crítica

El sur ominoso y profundo

Las historias personales dejan entrever el costado más sombrío de la sociedad norteamericana, a través de una narración sutil, por momentos llena de ironía y de fina mordacidad.

Foto: cedoc

A la hora de hablar de las grandes escritoras sureñas norteamericanas, Katherine Anne Porter (1890-1980) resulta insoslayable, así como también Flannery O’ Connor y Carson Mc Cullers. Pálido caballo, pálido jinete se publicó originalmente en 1939, cuando Porter tenía 49 años, y se reedita ahora por la editorial Palmeras Salvajes.

El volumen consta de tres novelas cortas que conforman un tríptico singular. En la primera, Las muertes pasadas, la narración se centra en Miranda, una joven de familia sureña aristocrática, quien asiste con la fascinación y el desparpajo de su juventud a la idealización del pasado por parte de sus ancestros. Su tía Amy es el centro de múltiples historias e imaginarios que la rondan, y es a la vez un personaje que funciona como posible modelo a seguir, ya que intenta impartirle a la muchacha ciertas enseñanzas: “La mente dura más que tantas otras cosas que quizás anheles; se la puede disfrutar cuando te han privado de todo lo demás”. En ese pasado de la familia se adivina un esplendor ya marchito (“Ahora que habían perdido su juventud, ¿qué sentido tenían sus vidas?”, se pregunta un narrador que se funde con los personajes por medio del discurso indirecto libre), una época dorada que tal vez lo fue, o que tal vez no haya sido más que una ficción familiar hecha de relatos melodramáticos cautivantes.

En tanto, Vino al mediodía se sitúa en una granja sureña en donde su dueño, un hombre llamado Royal Earle Thompson, recibe un día la misteriosa visita de un campesino sueco, Olaf Helton, quien dice poco y nada, pero trabaja de sol a sol. En esa rutina lacónica pasan los años, hasta que llega un hombre, Homer T. Hatch, quien dice estar buscando a Helton por motivos que no quiere confesar, pero que se presienten ominosos. La presencia del pasado se vuelve una carga para los personajes y siempre está latente en el relato, a punto de estallar. La apacible tranquilidad del campo se torna súbitamente violenta, y la percepción de la realidad se altera, como cuando el punto de vista se centra en la señora Thompson: “La vida era un espanto continuo, las caras de sus vecinos, de sus hijos, de su marido, la cara del mundo entero, la silueta de su propia casa en la oscuridad, el aroma mismo del pasto y de los árboles le parecían horribles”.

La tercera historia, Pálido caballo, pálido jinete, regresa a la vida de Miranda (la protagonista del primer relato), y se sitúa en 1918, durante la pandemia de gripe española. La autora cuenta la enfermedad de la muchacha (que fue también la de ella, ese mismo año) y su relación trunca con Adam, un joven que se apresta a ir al frente a combatir (“Por un segundo vio a Adam de viejo, el rostro del hombre que no llegaría a ser”). Se trata de un libro extraordinario, en el que las historias personales dejan entrever el costado más sombrío de la sociedad norteamericana, a través de una narración sutil, por momentos llena de ironía y de fina mordacidad.

 

Pálido caballo, pálido jinete

Autora: Katherine Anne Porter

Género: novela

Otra obra del autor: La torre inclinada y otras historias; El antiguo orden: historias del Sur; La nave de los locos 

Editorial: Palmeras Salvajes, $ 32.000

Traducción: Matías Battistón