El fantasma presente
La estrella oscura que ensombrece y enciende esta obra –y no, además, en un sentido teológico o moralista– es el mal.
Desde 1872, año en que se publica El Gaucho Martín Fierro, la poesía política y social en Argentina se ha constituido, en cierto modo, en una tradición largamente cultivada a la sombra de regímenes opresivos –republicanos o autoritarios–, como si estos, en vez de reprimir la palabra por la fuerza, generaran lo contrario. La denuncia de la exclusión del gaucho y de la injusticia social realizada por José Hernández, que así procura reflejar la situación vernácula y las malas políticas de su época, por lo tanto (a pesar del canon de Lugones) significa algo más (mucho más) que la creación de la “epopeya” o el “poema nacional”. El hecho, histórico y algo escandaloso, es que, de allí en más, la poesía política y social, en la literatura argentina, no ha cesado de escribirse. En esa estirpe de poemas, con frecuencia no crasamente ideológicos o partidistas, se insertan los que César Bisso (1952) ha publicado bajo un título poco metafórico. En efecto, en ellos la vivencia política se susurra –se murmura– a través de tañidos, de un pulsar o rasguear cuerdas muy sutiles y tristes, hechas de desasosiego, desazón, pesadumbre, desconsuelo, y también de vehemencia, de súbitas iluminaciones, de árida esperanza.
La estrella oscura que ensombrece y enciende esta obra –y no, además, en un sentido teológico o moralista– es el mal. Dicho de otra manera, la experiencia de una fuerza maligna, asesina y siniestra, que vuelve espectrales a los ríos, vulnera los tímpanos, desquicia el tiempo, despelleja el alma, desorienta a las brújulas, apaga el cielo, deshilacha los bosques y seca las ramas, hace polvo los libros, anula la verdad. Esta, por otro lado, Bisso (quien no se detiene en las imágenes) la dice en tono alto (“Bajo luces del cinismo,/ políticos/ economistas/ adivinos,/ insisten en arrastrarnos/ al sombrío atajo de la obediencia”), o más o menos rectamente (“Nombro pesares cotidianos:/ hambre/ miseria/ conformismo/ hipocresía/ miedo/ humillación/ Funestos heraldos/ glorifican atributos del reino/ y la pesadumbre golpea el muro/ con pujanza de ola”), como si –aun ante ese aluvión de pasiones tristes– quedara el poder de la palabra, intacto, desafiante. La poesía política, en conclusión, se asume desde los afectos del yo lírico, de los estados de ánimo (y de desanimo) provocados por un mal que no osa revelar su nombre.
Con todo, si bien Bisso es sociólogo, el poeta se las arregla para encontrar belleza –más: consuelo del “feroz apetito de los mercaderes”–, en los zorzales del alba, los atardeceres, el colibrí que toca los pétalos de la rosa, la sinfonía del hornero, el rumor del follaje, los ligeros resplandores. No obstante, la sombra del mal (o él mismo en persona) nunca desparece sino –proteo insidioso– se metamorfosea en incertidumbre, ansiedad, pájaros solitarios, cielo de púas, llantos de bebé, espantos inexplicables, acertijos, lobos famélicos. Por eso, en su conjunto, el libro relata o describe, con una musicalidad susurrante, un yo lírico asediado por un fantasma siempre presente: el mal.
El susurro que tañe
Autor: César Bisso
Género: poesía
Otras obras del autor: Coronda; De abajo mira el cielo; Isla adentro; Andares; El otro río; Permanencia; Ciertos ayeres
Editorial: Cartografías-Ediciones La Yunta, $ 15.000
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