorio de más de 20 temas que recorrieron tres décadas de producción musical, entre clásicos de su carrera solista y escalas inevitables en Los Abuelos de la Nada y Los Rodríguez.

El show contó con una base instrumental sólida que alternó momentos acústicos, pasajes rockeros y arreglos de vientos. El inicio estuvo marcado por composiciones de Los Rodríguez como “Todavía una canción de amor”, y “A los ojos”, con “Mi gin tonic” como nexo entre ambas.

Secundado por el contrabajo de Mariano Domínguez, la batería de Andrés Litwin y Germán Wiedemer en teclados, el cantante fue acompañado por una sublime sección de vientos en “Carnaval de Brasil”. La base musical del show pasó también por las guitarras de Julián Kanevsky y Brian Figueroa, que junto al propio Calamaro sostuvieron buena parte del recital. A ellos se sumaron Pablo Fortuna en saxo y Andrés Ollari en trompeta, responsables de darle clima a varias de las canciones.

“Cuando no estás, Santiago”, dijo Andrés Calamaro antes de compartir escenario con Santiago Motorizado

El repertorio avanzó entre clásicos: “Pasemos a otro tema”, “Señal que te he perdido”, “Alta suciedad” y “Output-Input”. También reaparecieron “Las tres Marías” y “Mil horas”, celebradas por el público apenas comenzaron los primeros acordes.

Uno de los momentos más particulares y coreados de la noche llegó con “Costumbres argentinas”, acompañada en las pantallas por las secuencias de Diego Maradona en el Mundial de México 86.

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Ante el estímulo de las imágenes, el público del estadio comenzó el tradicional cántico “el que no salta es un inglés”. Calamaro tomó el micrófono e interrumpió: “El que no salta es un bohemio, porque uno no exterioriza lo que siente y me parece que es mejor así”.

El comentario sirvió como introducción a “Bohemio”, luego interpretó “Garúa”, el tango de Troilo y Cadícamo, que la presentó como “una lluvia finita”.

La propuesta estética del concierto se basó en un juego constante de cámara proyectado sobre las pantallas gigantes, matizado con visuales de carreras de Fórmula 1, galgos, y escenas de Apocalypse Now durante “Crímenes perfectos”. 

La noche tuvo un único invitado: Santiago Motorizado, quien apareció en escena para “Cuando no estás”, antes de “Señal que te he perdido”, “Te quiero igual” y un fragmento de “No Woman, No Cry”.

Sobre el final, el show se entregó a clásicos coreados de punta a punta: “Sin documentos”, “Paloma”, “Flaca”, “El salmón”, “Mi enfermedad” y “Alta suciedad”.

El cierre llegó con “Los chicos”, el himno dedicado a los amigos que ya no están en este plano. Acompañado por un cambio en las imágenes de fondo: en lugar del habitual montaje con músicos y figuras del rock argentino, aparecieron recreaciones con inteligencia artificial de combatientes de Malvinas y las Madres de Plaza de Mayo, hasta desembocar finalmente en una imagen sonriente de Hebe de Bonafini.

“Muchas gracias Buenos Aires, estamos orgullosos y muy felices de estar aquí otra vez”, dijo cerca del final. Todavía tiene por delante otras tres fechas en Villa Crespo: este miércoles 27 de mayo y el 3 y 8 de junio.

 

ML